28 junio 2022

Un libro que es todos los libros

 




‘Un libro que es todos los libros.’ Así titula Eduardo Lago una de las secciones de su introducción a Todos somos Leopold Bloom. Razones para (no) leer el Ulises, que publica Galaxia Gutenberg.

Una guía de lectura del Ulises, un manual de instrucciones para entender ese impresionante artefacto literario, una carta de navegación para adentrarse en el mar proceloso de la novela de Joyce… Todo eso y algo más es este ensayo diseñado por la mano de Eduardo Lago, que a su condición de crítico experto en literatura inglesa y norteamericana une la de novelista.

La estructura del libro reproduce en sus tres partes (‘Telemaquiada’, ‘Andanzas de Odiseo’, ‘Nostos o El regreso de Ítaca’) y en sus dieciocho capítulos el esquema que el propio Joyce dejó trazado en los esquemas Linati y Gilbert-Gorman acerca de la hora, el lugar, el órgano, el arte o disciplina, el color, el símbolo, la técnica y las correspondencias de cada uno de los dieciocho capítulos de la novela.

Así lo explica Eduardo Lago en la nota previa: “En cuanto al esquema que aparece al principio de cada capítulo, indicando su configuración interna, es una síntesis simplificada de dos mapas de la novela elaborados por Joyce, conocidos respectivamente como esquema Linati y esquema Gilbert-Gorman (nombres de los especialistas, críticos o traductores a los que iban dirigidos). Joyce los tuvo presentes al escribir la novela, lo cual les confiere un considerable valor simbólico, además de que pueden proporcionar un punto de apoyo a la lectura. Por lo que se refiere a los títulos homéricos de los capítulos, aunque técnicamente no son parte de la novela, en realidad forman parte de su fondo psicológico y su armazón conceptual. Son muy pocas las ediciones que prescinden de ellos.”

Porque Joyce diseñó estructuralmente la novela como una parodia de la Odisea, siguiendo minuciosamente los episodios homéricos en relación con los vagabundeos de Stephen Dedalus y Leopold Bloom entre las ocho de la mañana y las dos de la madrugada del 16 de junio de 1904 -el Bloomsday-, desde la Torre Martello al número 7 de Eccles Street, donde una Molly Bloom desvelada deja discurrir en libertad el asombroso y potente monólogo que cierra el libro.

Eduardo Lago, que conoce los itinerarios laberínticos del Ulises por haberlos transitado reiteradamente desde hace medio siglo, los comparte con la aportación de las claves narrativas de una una obra monumental que entre la escena inicial en la torre y el desbordante monólogo final de Molly Bloom (cincuenta páginas de un torrente de conciencia sin signos de puntuación) incorpora la tradición clásica y la popular y las funde metabolizadas en multitud de citas y guiños literarios y explora la complicada realidad histórica, cultural y social de Irlanda, la religión y la literatura inglesa, la crítica sobre Shakespeare, la música y la mitología, la astronomía y las flores, la cartomancia y la astrología en un portentoso edificio literario de una altura pocas veces lograda en la historia de la literatura.

Y escribe en su espléndida introducción ‘El manto de Penélope’, que entre otros materiales contiene una evocación de la figura de Joyce:

 Hay libros en los que cabe la totalidad de la experiencia humana, libros cuya lectura nos explica lo que somos, libros en los que caben todos los libros, el resto de los libros, los que están ya escritos y los que están por escribir, libros que cuando se cruzan en nuestro camino cambian el curso de nuestra vida. […] 
Joyce plantea a quien se acerca a su libro un desafío que entraña un altísimo nivel de exigencia ética y estética. Hay muchas formas de relacionarse con él. El Ulises pertenece a una singular categoría: la de los libros que expulsan al lector de sus dominios, que incluso no permiten su entrada, debido a su dificultad.[…]
Al escribir este prólogo me pregunto cuál será la relación de quien lo esté leyendo con la novela de Joyce. Doy por hecho que una gran mayoría está convencida de que el Ulises es una obra maestra de la literatura universal, un libro sin cuya lectura nuestra formación literaria es incompleta. Otros, quizá también bastante numerosos, en algún momento habrán empezado a leer el libro con la mejor de las intenciones, viéndose obligados a desistir del empeño, dejándolo para mejor ocasión, aunque probablemente esta no llegará jamás. Me consta, por fin, que hay mucha gente que ha leído y disfrutado el libro sin mayor razón que haberse cruzado por casualidad con él. Es lo que me ocurrió a mí cuando tenía diecisiete años.



