12 enero 2026

Biblioteca Clásica Básica

 





Hace ahora quince años, en 2011, aparecieron los primeros títulos de la Biblioteca Clásica de la Real Academia Española (BCRAE), un proyecto que, preparado por Francisco Rico, que fue su director, reunirá en ciento once volúmenes la parte nuclear de la tradición literaria española e hispanoamericana hasta finales del siglo XIX. Una colección representativa de obras esenciales en ediciones que ofrecen -en palabras de sus responsables- “un texto crítico depurado, con los estudios y notas filológicamente más seguros y que mejor reflejan el estado actual de la investigación sobre los distintos temas.”
 
A ese catálogo imprescindible de clásicos entre el Cantar de Mio Cid y Los Pazos de Ulloa, todavía en curso de publicación pues se han publicado hasta ahora algo más de la mitad de las obras previstas, acaba de añadirse una nueva línea editorial, la Biblioteca Clásica Básica de la RAE, “la serie popular, que contempla la edición en rústica, a un precio más asequible, de los principales títulos de la BCRAE, desprovista de aquellos elementos que distraigan al lector o puedan interrumpir la lectura del texto sin más.”

Con el mismo rigor en la edición de los textos, este nuevo formato de bolsillo será más asequible económicamente y prescindirá de algunas de las secciones de su hermana mayor, la Biblioteca Clásica: se eliminan los estudios preliminares, los epilogales y lo anexos dedicados a cada obra, la bibliografía exhaustiva en torno a ella y las notas complementarias. En definitiva, se prescinde del amplio aparato crítico para ofrecer el texto precedido, de una breve introducción sobre el autor y la obra, con las ilustrativas notas a pie de página de la edición original en la Biblioteca Clásica.

Publicada por Espasa, como su colección mayor  de referencia, esta Biblioteca Clásica Básica se inaugura, como es natural, con el Quijote, en la edición canónica de Francisco Rico y en un formato muy legible y manejable.

Abre el volumen una introducción en la que Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia, señala que “el Quijote ha mantenido, durante más de cuatro siglos, una presencia constante en el panorama editorial mundial, situándose entre las obras más leídas y traducidas de la historia. No ha transcurrido un solo año sin que se publicara una edición en español o en otras lenguas, lo que da cuenta de su vigencia universal. Esta posición privilegiada fue confirmada en mayo de 2002, cuando una encuesta organizada por el New York Times, en la que participaron cien escritores de más de cincuenta países, lo eligió como la mejor obra de ficción de todos los tiempos —«the world’s best work of fiction»—, situándolo muy por delante de autores como Proust, Shakespeare, Homero o Tolstói.”

Otros cinco volúmenes cervantinos (La Galatea, los Entremeses, las Novelas ejemplares, las Comedias y tragedias y el Viaje del Parnaso y poesías sueltas) completan la primera remesa de esta estupenda colección de clásicos de la lengua española.



11 enero 2026

Viñeta lamentable



 Yo sí. Yo sí lo veo claro, Se trata de vivir a costa de la pobreza de los demás. Esa es la historia de Cataluña y el sueño de los separatistas, vivir del esfuerzo ajeno. Teóricamente este tipejo es un hombre de izquierdas o de Esquerra, como dicen ellos en su poco evolucionada mentalidad y en su poco evolucionada lengua. En el físico primate del frailuno personaje de la viñeta mejor ni entro. Cuando quieran se lo explico. Lo del primate, lo de la plusvalía y lo de la diptongación de la e breve tónica latina. Todo va unido. 

El problema es que nos gobierna un presidente sin principios al que no le han votado los ciudadanos y al que le hubiera dado igual ser de Vox para llegar al poder. Eso y que tenemos una izquierda catalana que lo sostiene, la de los Comunes, la de Urtasun, procedente de la peor burguesía española, la burguesía extractiva catalana. Lo milagroso, lo sospechoso, es que a este PSOE le vote un 18% de la población. 



