18 enero 2022

Velázquez. El arte nuevo




Diego Velázquez es el pintor español anterior a Francisco de Goya del que no se ha quedado un mayor número de referencias documentales que le atañen directa o indirectamente. El llamado Corpus velazqueño recogía en el año 2000 en torno a quinientas entradas documentales elaboradas en vida del artista. Es un caudal muy copioso, que permite seguir la carrera administrativa del pintor e identificar su entorno, los hitos principales de su vida familiar, sus finanzas, así como datos importantes sobre sus encargos o el destino de sus obras.

A esta riqueza documental hay que añadir las alrededor de ciento treinta obras originales que nos quedan de él, y un número superior de piezas que se relacionan de un modo u otro con su trabajo. Como gran parte son retratos de personajes conocidos, y de muchas obras que no lo son existe documentación, es posible fechar casi toda su producción con escaso margen de error. Eso hace que nuestra imagen profesional de Velázquez sea bastante completa. Y, sin embargo, sigue siendo un pintor profundamente enigmático desde muchos puntos de vista.

Con esos dos párrafos comienza Javier Portús su artículo “Velázquez, el arte nuevo y los límites de los géneros”, uno de los diecinueve ensayos que forman parte del espléndido volumen Velázquez. El arte nuevo, que recoge el ciclo de conferencias que se desarrolló entre octubre de 2020 y marzo de 2021 organizado por la Fundación Amigos del Museo del Prado, que coedita con la Editorial Crítica este monumental libro que incorpora en su parte central un espectacular cuadernillo con sesenta y cuatro páginas de magníficas ilustraciones.

A abordar la figura y la obra de ese “pintor profundamente enigmático” y a hacerlo “desde muchos puntos de vista” se dedica esta colección de textos firmados por los mejores especialistas -de John Elliot a Fernando Marías, de Fernando Bouza a Peter Cherry, de Pierre Civil a David García Cueto-, que escriben sobre la singularidad artística y la técnica compositiva de Velázquez, sobre la importancia y el significado de sus bodegones o el tratamiento iconográfico de su pintura religiosa y los espacios devocionales a los que se destinaba, sobre su relación con el poder y su  ascenso a los niveles más altos de la corte, sobre las modalidades y funciones de los retratos regios y las conversaciones pictóricas de sus desafiantes cuadros de enanos y bufones, deformes o ‘locos naturales’; sobre obras tan principales como Las meninas, La rendición de Breda, La fragua de Vulcano o Las hilanderas, sobre su entorno artístico y sus conexiones con textos literarios o sobre  los decisivos viajes a Italia; sobre sus rasgos estilísticos, sus recursos cromáticos o el tratamiento de la luz; sobre su imagen en la literatura -de Quevedo a Unamuno o Buero Vallejo- y en el cine, su fortuna crítica o la influencia que ha ejercido en la pintura contemporánea, en Manet, Picasso o Bacon.

La atención a la biografía, al contexto histórico, artístico y cultural y sobre todo a la obra del pintor con enfoques plurales que permiten abordar las claves de su trayectoria vital y artística, se equilibran en este libro llamado a convertirse en texto de referencia de la bibliografía sobre Velázquez, un autor que elaboró una obra pictórica decisiva en la historia del arte universal.

Porque, como señala Miguel Falomir, director del Museo del Prado en el texto introductorio, “a través de los textos contenidos en esta publicación, se realiza un recorrido por la vida y obra de Velázquez bajo una amplia variedad de perspectivas que abordan los géneros pictóricos que trató, el ambiente social y artístico en el que se desenvolvió, los recursos narrativos y compositivos de sus pinturas, la relación que mantuvo con los principales géneros pictóricos, así como la influencia que ejerció en las generaciones posteriores de artistas. La participación de algunos de los más destacados especialistas en su figura nos permite, a través de las páginas de este libro, redescubrir los aspectos fundamentales de la producción de Velázquez y las claves en torno a los que se articulan sus principales contribuciones a la historia de la pintura.”




17 enero 2022

Cavafis. Treinta poemas


 

16 enero 2022

Miren Agur Meabe. Cómo guardar ceniza en el pecho


 

15 enero 2022

Shelley. Poesía selecta



Él se alzó por encima de las sombras
nocturnas; la calumnia, la envidia, el odio, nada
de aquella angustia que llamamos goce,
nada puede tocarlo ni torturarlo ya.
Ahora ya está a salvo; la vida no lo mancha;
no será viejo el corazón y no
serán canosos sus cabellos nunca;
e incluso al extinguirse el fuego del espíritu
su apagada ceniza reposará en la urna
por la que nadie más ya llorará.