27 junio 2022

Clara Janés en Letras Hispánicas


 Los siete primeros fotomontajes de la serie de poemas visuales que Clara Janés tituló Resonancias se expusieron en la bienal Interolerti’99 y se publicaron posteriormente en la revista El pífano, suplemento de Ala de mosca (Mérida, verano/otoño de 2000). En versión ampliada con textos, esos fotomontajes monocromáticos se reeditaron por Segundo Santos en Cuenca en 2013, en una segunda edición artesanal y limitada de trescientos ejemplares firmados por la autora con prólogo de Jenaro Talens.  

Y Resonancias es también el título elegido para la antología poética de Clara Janés que ha preparado Jenaro Talens para Cátedra Letras Hispánicas en un amplio volumen que recoge muestras de su poesía desde 1964 hasta 2022, entre Las estrellas vencidas y Kráter o la búsqueda del amado en el más allá.

Casi seis décadas de escritura en la que el editor destaca cuatro ejes: la influencia de la mística, el predominio de lo sensorial frente a lo conceptual, la impronta de lo musical y la presencia de lo científico, especialmente de la física y las matemáticas.

Emparentada con la razón poética de María Zambrano, la de Clara Janés es una poesía de la búsqueda, un viaje al infinito y al no ser, una inmersión en el no saber sabiendo sanjuanista, una forma de conocimiento que a través de la conjunción de música y palabra enlaza con el impulso creador de Orfeo. 

Palabra interior que se proyecta en una poesía que busca la transcendencia y la revelación en lo oscuro, la construcción de lo que Jaime Siles definió en otra espléndida antología (Movimientos insomnes. Galaxia Gutenberg, 2015) como “un puente hacia el absoluto que pone en comunicación el cosmos con el yo.”

Palabra que levanta el vuelo hacia un más allá invisible e intuido, hacia la transparencia y lo inefable, hacia una belleza que, desde lo inaccesible del misterio, nos sostiene todavía. Palabra que convoca lo oculto y se yergue como testigo, como en este ‘Anhelo de voz’, de su penúltimo libro, De esferas y trayectos (2022):

Alcanzar la palabra transparente, 
la que no indica agua 
ni cristal ni aire, 
la que no dice ni siquiera aurora, 
la que está más acá, 
a la orilla del ser 
y solo es breve espacio 
que permite 
la manifestación de lo innombrable.




26 junio 2022

Un hombre que no conoce Nueva York




TEMBLOR

 No busco tener una lengua propia 
sino el balbuceo callado del arroyo 
el lamento del aire por las grutas de Duino 
o el eco de un oboe donde muere la noche.

Que en mi verso resuene el temblor de un naranjo 
al nevar en la acera, la llovizna en la tumba 
                             donde se hizo mármol 
                             mi padre 
o el clamor olvidado de las lágrimas.

Quizás el susurro de Yepes. ¿No oyes 
las ondas del guijarro en la fuente de plata? 
¿La brisa en la cabeza desnuda de Li Po 
o el pájaro en la jaula de Pizarnik?

No busco una lengua propia, busco el vacío en el cántaro 
y el eco de Valente, el agua estremecida por el Tíbet 
o el silencio 

en la piedra.

Busco un temblor de alegría en mis manos 
el temblor 
y la voz de los cerezos.