10 enero 2026

Manuel López Azorín. Ni ya tengo otro oficio

 


09 enero 2026

María Sanz. Y todo será mudo y amarillo




 

08 enero 2026

A la sombra de las muchachas en flor

 


07 enero 2026

Con Béla Tarr

 



EL CABALLO DE TURÍN
                                           Con Béla Tarr

Ved la desolación de un árbol despojado, 
el látigo del viento, el horizonte inmóvil 
con estatuas de sal talladas por la niebla.
Es la ley de la lluvia, el reino de lo opaco.

Todo lo invade el barro: 
las calles, las paredes y el frío de los caminos. 
Todo se desintegra en sombras sin memoria 
bajo una lluvia fría que cae sobre las almas.
Es el tiempo del juicio en la mañana oscura.

Ved lo que se deshace: la tela de la araña, 
el invierno del mundo, los días sucesivos,
los turbios remolinos circulares,
la tierra desolada bajo un cielo muy bajo.
Es la ley de la espera bajo las hojas secas, 
la llanura baldía y el camino embarrado.

Siempre hay alguien que mira, 
detrás de una ventana, detrás de unos barrotes,
con mirada apagada un mundo sin colores, 
los cristales hirientes del tiempo y el olvido.
Siempre hay alguien que cruza 
bajo el viento constante la llanura infinita.

Porque comienzo y fin son el mismo lugar:
inhóspitos espacios en donde sobreviven 
los cuerpos fatigados y los rostros perplejos
en medio del vacío: 
el sonido, la furia, la ebriedad del idiota.

Siempre hay alguien que espera. Y el tiempo se detiene 
en el hielo nocturno donde tiemblan los sueños 
como tiembla la llama incierta de una vela 
bajo el viento del mundo.

Y la noche que cae sobre esta oscuridad.
Y la última mañana repetida de nuevo.

(De La herida y el cuchillo. Premio Ciudad de Las Palmas. Ediciones La Palma. En prensa)


06 enero 2026

La llama ebria



 

05 enero 2026

Peter Kingsley. Catafalco




 

04 enero 2026

Salvador Espríu. La piel de toro

 


03 enero 2026

Mary Beard. El Partenón

 


02 enero 2026

Andrea Marcolongo. El arte de correr



 


“A lo largo de mis treinta y cuatro años ha habido dos cosas que me han traído al mundo, aparte de mi madre. Dos cosas que no solo me han cambiado la vida, como se suele decir, sino que más bien me han hecho entender la vida y, por lo tanto, en definitiva, vivirla. 
La primera ha sido el griego antiguo, conocido en los pupitres del liceo clásico cuando tenía catorce años. La segunda ha sido correr, actividad con la que me crucé a orillas del Sena en las postrimerías de un verano, hace ya tres años. 
De ese segundo descubrimiento -o, mejor dicho, de esa segunda epifanía- es de lo que pretendo hablar en este libro”, escribe Andrea Marcolongo en El arte de correr, que publica Taurus con traducción de Juan Rabasseda y Teófilo de Lozoya.

Subtitulado De Maratón a Atenas, con alas en los pies, El arte de correr es una reflexión sobre el esfuerzo, a veces doloroso, de la carrera continua, sobre la extraña necesidad de correr y sudar y sobre los antecedentes de esa actividad física en la Grecia clásica.

Apoyada en su experiencia reciente de corredora aficionada que no había hecho nunca deporte, en su determinación de correr los casi 42 kilómetros de la primera maratón que inauguró hace más de dos mil quinientos años, el 12 de septiembre del 490 a. C., el soldado Filípides cuando fue corriendo desde Maratón a Atenas para anunciar la victoria sobre los persas -«Νενικήκαμεν» (¡Hemos vencido!)- antes de caer muerto por el esfuerzo, y en De arte gymnastica, el primer tratado deportivo de la historia, escrito por el filósofo Filóstrato de Atenas en el siglo III d. C., Andrea Marcolongo explora y asume las lecciones de los clásicos en relación con la actividad física y su relación con el pensamiento y con la belleza. De hecho, Σοφία -«sabiduría»- es la primera palabra del tratado de Filóstrato, que defiende en sus primeras líneas que “la gimnástica es un saber no inferior a los otros.”