Esa estrofa de Percy B. Shelley (1792-1822) forman parte de su Adonais, la memorable elegía que dedicó a Keats en 1822. Terminaba con estos versos:

…Y ya soy absorbido,
arrastrado por esa misma fuerza
hacia la oscuridad y hacia el temor.
Pero, ardiendo a través de ese último velo
del Cielo hay un alma que me guía:
la de Adonais, que brilla como estrella,
y como un faro alumbra desde aquella morada
donde están los Eternos.


De ese último verso, que cierra los casi quinientos de la larga composición fúnebre, toma su título la magnífica edición bilingüe de la Poesía selecta de Shelley que publica Reino de Cordelia con traducción y prólogo del poeta y traductor José Luis Rey, que la define como “la antología más extensa y abarcadora de Shelley en nuestro idioma” y confiesa que “desde mi adolescencia he amado la poesía de Shelley (su maravilloso Himno a la belleza intelectual fue la primera obra suya que me deslumbró) y he sido un ferviente admirador también de la persona, no solo del poeta. Él lo escribió: «el eterno universo de las cosas». Quién sabe si ese universo eterno no acabará siendo, también, el del espíritu.”

No podía imaginar Shelley que pocos meses después de escribir esa elegía él mismo sería enterrado -tras una extraña muerte, ahogado en el Golfo de los Poetas-, en Roma, junto a la tumba de Keats, a quien dedicó estas palabras en el Prefacio que presentaba su Adonais: “John Keats murió en Roma de tuberculosis a la edad de veinticuatro años, en 1821; y fue sepultado en el romántico y solitario cementerio de los protestantes de Roma, bajo la pirámide que es la tumba de Cestio y los fuertes muros y torres, ahora en ruinas y desolados, que conformaban el recinto de la antigua Roma. En medio de la ruinas está el espacio abierto del cementerio, cubierto en invierno de violetas y margaritas. Caería uno enamorado de la muerte solo de pensar en ser enterrado en un lugar tan dulce.”

Rebelde y esquivo, cultivador de un malditismo satánico, agitador y provocador, combinó el escepticismo, el materialismo y el idealismo platónico que alcanzó su cima en el magnífico Himno a la belleza intelectual, una emocionada exaltación de la poesía y la belleza, en el que ocupa un lugar central esta estrofa, en la espléndida traducción de José Luis Rey:

Esperanza y Amor, y la Autoestima,
pasan como las nubes, prestadas un momento,
como si el hombre fuera inmortal, poderoso,
pero Tú,
a quien no conocemos y tememos,
con gloria te has sentado allí en su corazón.
¡Oh Mensajera de la compasión,
que crece y que decrece en los amantes,
Tú, nutrición del pensamiento humano,
como la oscuridad a una vela apagándose!
No te vayas de aquí como vino tu sombra,
no te vayas, no sea que la tumba
como el miedo y la vida llegue a ser
la oscura realidad.


Creador de una poesía de paisajes mentales abstractos e interiores, Shelley combinó en la intensidad lírica de su escritura el pensamiento y el sentimiento, la imaginación visionaria y la búsqueda de la belleza, la espiritualidad, la rebeldía y el ímpetu revolucionario. Desarrolló lo mejor de su obra entre 1816 y 1822, desde el memorable Montblanc y el Himno a la belleza intelectual hasta Adonais y los tercetos alegóricos y visionarios del inacabado, ambicioso y profundo El triunfo de la vida, quizá la cima de su poesía y su pensamiento.

Shelley es -las palabras son de Harold Bloom- “ un poeta único, uno de los más originales que haya en la lengua inglesa, y en muchos aspectos es el poeta propiamente dicho, tanto como el que más en el idioma.”







14 enero 2022

Chaves Nogales. Andar y contar



 

13 enero 2022

Quinientos epigramas griegos


 

12 enero 2022

Los enemigos



Los que quieren salvarse necesitan amigos auténticos o enemigos ardientes. 
PLUTARCO. Cómo sacar provecho de los enemigos.   