Temblor. Quizá ninguna palabra mejor que la que da título a ese poema para resumir la tonalidad emocional y el universo poético de Un hombre que no conoce Nueva York, el libro con el que Gregorio Dávila obtuvo el VIII premio de poesía Juana Castro que publica Renacimiento

Experiencia y paisaje, memoria y lectura, literatura y naturaleza, tiempo e identidad son algunos de los elementos con los que se teje el material poético de este libro en el que la vida y la palabra son claves creativas sustanciales, entre la elegía y la oda, entre la mirada conmovida al pasado y la fuerza arrolladora del presente de esta época de pandemia, cuando 

El ocaso es una luz de ambulancia 
la mirada de centeno en el mirlo 
la forma de amar de los crisantemos.

Desde la evocación inicial de Lorca y Hierro en Nueva York, al fondo de estas páginas suenan las voces de la mejor tradición poética a la que se remite Gregorio Dávila: de Rilke a Vallejo, de Juan Ramón a Gamoneda, de Neruda a Valente, de San Juan de la Cruz  a Luis Rosales, un coro de voces que sirven de contrapunto a este poemario, “un espacio de redención” “en donde sucede lo bello y lo terrible”, como subraya Sara Castelar en su prólogo.

25 junio 2022

Dionisio López. Los nombres de la nieve






El rostro de mi hijo ya es un campo de arena y ceniza 
como el de mis abuelos y mis antepasados.

Sus manos vírgenes, que no tocaron 
la piel de sus padres, ni el agua, ni el calor, 
son ahora tierra y nada.

Así comienza uno de los estremecedores poemas de Los nombres de la nieve, el primer y maduro libro de Dionisio López (Cáceres, 1978).

Hermano en verso de Mortal y rosa, con el que comparte la misma orfandad inversa, sus textos turbadores y admirablemente contenidos -a veces torrenciales y salmódicos, a veces recortados al borde del silencio, alejados siempre del patetismo-, son las huellas conmovedoras de un dolor irreparable, las cicatrices persistentes de una catástrofe personal ante la que la palabra adquiere toda su potencia emocional y sanadora en busca de “la luz que nace del dolor” desde la experiencia de límites de la muerte del hijo, la dolorosa circunstancia de la que surge el impulso seminal de este intenso Los nombres de la nieve:

nadie dice su nombre
nadie pregunta por él
no hay voz en el mundo
la música y el llanto el estruendo y la brisa
se callaron junto a la carne violeta
quisiera conocer el olor de tu carne
escuchar las ocho letras de tu nombre
pero solo veo ese muro blanco
y el silencio
que carcome las esquinas de los jónicos granitos
que se clava como esqueleto en la desértica rosa de esta noche
que me mira en cada sombra que me mira
todo este silencio que pinta el sueño en polvo
este mundo insípido sin olor ni luz
este eco roto

Eficazmente modulados en tres partes -‘Blanco’, ‘Silencio’ y ‘Azul’-, sus poemas queman con la verdad directa con que quema la nieve, con la misma sorpresa hiriente de quien toca por primera vez su frío luminoso, con la misma verdad que sostiene la intensidad de versos como estos:

El silencio siempre estuvo aquí, 
como la nieve.

Me miró una mañana blanca 
y supe 
del oquedal de mi vida. 

Ahora entono esta oración desde mis huesos, 
este salmo, 
esta rabia.

Esta luz.

24 junio 2022

Ory. Aerolitos completos

 



La joven y rigurosa editorial gaditana Firmamento reúne en Aerolitos completos la totalidad de los aforismos que Carlos Edmundo de Ory bautizó con el nombre de aerolitos, un corpus de casi dos mil quinientos textos que Ory escribió desde los años cincuenta hasta su muerte en 2010. 

