15 enero 2026
14 enero 2026
Pérez Reverte y la politización de la RAE
LA POLITIZACIÓN DEL LENGUAJE
Otro de los factores negativos para la autoridad de la RAE es su relación ambigua con el debate político, sobre todo respecto al llamado lenguaje inclusivo. La resistencia académica viene siendo honorable, pero sin la contundencia propia de su autoridad. No abrir la boca es la respuesta más frecuente, y dice poco en favor de la institución que las respuestas enérgicas se dejen a la iniciativa personal de los contados académicos -Javier Marías lo hizo siempre de forma destacada- que se atreven, por su cuenta y sobre todo su riesgo, a intervenir en el debate público. En la grotesca injerencia del oportunismo político, la ignorancia y la estupidez sectaria en materia lingüística, la Academia, en vez de sostener la posición firme y argumentada de su legítima autoridad, suele situarse entre el silencio administrativo y la cautela diplomática, intentando no incomodar a nadie. Esa prudencia, o ambigüedad, es interpretada como debilidad e incluso como cobardía. Cada vez que la Real Academia Española parece más preocupada por no irritar al poder político que por su propia coherencia y obligaciones, pierde autoridad. Y no se trata de negar debates sociales, que son necesarios, sino de establecer con claridad qué pertenece al ámbito de la lengua y qué al de la ideología, y ser inflexible con quienes desde el interés partidista intentan contaminar la lengua o adaptarla a sus intereses. Al no plantar cara públicamente a ese oportunismo ignorante e irresponsable, la RAE contribuye a la confusión general y abdica de su autoridad y prestigio.
Otro síntoma inquietante es la invisibilidad intelectual de muchos actuales académicos. Históricamente, la RAE estaba integrada por figuras literarias y filológicas de primer orden, cuya autoridad provenía tanto de su obra como de su pensamiento. Hoy, aunque sigue habiendo elementos brillantes entre los lingüistas -Ignacio Bosque, Pedro Álvarez de Miranda- y también hay escritores de reconocido prestigio y notables académicos de otras especialidades, sus voces públicas suenan aisladas, cuando suenan, y la institución en su conjunto no proyecta una voz prestigiosa y sólida. Las discusiones importantes sobre la lengua se dan fuera de la Academia, en universidades, medios, redes sociales y espacios independientes. La RAE suele reaccionar tarde y mal, y rara vez lidera el debate. Ha pasado de ser un faro que guía a comentarista de lo que hay.
Pero lo más grave, en mi opinión, es que en el corazón de la Real Academia Española se registra un desplazamiento silencioso, lamentable, de su principal fuente de autoridad. Durante tres siglos, la RAE entendió que la lengua se establecía principalmente de abajo arriba, pero enriquecida, contrastada, analizada y devuelta desde arriba hacia abajo mediante la literatura, el pensamiento, la tradición escrita y el criterio de autores solventes cuya obra demostraba excelencia, precisión y capacidad de perdurar. Hoy, en cambio, entregados los aspectos técnicos de la RAE a lingüistas partidarios de asumir dócilmente cuanto ocurre y no prevenir lo que ocurra, la Academia invierte esa jerarquía: otorga más peso normativo a lo que se repite en periódicos mal escritos, titulares apresurados, tertulias descuidadas o redes sociales, que a la autoridad intelectual de escritores, filólogos y creadores que trabajaron o trabajan la lengua con rigor. Se anteponen, más de lo necesario, los usos de un tuitero analfabeto o el texto de un folleto farmacéutico mal traducido a la obra de Soledad Puértolas, Carlos García Gual, Juan Mayorga, José María Merino, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, José Manuel Sánchez Ron, Clara Sánchez, Javier Cercas y tantos otros académicos vivos o muertos.
[…]
El proceso es siniestro: en los medios se escribe peor, la Academia lo acepta, y al aceptarlo, legitima ese empeoramiento. Al legitimar, los medios se esfuerzan todavía menos. El hablante asume que la corrección es irrelevante y reproduce usos cada vez más pobres. Pero este empobrecimiento no es sólo estilístico, sino cognitivo: una lengua descuidada piensa peor. La precisión léxica, la complejidad sintáctica y la riqueza expresiva no son adornos superfluos, sino herramientas para comprender y describir la realidad. Cuando la norma se rebaja, también se reduce la capacidad de pensar con claridad.