Poder planificar una venganza artística sobre un enemigo, luego llevarla a cabo con suma perfección, y después irme a casa y meterme pacíficamente en la cama. 
 IÓSIF STALIN, explicando su idea de día perfecto.

Now I wanna slap the taste out yo’ mouth. 
DR. DRE, «Dre Day» 

 Prólogo.
Donde se comenta lo que está por venir, al modo tradicional, 
y se le da una bienvenida cordial al lector.

  La premisa fundamental de este pequeño libro es de una simplicidad pasmosa: tener enemigos puede resultar útil. Yo los tengo, vivo entre ellos desde que desarrollé el uso primigenio de mi conciencia, y no me ha ido mal del todo. Mi vida entera ha transcurrido, desde mi más tierna mocedad, con la percepción clara de que el mundo estaba polarizado en friend or foe, gente a quien amar y gente a quien odiar (con un océano de humanidad irrelevante, o simplemente desconocida, entre ambos continentes). Esta visión, esta (a menudo ingrata) Weltanschauung, era para mí certeza, no conjetura o abstracción: dichos enemigos tenían nombres y apellidos (aunque su enemistad estuviese definida por mi paranoia o traumas o neuras, más que por actos demostrables empíricamente y realizados, desde su lado, por ellos). Dicho de otro modo: existían, y no en la forma de demonios folclóricos abstractos, productos hiperbólicos de la paranoia y el pánico social. 
 La certeza de que siempre existía un opuesto, un enemigo, contra el que enfrentarse o en quien reflejarse, ha marcado mi comportamiento y destino y relaciones sociales y la forma en que crecí, y por consiguiente también mi oficio y mi obra literaria. La mayoría de mis creaciones, también la mayoría de mis acciones en general, han estado sujetas a la contraposición con un antípoda. Mi blanco existe porque siempre he creído que al otro lado estaba el negro, y viceversa. Soy lo que soy porque no soy eso. Hago esto porque no es aquello: lo contrario de mi esencia. 
 Este librito es, así, un intento de comprender la enemistad, la obsesión con lo antipódico, las acciones por despecho y el odio (con ocasional elevación) que acompaña a la mencionada posición vital. He dividido los capítulos en tipos de enemigos, con algún interludio para explorar mis lamentables prejuicios, patologías relacionadas con la revancha e incapacidad para el perdón. También he citado con abundancia de otros autores, no para hacerme el intelectual, particularmente, sino para que el lector comprenda que este lamentable estado de cosas existe desde que el cerebro del Homo sapiens empezó a desarrollarse (incluso diría que desde antes; el odio precede a la inteligencia, tal vez). Centenares de personas antes que este escritor se han preguntado, y han escrito, sobre el mismo tema. Los enemigos simplemente realiza el análisis en gravosa y gallarda primera persona, hoy, aquí. 
 Sin más dilación, les invito a empezar el libro y les doy la bienvenida a este periplo por mi ira, mi odio y mi rencor, que quizá sean también los suyos.

Hatters: come right up.

 1. Enemigos naturales 
 […] 
 Empezaré sincerándome, pues a veces siento hacia recién conocidos un rechazo de tal magnitud que me resulta imposible no creer en algún tipo de reencarnación. Se trata de una animosidad soluble, un rebote que pasa a mi torrente sanguíneo de un modo casi instantáneo, sin lugar para el análisis o la reflexión previa, y que (me digo) tiene que venir del pasado, de otra vida, de otros caparazones que habité. 
 Mi odio, ahora me doy cuenta, me está convirtiendo en hippy. Soy incapaz de imaginar un escenario peor. 
 De todos modos, con o sin hippismo, la conjetura resulta tentadora. ¿Y si, quizás, en lugar de dos sujetos que simplemente se cayeron pésimo el uno al otro en una cena (escenario pedestre), fuimos uno hugonote y el otro agente de Luis XIV en una vida anterior (escenario épico)? Nuestra disputa de finales del siglo XVII se habría perpetuado a través de diversas reencarnaciones hasta renacer en esa velada, en forma ya no de persecución religiosa ni genocidio intercristiano, sino de franca brusquedad recíproca a la hora del café y los petits fours. 
 El escritor Herman Melville, profundo conocedor de la condición humana, se planteaba algo similar en su relato Billy Budd, marinero: ¿Qué participa más de lo misterioso que una antipatía espontánea y profunda como la que sale a relucir en ciertos mortales excepcionales ante el mero aspecto de otro mortal, por inofensivo que este sea, provocada acaso por esa misma inofensividad? 
 Dejaremos lo de la inofensividad del «otro mortal» como mera hipótesis. Este no es el libro para empezar a exculpar a nuestros adversarios de buenas a primeras, o yo me quedaría sin desarrollo del tema y ustedes sin diversión lectora. Quedémonos con lo misterioso de una antipatía profunda ante el mero aspecto de alguien. 