Así explicaba el propio autor el árbol genealógico del que se sentía heredero, el linaje del que forman parte sus aforismos:
              
Nietzsche los llama: sentencias y dardos. 
Novalis los llama: polen. 
Baudelaire los llama: cohetes.
Joubert: pensamientos, Cioran: pensamientos estrangulados, y Andrei Siniaski: pensamientos repentinos.
Rozanov: hojas caídas, y René Char: hojas de Hypnos.
Malcolm de Chazal: sentido-plástico, y Louis Scutenaire: inscripciones.
Antonio Porchia los llama voces, y yo aerolitos.
  
Una décima parte de estos aerolitos, algo más de doscientos cincuenta, permanecían inéditos, por lo que esta edición establece el corpus definitivo de los aforismos de Ory y “la recuperación de una nutrida serie de inéditos incluidos en la sección final de este volumen”, como explican las editoras Carmen Sánchez y Laure Lachéroy en la nota previa.

‘Alado Carlos Edmundo’ titula Ignacio F. Garmendia el prólogo, donde afirma que “en su peculiar manera de entender el aforismo, más incluso que en los versos o en los relatos, reside el secreto o la quintaesencia del mundo de Ory, esa rara y originalísima combinación de pensamiento, poesía, mística y humor que asociamos al autor gaditano.”

Y en efecto los aerolitos son los textos más característicos y originales de la obra de Ory: chispazos verbales, relámpagos y ocurrencias escritos desde el asombro y la inocencia de una mirada inaugural (“soy un sabelonada”) o desde el desengaño que no se permite el patetismo, pero siempre desde una voluntad creativa que busca la iluminación o la revelación: “Mi oficio es encender llamas”, escribe en uno de ellos. 

Beligerantes o celebratorios, en los aerolitos conviven la risa y el llanto (“Mis muletas: el espanto y el humor”), el fulgor y la noche, el juego y el fuego, lo admirable y lo preocupante.

Entre la revelación verbal y el aullido desolado del lobo en la noche, entre el calambur y la metáfora, los aerolitos son fuegos de palabras de quien, mano a mano con la nada, es testigo de “la dolorosa felicidad del hombre”, de quien hizo del desierto su patria, hablaba de usted a los árboles y pobló con la duda su única certeza. Estos tres ejemplos reflejan esa actitud:

Sin previo silencio las palabras no suenan.
Bajo las estrellas brutales duerme el hombre.
Lo que no vemos: el viento, el silencio, el pensamiento.

Porque Ory se veía a sí mismo como “un limpiabotas del verbo” y veía el mundo como “una fábrica de lágrimas”, pero sabía también que “un poema es la autobiografía del sueño” y que “la poesía es un vómito de piedras preciosas.”
    
              
    


23 junio 2022

Estrella de Diego. El Prado inadvertido


 

22 junio 2022

Mozart según Stendhal





 “Fue Stendhal, además de novelista, observador profundo y psicólogo penetrante […] Reúne, pues, todas las cualidades necesarias para escribir una buena biografía; y, en efecto, su Vida de Mozart es un estudio muy agudo, amenizado con numerosas anécdotas y escrito con innegable simpatía, sobre uno de los hombres más extraordinarios que han existido”, escribe José María Borrás en el Prefacio de la Vida de Mozart que publica Renacimiento con traducciones del propio Borrás y de Consuelo Berges.

Lo precede un prólogo -‘Stendhal, el dilettante como biógrafo’- en el que Juan Lamillar recuerda la peculiar historia editorial de esta biografía, sobre la que añade: “La que trazó Sthendal con datos ajenos y expresión propia dibuja el primer retrato romántico de Mozart, pues subraya continuamente la individualidad del genio.” 