Cuando siete siglos después de la batalla de Maratón, Filóstrato buscaba una explicación a la decadencia de los griegos, como señala Andrea Marcolongo, “no abrigaba duda alguna: el principio del fin había que localizarlo en la flojera de los músculos de los griegos que eran contemporáneos suyos, espejo perfecto de sus pensamientos fútiles y fofos. Los grandes resultados deportivos de los atletas helénicos en las Olimpiadas eran ya un lejano recuerdo que había que contemplar en las estatuas de mármol deterioradas que reproducían a los vencedores y en los poemas olvidados que cantaban sus gestas. Si bien, como dice el filósofo, «los leones de hoy no son en nada inferiores a los de antes, y lo mismo podría decirse de los perros, los caballos y los toros; en el reino vegetal, las viñas de hoy crecen igual que las de antaño, como también los frutos de la higuera; nada ha cambiado con respecto al oro, la plata y las piedras preciosas; sino que, al contrario, siguiendo los dictámenes de la naturaleza, todas estas cosas son iguales ahora que antaño», es evidente que el carácter de los hombres, que biológicamente siguen siendo idénticos a los de antaño, de repente se ha vuelto muelle debido a la pereza y a la falta de ejercicio: «Aquellas cualidades que brinda la naturaleza han sido deformadas […] a causa de entrenamientos inadecuados y de prácticas poco apropiadas».”

El núcleo de sentido del tratado de Filóstrato “era comprender ante todo qué es el deporte y, por lo tanto, de qué hablamos cuando nos referimos a la actividad física”, explica Marcolongo, que resume así su propio proyecto vital e intelectual en torno al arte de correr entendido no sólo como ejercicio físico sino también como ejercicio intelectual, porque “el entrenamiento no se describe como un camino hacia el éxito, sino como una práctica de resistencia, de repetición, de formación interior. La armonía entre cuerpo y pensamiento no es una metáfora: es una necesidad vital.”

Desde que intuí que detrás de la carrera a pie había mucho más que una cara enrojecida y unas agujetas generalizadas, entender qué es verdaderamente la actividad deportiva me resultó más necesario que nunca. De hecho, enseguida comprendí que el bienestar que sentía después de entrenarme -y algunas pocas veces mientras me entrenaba, si encontraba el valor necesario para guardar las distancias entre la cama y yo- no podía circunscribirse solo a los músculos y su movimiento mecánico. Lo que estaba en movimiento era todo mi ser, físico, mental, emotivo, espiritual, que imploraba que me moviera para estar bien más allá del simple aspecto saludable del asunto. 
Ha sido para arrojar luz sobre todo esto por lo que he hecho del Gimnástico de Filóstrato la principal referencia teórica del presente libro. Las piernas, en cambio, las he puesto yo sola.

Y así se preparó la intrépida autora para correr en solitario, como en 1983 había hecho Murakami (De qué hablo cuando hablo de correr), los 41,8 kms. de distancia entre Maratón y la Acrópolis, porque “los años que he pasado peleándome con la lengua griega para intentar «pensar como pensaban los griegos» me han empujado a cambiar de estrategia; tras estar años sentada ante mi mesa de trabajo rodeada de libros y manuales de gramática, tengo la sensación de que ha llegado para mí el momento de levantarme e intentar «correr como corrían los griegos».”

“En pocas palabras, después de pasarme toda una vida atormentándome para entender qué es el tiempo, correr me ha liberado de esa obsesión, trágicamente proustiana y acto seguido, sin escapatoria posible, me ha impuesto otra: comprender qué hay dentro del tiempo.”

Dejo para terminar esta reflexión en la que nos reconoceremos muchos de quienes, como Murakami en Hawái, como  en París, salimos a correr cada mañana, bajo el sol o la lluvia, con frío o con calor:

A veces me pregunto si todo este andar corriendo de aquí para allá no es más que un intento desesperado de ir más deprisa que el dolor. De una cosa estoy bien segura: todos los corredores que por las mañanas nos obstinamos perversamente en atarnos los cordones de las zapatillas de deporte somos unos grandes masoquistas.



  

01 enero 2026

Una mano al otro lado de la ventana

 


31 diciembre 2025

Stephen Greenblatt. El Renacimiento oscuro

 


30 diciembre 2025

Saavedra Fajardo. Tiempo, vida y fortuna


29 diciembre 2025

Thomas Bernhard. Maestros Antiguos