Decir que la Real Academia Española ya no limpia, ni fija, ni da esplendor no es negar su utilidad, su hermosa y noble historia ni su necesario futuro, sino prevenir una crisis. La lengua española no necesita una policía autoritaria, pero sí una institución capaz de establecer criterios, defender la excelencia y asumir que toda norma implica incomodar a alguien. Sin limpieza no hay claridad; sin fijación no hay estabilidad; sin esplendor no hay belleza. Si la RAE no mantiene esa triple vocación, su lema será una reliquia retórica. La Real Academia Española no perderá autoridad porque la lengua evolucione y cambie; la perderá si continúa consagrando más el ruido que el pensamiento, más el error y la vulgaridad que la excelencia. Privilegiar a periódicos mal escritos y redes sociales sobre escritores solventes y tradiciones literarias sólo contribuirá a la pérdida de calidad del español. Mientras no practique la valentía de señalar el error en vez de certificarlo, y de sostener la autoridad superior de quienes a uno y otro lado del Atlántico mejor escribieron y escriben en nuestra lengua, la RAE será una institución útil pero traidora a sí misma: alguien que llega tarde, cuando el daño está hecho. Y una lengua que renuncia a la exigencia, el rigor y la belleza, acaba por renunciar a su grandeza.
El Mundo, 11 de enero de 2026
13 enero 2026
12 enero 2026
Biblioteca Clásica Básica
Hace ahora quince años, en 2011, aparecieron los primeros títulos de la Biblioteca Clásica de la Real Academia Española (BCRAE), un proyecto que, preparado por Francisco Rico, que fue su director, reunirá en ciento once volúmenes la parte nuclear de la tradición literaria española e hispanoamericana hasta finales del siglo XIX. Una colección representativa de obras esenciales en ediciones que ofrecen -en palabras de sus responsables- “un texto crítico depurado, con los estudios y notas filológicamente más seguros y que mejor reflejan el estado actual de la investigación sobre los distintos temas.”
A ese catálogo imprescindible de clásicos entre el Cantar de Mio Cid y Los Pazos de Ulloa, todavía en curso de publicación pues se han publicado hasta ahora algo más de la mitad de las obras previstas, acaba de añadirse una nueva línea editorial, la Biblioteca Clásica Básica de la RAE, “la serie popular, que contempla la edición en rústica, a un precio más asequible, de los principales títulos de la BCRAE, desprovista de aquellos elementos que distraigan al lector o puedan interrumpir la lectura del texto sin más.”
Con el mismo rigor en la edición de los textos, este nuevo formato de bolsillo será más asequible económicamente y prescindirá de algunas de las secciones de su hermana mayor, la Biblioteca Clásica: se eliminan los estudios preliminares, los epilogales y lo anexos dedicados a cada obra, la bibliografía exhaustiva en torno a ella y las notas complementarias. En definitiva, se prescinde del amplio aparato crítico para ofrecer el texto precedido, de una breve introducción sobre el autor y la obra, con las ilustrativas notas a pie de página de la edición original en la Biblioteca Clásica.
Publicada por Espasa, como su colección mayor de referencia, esta Biblioteca Clásica Básica se inaugura, como es natural, con el Quijote, en la edición canónica de Francisco Rico y en un formato muy legible y manejable.
Abre el volumen una introducción en la que Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia, señala que “el Quijote ha mantenido, durante más de cuatro siglos, una presencia constante en el panorama editorial mundial, situándose entre las obras más leídas y traducidas de la historia. No ha transcurrido un solo año sin que se publicara una edición en español o en otras lenguas, lo que da cuenta de su vigencia universal. Esta posición privilegiada fue confirmada en mayo de 2002, cuando una encuesta organizada por el New York Times, en la que participaron cien escritores de más de cincuenta países, lo eligió como la mejor obra de ficción de todos los tiempos —«the world’s best work of fiction»—, situándolo muy por delante de autores como Proust, Shakespeare, Homero o Tolstói.”
Otros cinco volúmenes cervantinos (La Galatea, los Entremeses, las Novelas ejemplares, las Comedias y tragedias y el Viaje del Parnaso y poesías sueltas) completan la primera remesa de esta estupenda colección de clásicos de la lengua española.
11 enero 2026
Viñeta lamentable
Yo sí. Yo sí lo veo claro, Se trata de vivir a costa de la pobreza de los demás. Esa es la historia de Cataluña y el sueño de los separatistas, vivir del esfuerzo ajeno. Teóricamente este tipejo es un hombre de izquierdas o de Esquerra, como dicen ellos en su poco evolucionada mentalidad y en su poco evolucionada lengua. En el físico primate del frailuno personaje de la viñeta mejor ni entro. Cuando quieran se lo explico. Lo del primate, lo de la plusvalía y lo de la diptongación de la e breve tónica latina. Todo va unido.