La publicó en 1814 en un volumen que incorporaba también las biografías de Haydn y de Metastasio. En una carta fechada en Venecia el 21 de julio de 1814 Stendhal reconoce que su biografía no es original, sino traducción de la necrológica de Mozart que publicó Friedrich von Schlichtegroll veinte años antes, aunque Stendhal le aporta una admirable claridad de estilo a la que se había referido en el prólogo de la edición de las Vidas de Haydn, Mozart y Metastasio del que formaba parte: “Creo -afirmaba allí- que la primera ley que el siglo XIX impone a los que se dedican a escribir es la claridad.”

“La primera parte de la vida de Mozart es, en verdad, extraordinaria y sus detalles interesan tanto al filósofo como al artista”, escribe Stendhal, que, como su fuente, se detiene en la narración detallada de la infancia asombrosa del genio que a los cinco años no sólo manifestaba una portentosa facilidad para la interpretación de diversos instrumentos y para el canto, sino una milagrosa capacidad creativa que le permitía componer un concierto para clavicordio dificilísimo de ejecutar.

Muy pronto empezaron los viajes por diversas ciudades europeas para dar conciertos en compañía de su hermana, lo que compatibilizaba con la composición de nuevas piezas, como las seis sonatas que escribió en Inglaterra cuando tenía ocho años. 

Y “aunque todos los días -añade Stendhal- el niño tenía ocasión de observar nuevas pruebas del asombro y la admiración que inspiraba su talento, no por eso se volvió orgulloso: era un hombre por sus facultades, pero en todo lo demás era un niño dócil y obediente.”

París, Londres, Múnich, Bruselas, Viena, Milán, Florencia, Salzburgo, Venecia, Nápoles o Roma fueron los escenarios de aquellas demostraciones que evoca Stendhal en unas páginas entre las que sobresale la magnífica narración del episodio del Miserere de Allegri memorizado por Mozart en la Capilla Sixtina.

La juventud, los malos recuerdos de París, que “se le hizo insoportable” entre otras cosas porque allí murió su madre; su vida “infortunada y dichosa” con Constanza Weber, su salud delicada, sus manías, su afición al billar, su torpeza en la mesa, su infantilismo juguetón, su transformación en un ser superior cuando dirigía o interpretaba, su cortesía y su generosidad, el desorden doméstico y económico, los arrebatos de la inspiración y su capacidad de trabajo se resumen en estas páginas a través del relato de una serie de anécdotas reveladores del carácter y el talento de Mozart. Anécdotas como esta:

Podía distinguir  y señalar las más ligeras diferencias de sonido, y toda nota falsa y aun destemplada, no suavizada con algún acorde, era para él una tortura. Por tal motivo, durante su primera infancia, y acaso hasta los diez años años, tuvo un horror insuperable por la trompeta, cuando no se la empleaba como simple acompañamiento. Sólo la vista de tal instrumento le producía una impresión parecida a la que una pistola cargada les causa a algunos, cuando se les apunta en broma con ella. Su padre creyó que podría curarle de ese miedo haciendo tocar una  trompeta en su presencia, a pesar de las súplicas del niño para que se le evitara semejante tormento; pero al primer trompetazo se puso pálido y se cayó al suelo, y probablemente hubiera tenido convulsiones de no haber cesado inmediatamente el ruido.

Entre las obras de un músico “verdaderamente grande en todo”, Stendhal destaca las dos obras preferidas por Mozart: La flauta mágica y el Requiem, “que consideraba como el monumento más duradero de su genio.”

Lo escribió por encargo de un personaje misterioso e intuía que era también un réquiem para sí mismo: “Lo cierto -le dijo a Constanza- es que estoy escribiendo el Requiem para mí mismo; servirá para mis funerales.”

El relato de las circunstancias que rodearon su proceso febril de composición y sus últimos días de vida constituye sin duda el momento más intenso de esta Vida de Mozart, que se completa con la carta a un amigo en la que Stendhal hace un brillante análisis de Las bodas de Fígaro. Termina con este párrafo:

Mozart, considerado en el aspecto filosófico, es todavía más pasmoso que como autor de obras sublimes. Nunca el azar ha presentado más al desnudo, por decirlo así, el alma de un hombre de genio. El cuerpo entraba lo menos posible en este todo prodigioso que lleva por nombre Mozart y que los italianos llaman hoy ‘quel mostro d’ingegno’.