 Son los primeros párrafos de Los enemigos. O cómo sobrevivir al odio y aprovechar la enemistad, que Kiko Amat publica en Nuevos cuadernos Anagrama
 Un manual inteligente y punzante para entender las claves de la enemistad, las reacciones de despecho y el ejercicio del odio, una aguda reflexión sobre “la utilidad del rencor y la venganza (la tirria indeleble como eficaz motor vital y artístico)” y una divertida taxonomía que distingue entre “los enemigos equivocados, los enemigos usables, los enemigos naturales, los enemigos invisibles (enemigos con piel de amigo), los enemigos instantáneos y más.” 
 
Llega hoy a las librerías.


11 enero 2022

Flaubert. Cuentos Completos

 


10 enero 2022

José Carlos Cataño. El porvenir del horizonte


 

09 enero 2022

Regulación del sueño, en Ediciones La Flámula




Pinchando en la portada se accede a la edición digital de mi Regulación del sueño, reeditado cuidadosamente por Arístides Valdés en Ediciones La Flámula, con un epílogo -“El descifrador de signos”- de Juan Carlos Mestre, al que pertenece este párrafo que se ha utilizado también en la contraportada: 

 Todo lo borrado retorna en la palabra de Santos Domínguez salvífico y nuevo, celebratorio en la armonía que sobrevive a la erosión de la muerte. Sus écfrasis son una tan emocionante como conmovedora ampliación de los horizontes significativos de la pintura, una metamorfosis lingüística que extiende las zonas de sentido hacia otra razón de conocimiento que solo la poesía puede aportar.





08 enero 2022

Blas de Otero. En castellano


 

07 enero 2022

El pájaro en la nieve, traducido por Marcela Filippi



EL PÁJARO EN LA NIEVE

Nos salva cada tarde la lentitud del pájaro,  
sus dos notas aladas, el hueco que en el aire  
va dejando su vuelo.   

La breve levedad de su memoria,  
su intuición del espacio que le dicta la luz,  
la suave inconsistencia  
del aire elemental en el que flota inerme  
son acaso  
la verdadera cifra de todo lo que vive.   

Como una flor escueta, ese vuelo amarillo 
regresa cada tarde con su clave secreta  
a la cadencia roja de la luz que se muere  
bajo el ángel tendido del ocaso  
y al incendio lejano de su espada de fuego.   

Cada tarde nos salva  
su lenta levedad en el espacio.


L'UCCELLO NELLA NEVE 

Ogni sera la lentezza dell'uccello ci salva,
le sue due note alate, il buco che nell'aria
va lasciando il suo volo.


La breve levità della sua memoria,
la sua intuizione dello spazio che gli detta la luce,
la soave inconsistenza
dell'aria elementare in cui fluttua inerme
sono forse
la vera cifra di tutto ciò che vive.


Come un semplice fiore, quel volo giallo
ritorna ogni sera con la sua chiave segreta
sulla cadenza rossa della luce che muore
sotto l'angelo disteso dell'occaso
e del lontano incendio della sua spada di fuoco.

Ogni sera ci salva
la sua lenta levità nello spazio.

          (De El tercer reino. Editorial Pre-Textos. Valencia, 2021)

En Intraduzioni SolMar.


06 enero 2022

Pérez Reverte. El italiano

 


05 enero 2022

Galdós y los barrios bajos de Madrid




“La división social entre barrios bajos y altos coincide con su elevación sobre el Manzanares. Entiendo que el oso es el Madrid que vive desde la Plaza Mayor para arriba, y el madroño lo que llamamos barrios bajos”, explicaba Galdós en 1915 en una conferencia sobre Madrid en el Ateneo.