El problema es que nos gobierna un presidente sin principios al que no le han votado los ciudadanos y al que le hubiera dado igual ser de Vox para llegar al poder. Eso y que tenemos una izquierda catalana que lo sostiene, la de los Comunes, la de Urtasun, procedente de la peor burguesía española, la burguesía extractiva catalana. Lo milagroso, lo sospechoso, es que a este PSOE le vote un 18% de la población.
10 enero 2026
09 enero 2026
08 enero 2026
07 enero 2026
Con Béla Tarr
EL CABALLO DE TURÍN
Con Béla Tarr
Con Béla Tarr
Ved la desolación de un árbol despojado,
el látigo del viento, el horizonte inmóvil
con estatuas de sal talladas por la niebla.
Es la ley de la lluvia, el reino de lo opaco.
Todo lo invade el barro:
las calles, las paredes y el frío de los caminos.
Todo se desintegra en sombras sin memoria
bajo una lluvia fría que cae sobre las almas.
Es el tiempo del juicio en la mañana oscura.
Ved lo que se deshace: la tela de la araña,
el invierno del mundo, los días sucesivos,
los turbios remolinos circulares,
la tierra desolada bajo un cielo muy bajo.
Es la ley de la espera bajo las hojas secas,
la llanura baldía y el camino embarrado.
el invierno del mundo, los días sucesivos,
los turbios remolinos circulares,
la tierra desolada bajo un cielo muy bajo.
Es la ley de la espera bajo las hojas secas,
la llanura baldía y el camino embarrado.
Siempre hay alguien que mira,
detrás de una ventana, detrás de unos barrotes,
con mirada apagada un mundo sin colores,
los cristales hirientes del tiempo y el olvido.
Siempre hay alguien que cruza
bajo el viento constante la llanura infinita.
Porque comienzo y fin son el mismo lugar:
inhóspitos espacios en donde sobreviven
los cuerpos fatigados y los rostros perplejos
en medio del vacío:
el sonido, la furia, la ebriedad del idiota.
Siempre hay alguien que espera. Y el tiempo se detiene
en el hielo nocturno donde tiemblan los sueños
como tiembla la llama incierta de una vela
bajo el viento del mundo.
Y la noche que cae sobre esta oscuridad.
Y la última mañana repetida de nuevo.
(De La herida y el cuchillo. Premio Ciudad de Las Palmas. Ediciones La Palma. En prensa)
06 enero 2026
05 enero 2026
04 enero 2026
03 enero 2026
02 enero 2026
Andrea Marcolongo. El arte de correr
“A lo largo de mis treinta y cuatro años ha habido dos cosas que me han traído al mundo, aparte de mi madre. Dos cosas que no solo me han cambiado la vida, como se suele decir, sino que más bien me han hecho entender la vida y, por lo tanto, en definitiva, vivirla.
La primera ha sido el griego antiguo, conocido en los pupitres del liceo clásico cuando tenía catorce años. La segunda ha sido correr, actividad con la que me crucé a orillas del Sena en las postrimerías de un verano, hace ya tres años.
De ese segundo descubrimiento -o, mejor dicho, de esa segunda epifanía- es de lo que pretendo hablar en este libro”, escribe Andrea Marcolongo en El arte de correr, que publica Taurus con traducción de Juan Rabasseda y Teófilo de Lozoya.
Subtitulado De Maratón a Atenas, con alas en los pies, El arte de correr es una reflexión sobre el esfuerzo, a veces doloroso, de la carrera continua, sobre la extraña necesidad de correr y sudar y sobre los antecedentes de esa actividad física en la Grecia clásica.
Apoyada en su experiencia reciente de corredora aficionada que no había hecho nunca deporte, en su determinación de correr los casi 42 kilómetros de la primera maratón que inauguró hace más de dos mil quinientos años, el 12 de septiembre del 490 a. C., el soldado Filípides cuando fue corriendo desde Maratón a Atenas para anunciar la victoria sobre los persas -«Νενικήκαμεν» (¡Hemos vencido!)- antes de caer muerto por el esfuerzo, y en De arte gymnastica, el primer tratado deportivo de la historia, escrito por el filósofo Filóstrato de Atenas en el siglo III d. C., Andrea Marcolongo explora y asume las lecciones de los clásicos en relación con la actividad física y su relación con el pensamiento y con la belleza. De hecho, Σοφία -«sabiduría»- es la primera palabra del tratado de Filóstrato, que defiende en sus primeras líneas que “la gimnástica es un saber no inferior a los otros.”