21 junio 2022

Manuel Longares. Las cuatro esquinas


 

20 junio 2022

Las Metamorfosis: Una pasión infinita






“Solo hay un libro antiguo capaz de rivalizar con la Odisea en poder de fascinación y fuerza narrativa: las Metamorfosis de Ovidio. Un libro concebido para retar al tiempo y vencerlo, porque se abre con el principio del mundo y se cierra con la metamorfosis final del autor –la glorificación– más allá de su vida y su época,” escribe Piero Boitani en el prólogo de Las Metamorfosis: Una pasión infinita, que publica El libro de bolsillo de Alianza Editorial con traducción de Pepa Linares.

Con las Metamorfosis, Ovidio escribió uno de los libros fundamentales de la historia, un clásico que alimentó a los clásicos posteriores y avivó la imaginación de los lectores a lo largo de los siglos. Es la savia inconsciente que nutre el árbol de la literatura, una Biblia pagana, un Génesis latino con diluvio universal incluido, una explicación del mundo y de lo humano que forma parte del sistema circulatorio de la tradición occidental. 

Cinco años de trabajo dedicó Ovidio a escribir los doce mil versos que organizó en quince libros articulados de manera coherente con episodios conectados entre sí. Estaba revisando y corrigiendo estos textos cuando Augusto lo desterró al Ponto, en las orillas del Mar Negro, en lo que hoy es Constanza en la actual Rumanía.

Un poema y un error, según el poeta, fueron la causa de aquel destierro de origen tan opaco como esas palabras. Ovidio creó una fecunda tradición cuando abordó doscientos ochenta mitos en las Metamorfosis, pero no partía de la nada, sino de un heterogéneo fondo tradicional sobre el que hizo un ejercicio de virtuosismo literario con esos materiales que acumulaban ya un recorrido de siglos.

“En este libro me gustaría expresar mi pasión por las Metamorfosis, subrayar en primer lugar la dimensión narrativa del poema, sus secuencias, sus desarrollos y su estructura; y al mismo tiempo, ante la imposibilidad de analizar la colección entera, rozar al menos los numerosos temas que la recorren: de la naturaleza al arte, del alma femenina a la violencia, de los raptos al amor conyugal, de los acontecimientos de Tebas a los de Troya y los de Roma.”

Organizados en torno a la transformación, la mayor parte de los textos se refieren a mitos en los que la muerte o la frustración ocupan un papel central aunque para refutarla, para defender que nada se destruye y todo se transforma en esos procesos metamórficos que conectan lo humano con lo animal o lo vegetal.

“Ovidio fascina, hechiza, embruja -escribe Boitani-. No podría ser de otro modo tratándose de un poeta que compone un carmen continuum, un canto sin interrupciones de las fábulas antiguas en el que las historias nacen una de otra, se entrelazan y afloran de nuevo en una secuencia velocísima. Una tras otra, en número de casi doscientas cincuenta, van juntando la historia del devenir, «una historia mitológica universal narrada desde el punto de vista del cambio», y forman una especie de enciclopedia en movimiento de los relatos más famosos de la Antigüedad.”

Porque “las Metamorfosis -añade- son además un gran espectáculo. Aun así, su éxito no habría sido posible sin la contribución de al menos cuatro factores fundamentales: el hecho de que en las historias se concentren toda la infelicidad y todas las pasiones que reinan en el mundo de los hombres y las mujeres; el estilo enormemente económico de la narración; la inagotable energía que emana del conjunto, y la capacidad de adaptarse a los criterios interpretativos de épocas distintas o de formar parte de ellos.”