Leer a Galdós, 
 “novelista urbano” en definición de Clarín, es inevitable y felizmente recorrer las calles del Madrid que frecuentó durante casi sesenta años, entre 1862 y 1920. El centro y los barrios bajos del sur de la ciudad fueron los espacios predominantes en sus novelas, escenarios que desempeñan en sus obras un papel casi de protagonista y cumplen también una función simbólica de evidente significado social, porque en ellas el nivel topográfico se corresponde también con el nivel social, de manera que el ascenso o el descenso social se metaforizan en los frecuentes traslados y mudanzas de los personajes a zonas más altas o más bajas del Madrid de la época.

Hay quienes ascienden en posición social y se van a vivir a zonas más altas, como Isidora Rufete o Felipe Centeno, y quienes, venidos a menos, como doña Paca en Misericordia, se mudan a zonas más bajas de la capital. Y además todos sus personajes, en movimiento continuo, se mueven por las calles de aquel Madrid que Galdós inmortalizó en sus novelas y que evocó magistralmente en 1915 en su Guía espiritual de España.

Sobre esos barrios bajos y su representación literaria en las novelas galdosianas Paladares de Cordelia acaba de publicar Los barrios bajos de Madrid según Galdós, una espléndida monografía de José Esteban, ilustrada con fotografías de Antonio Tiedra.

“Con Galdós -escribe José Esteban- nace verdaderamente la novela urbana madrileña y, con su memoria y su impagable ayuda, el novelista levanta ese gran monumento madrileño, más importante que la Cibeles o la Puerta de Alcalá, ese monumento literario madrileño que son las páginas de Fortunata y Jacinta, donde trata a Madrid como fuente de organización literaria y a la vez como objeto de ella; es decir, como cimiento sobre el que se asienta la novela y como colmena humana. Como objeto y sujeto de la misma novela.
[…]
Galdós necesita la presencia de Madrid para conducir a sus personajes a través del laberinto de sus vidas y del laberinto de sus calles; lo que ha dado lugar a un «Madrid galdosiano». Un Madrid aún muy reconocible. Todavía la calle de Toledo se inicia orillada en su principio de soportales, desde la Plaza Mayor al Manzanares. Todavía las calles conservan sus viejos y significativos nombres Latoneros, Cuchilleros, Botoneras, Coloreros, Bordadores, Herradores... Todavía el Arco de Cuchilleros taladra el caserón de la Plaza Mayor, donde el delfín, Juanito Santa Cruz, ve por primera vez a Fortunata -que en la escalera sorbe un huevo crudo.
Es un Madrid que se mueve en el cogollo de la ciudad de los Austrias, entre la Plaza de Santa Cruz y el Palacio Real, entre la Fuentecilla, las Descalzas Reales y la Iglesia de San Sebastián (la iglesia que como «muchas personas tiene dos caras» y donde Benigna, la heroína de Misericordia, pide limosna para alimentar a su señora).”

La calle de Toledo y el Rastro, la Cava Baja y la calle Mayor, la Plaza de la Cebada y el Manzanares, Mira el Río o la calle Imperial, cafés como el de San Millán o iglesias como la de San Sebastián son algunos de los espacios madrileños en los que transcurren las novelas de Galdós. Espacios que se convierten en un personaje más de sus obras:

“Madrid, todo el Madrid del siglo XIX -escribe José Esteban- es el gran personaje de Galdós. Nadie como él, en nuestra literatura, supo mirarlo con tan amplia pupila y, después, transmitirlo. Es un Madrid que vive en sus páginas, late, sufre, se transforma, se alarga calle de Fuencarral arriba, donde están las reformadoras Micaelas, que acogerán a Fortunata, y se desvive, angustioso, en su diario penar.”

Esta cuidada edición es, además de un homenaje al mejor novelista español del XIX, 
aquel “paisajista de los barrios bajos”, una indeclinable invitación a visitar de nuevo su obra y a revivir aquel Madrid bullicioso y cambiante de la segunda mitad del XIX en un estupendo recorrido por los lugares galdosianos de la mano de los textos de José Esteban, de novelas como las de Torquemada, Fortunata y Jacinta, Misericordia o Nazarín y de fotografías como estas de Antonio Tiedra.






04 enero 2022

En Cuadernos de Humo 34


Recién llegado desde Brooklyn. Con mi agradecimiento a Hilario Barrero.