Antología poética de Mario Lourtau
“La obra poética de María Salgado potencia las capacidades disidentes del lenguaje. Esto es, lo expande, lo disloca y lo separa de sus contextos cotidianos para rastrear sus fallas y contradicciones, aquellas que el propio relato dominante ha ocultado. Su poética lenguajeadora, en ocasiones logofágica, y siempre mordaz, desborda la gramática en busca de una comunicación antihegemónica.”
Se temía uno lo peor después de descifrar ese párrafo en la breve introducción a la poesía de María Salgado, la primera de los veinticinco poetas, no antológicos pero sí antologados, en Un estallido. Pero no tanto como esto:
(poética de tecla insert)
memorizo antes de escribir a no ser que escriba antes de memorizar;
escritura sobre escritura, paso antes que huella, paso que se come las huellas,
pie que se muerde los puños, niño que no nace, viejo que rejuvenece
Escribir o morir alternativamente, ¡oh payador!
(poética de insert-coin)
escribo sin memorizar porque todo lo que no sé se guarda en la hucha de mi escritura;
escritura que se combina con números de suerte en la máquina trucada;
escritura sobre vidrio, retraso en la madera; escritura prohibida en vasos de papel
en el campo de presos de Guantánamo
Oh payador, el mundo se escribe sobre una transacción cerrada en un baldío
(poética koiné)
los disturbios de anoche en Yvelines recuerdan a los de antesdeanoche en Villiers-le-Bel
y a los de dos años atrás en la columna suburbial francesa
tags de transmisión del post: Banlieue, Sarkozy, Marsella, Fuego, Citoyens,
hijos de la patria, payador, sabed: que el jour de gloire est arrivé,
que viene el tiempo de los signos mudos luminosos
Escritura en el efímero en el páramo en la sierpe
(payador 1)
escribo pulsos de neón descabezados, poca luz líquida sobre un inmenso raso negro;
escritura fría — mecanografía; escritura quieta; latido contra chapa
escribo como finjo y sufro alternativamente catalepsia y epilepsia, o el emblema
Ian Curtis da de beber a Santa Teresa
(payador 2)
miedo de que se acabe lo que no ha comenzado; miedo de que caiga la casa sin construir
escribo porque cabe llorar en las inmediaciones de la casa desplomada
o en un terreno infértil holográfico de santos sedientos de electricidad
Oh los impulsos del doble, del triple, del número de desaparición
(payador 1 y 2)
Desdóblale el peso al místico, hace de él la cruz dos místicos;
uno diurno aguarda en silencio, otro nocturno enmudece;
escritura sobre escritura, paso antes que huella, paso que se come las huellas
escriben porque se despliegan hacia donde dure el gasto o
alternati-va-men-te-muerte
(De 31 poemas, Diputación de Málaga, 2010)
Eso, un estallido. En toda la cara.
De esa dedicación de varios años surgen las páginas de este recorrido por la vida y la obra, la discografía y los libros de Pablo Guerrero. Páginas que dibujan también en primer plano un retrato humano del poeta y el cantautor comprometido con su tiempo y con su mundo, de su fragilidad y su timidez, de su bondad sin fondo, tímida y afectuosa.
Unas páginas trabajadas y atravesadas por la admiración, el afecto, el respeto y la discreción con que las ha elaborado Manuel Cañada tras una ardua tarea de documentación a partir de la lectura de su obra poética, de la audición atenta de sus canciones, de las entrevistas con Pablo Guerrero y las conversaciones con sus familiares o con quienes tuvieron una relación cercana con él, entre la amistad y la colaboración, y conocen de cerca su perfil personal y su mundo artístico, de Luis Mendo a Enrique Cidoncha, de Luz Casal a Ismael Serrano o a Olga Manzano.
Y así se remonta a las raíces -el paisaje campesino de la Siberia extremeña, la infancia del asombro y el descubrimiento del mundo en las primeras lecturas con el telón de fondo de la posguerra y la emigración, el bachillerato en el seminario de Badajoz, la primera guitarra a los 16 años y los estudios de Magisterio en Sigüenza y de Filología Hispánica en Madrid, al concierto del Olympia en 1975- y a las etapas de su evolución musical: desde Amapolas y espigas, en el festival de Benidorm de 1969, hasta el último disco Y volvimos a abrazarnos, desde la irrupción de los cantautores y A cántaros al hallazgo de una línea poética y musical propia, apoyada primero en Suso Saiz y luego en Luis Mendo y Nacho Sáenz de Tejada, con hitos como Plata, Luz de tierra, Mundos de andar por casa o la recopilación doble de Lobos sin dueño.
Los últimos apartados del libro describen la trayectoria de la poesía de Pablo Guerrero, cada vez más desligada de su actividad musical, y su poética de la contemplación y la escucha, recogida en la edición de su Poesía completa, a cuya reseña, que se reproduce también en el libro, me remito.
Con la visión panorámica que completa este volumen, profusamente ilustrado y con una amplia y documentada bibliografía y discografía de Pablo Guerrero , Manuel Cañada reivindica desde la cercanía la vigencia, la proximidad y el valor humano de “Pablo Guerrero, poeta-esencia, maestro de dignidad, surtidor de esperanza” y de su obra poética y musical, “que ha estado marcada por la búsqueda y la renovación permanente, que no se ha acomodado y que ha combinado sencillez y experimentación. Que no ha tenido miedo en meterse por trochas nuevas, que ha buscado la armonía de la emoción y el pensamiento, que ha fundido como nadie la ternura y la rebeldía. La ternura no como una coartada para el escapismo ni el solipsismo. La rebeldía, sin caer en el panfleto, en la politiquería, ni en los reclamos publicitarios. Pablo Guerrero ha sido un aerolito libre, un lobo sin dueño, que ha preferido estar en los márgenes antes que claudicar ante el poder.”