Sin creerla, como pura ficción, los relatos de las Metamorfosis proponen una historia mágica del mundo; trazan un mapa de los sentimientos; hablan -sin moraleja y con comprensión- de las virtudes y los defectos de los hombres, de amores problemáticos y separaciones traumáticas, de la desolación de las guerras, de las relaciones conflictivas entre los dioses y unos hombres que les habían ganado definitivamente el territorio.

Por esa comprensión de la complejidad de lo humano, un Ovidio alejado de la intención didáctica y de la convicción religiosa prefiere practicar la literatura en estado puro y afrontar la realidad desde distintas perspectivas que abordan el mundo interior y el mundo exterior y explican los cambios de tono del libro: de lo épico a lo lírico, de lo serio a lo humorístico, de lo elegíaco a lo celebratorio en relatos que van desde la creación del mundo hasta César, desde las edades del hombre hasta Pitágoras. Y en medio, Acteón y sus perros sin dueño, Dafne y Apolo, Píramo y Tisbe, Adonis y Meleagro, Sálmacis y Hermafrodito, Céix y Alcíone, la doble vida de Tiresias, Eco y Narciso, Ganimedes y Proserpina, Orfeo en los infiernos, otra versión de la guerra de Troya y de Eneas o la tela de Aracne.

Dante, Garcilaso o Shakespeare les deben a estos relatos de transformaciones una parte sustancial de sus argumentos, como la pintura de Tiziano o de Velázquez, como la música de Vivaldi, la ópera o la escultura.

Escrito con sostenido apasionamiento lector, este ensayo de Boitani es un intenso homenaje a las Metamorfosis y a Ovidio, que “ahora exiliado en el mar Negro como Pitágoras en Crotona, concluye las Metamorfosis refiriéndose a sí mismo. El poeta sabe que ha escrito un libro que vivirá para siempre.”

Una refutación del tiempo que -como escribía el poeta en el Epílogo- “no podrán destruir ni la ira de Júpiter ni el fuego ni el hierro ni el tiempo que todo lo devora.”



 

19 junio 2022

Tres poemas de El viento sobre el agua en la Fonoteca Española de Poesía


 


Tres poemas de El viento sobre el agua en la Fonoteca Española de Poesía:

https://fonotecapoesia.com/santos-dominguez/
https://youtu.be/B2DqwLt8Utg

18 junio 2022

Esta tarde, en la librería Passaparola


En la última de las cuatro presentaciones en Italia de Ho visto ardere la vita, la antología bilingüe preparada por Marcela Filippi y prologada por Luis Alberto de Cuenca en Talos Edizioni, me acompañarán con su generosa presencia el escritor y periodista Beppe Lopez y la editora y traductora Marcela Filippi Plaza.

Desde las 18,30 se puede seguir en directo a través de mi página de Facebook. 

17 junio 2022

No los indultes


 Memoria ahora. 
No los indultes.
Cuando votas a estos






Estás votando a estos









16 junio 2022

En YouTube, la presentación de Fondi

 VIDEO COMPLETO DE LA PRESENTACIÓN DE HO VISTO ARDERE LA VITA EN FONDI 

Per chi non era presente alla presentazione del libro di Santos Domínguez Ramos, del 12 giugno 2022,  troverà il video completo della serata sul nostro canale You Tube e sulla pagina Facebook della Pro Loco Fondi Aps.

https://youtu.be/d06vSSmgKdo








15 junio 2022

Antonio Colinas. Tratados de armonía


 

14 junio 2022

Esta tarde, en el Hotel Modigliani de Roma


 Tercera de las presentaciones en Italia de Ho visto ardere la vita, la antología bilingüe preparada por Marcela Filippi y prologada por Luis Alberto de Cuenca en Talos Edizioni.

Presentado por el magnífico poeta y profesor Nino Iacovella y por la editora y traductora Marcela Filippi Plaza, el acto se podrá seguir en directo desde el Hotel Modigliani por Facebook a partir de las 18,30.