Cuando siete siglos después de la batalla de Maratón, Filóstrato buscaba una explicación a la decadencia de los griegos, como señala Andrea Marcolongo, “no abrigaba duda alguna: el principio del fin había que localizarlo en la flojera de los músculos de los griegos que eran contemporáneos suyos, espejo perfecto de sus pensamientos fútiles y fofos. Los grandes resultados deportivos de los atletas helénicos en las Olimpiadas eran ya un lejano recuerdo que había que contemplar en las estatuas de mármol deterioradas que reproducían a los vencedores y en los poemas olvidados que cantaban sus gestas. Si bien, como dice el filósofo, «los leones de hoy no son en nada inferiores a los de antes, y lo mismo podría decirse de los perros, los caballos y los toros; en el reino vegetal, las viñas de hoy crecen igual que las de antaño, como también los frutos de la higuera; nada ha cambiado con respecto al oro, la plata y las piedras preciosas; sino que, al contrario, siguiendo los dictámenes de la naturaleza, todas estas cosas son iguales ahora que antaño», es evidente que el carácter de los hombres, que biológicamente siguen siendo idénticos a los de antaño, de repente se ha vuelto muelle debido a la pereza y a la falta de ejercicio: «Aquellas cualidades que brinda la naturaleza han sido deformadas […] a causa de entrenamientos inadecuados y de prácticas poco apropiadas».”
El núcleo de sentido del tratado de Filóstrato “era comprender ante todo qué es el deporte y, por lo tanto, de qué hablamos cuando nos referimos a la actividad física”, explica Marcolongo, que resume así su propio proyecto vital e intelectual en torno al arte de correr entendido no sólo como ejercicio físico sino también como ejercicio intelectual, porque “el entrenamiento no se describe como un camino hacia el éxito, sino como una práctica de resistencia, de repetición, de formación interior. La armonía entre cuerpo y pensamiento no es una metáfora: es una necesidad vital.”
Desde que intuí que detrás de la carrera a pie había mucho más que una cara enrojecida y unas agujetas generalizadas, entender qué es verdaderamente la actividad deportiva me resultó más necesario que nunca. De hecho, enseguida comprendí que el bienestar que sentía después de entrenarme -y algunas pocas veces mientras me entrenaba, si encontraba el valor necesario para guardar las distancias entre la cama y yo- no podía circunscribirse solo a los músculos y su movimiento mecánico. Lo que estaba en movimiento era todo mi ser, físico, mental, emotivo, espiritual, que imploraba que me moviera para estar bien más allá del simple aspecto saludable del asunto.
Ha sido para arrojar luz sobre todo esto por lo que he hecho del Gimnástico de Filóstrato la principal referencia teórica del presente libro. Las piernas, en cambio, las he puesto yo sola.
Y así se preparó la intrépida autora para correr en solitario, como en 1983 había hecho Murakami (De qué hablo cuando hablo de correr), los 41,8 kms. de distancia entre Maratón y la Acrópolis, porque “los años que he pasado peleándome con la lengua griega para intentar «pensar como pensaban los griegos» me han empujado a cambiar de estrategia; tras estar años sentada ante mi mesa de trabajo rodeada de libros y manuales de gramática, tengo la sensación de que ha llegado para mí el momento de levantarme e intentar «correr como corrían los griegos».”
“En pocas palabras, después de pasarme toda una vida atormentándome para entender qué es el tiempo, correr me ha liberado de esa obsesión, trágicamente proustiana y acto seguido, sin escapatoria posible, me ha impuesto otra: comprender qué hay dentro del tiempo.”
Dejo para terminar esta reflexión en la que nos reconoceremos muchos de quienes, como Murakami en Hawái, como en París, salimos a correr cada mañana, bajo el sol o la lluvia, con frío o con calor:
A veces me pregunto si todo este andar corriendo de aquí para allá no es más que un intento desesperado de ir más deprisa que el dolor. De una cosa estoy bien segura: todos los corredores que por las mañanas nos obstinamos perversamente en atarnos los cordones de las zapatillas de deporte somos unos grandes masoquistas.








