Leer Guerra y paz
Para acompañar a un Napoleón acatarrado antes de la batalla decisiva de Borodinó, donde se enfrentan dos incompetencias estratégicas tan paradójicas que quien pierde (Kutúzov, un viejo zorro) gana y quien gana (el Emperador) se busca la ruina que lamentará desde Santa Elena.
Para volver a ver el Moscú vacío e incendiado que se encuentra Napoleón, la retirada de los franceses cuando se ha echado encima el invierno, y la descomposición de su ejército en la estepa nevada de noche.
Para entender que las noches anteriores a las batallas son más intensas y más inolvidables que las batallas mismas, como en el Enrique V de un Shakespeare del que Tolstói renegó y aprendió tanto. Del que aprendió, por ejemplo, que la víspera de Agincourt es una de las cimas de la literatura.
Para volver a irritarse con esa insoportable segunda parte del epílogo, pretenciosa y altisonante.
Y para relajarse con Pierre Bezújov, bastardo y despistado en ese episodio del tricornio de un general que va desplumando hasta que su legítimo dueño le ruega que se lo devuelva.
Para todo eso y para disfrutar de la lectura es esta edición de Guerra y paz que para el Taller de Mario Muchnik preparó Lydia Kúper. Una excelente traducción en un papel ligero para un libro manejable a pesar de sus casi dos mil páginas de agradable tipografía para una lectura descansada.
Esta es, sin duda, la mejor versión en español de Guerra y paz, la que mejor se lee, por la traducción y por el cuidado tipográfico que se ha puesto en su edición.
Para volver a ver el Moscú vacío e incendiado que se encuentra Napoleón, la retirada de los franceses cuando se ha echado encima el invierno, y la descomposición de su ejército en la estepa nevada de noche.
Para entender que las noches anteriores a las batallas son más intensas y más inolvidables que las batallas mismas, como en el Enrique V de un Shakespeare del que Tolstói renegó y aprendió tanto. Del que aprendió, por ejemplo, que la víspera de Agincourt es una de las cimas de la literatura.
Para volver a irritarse con esa insoportable segunda parte del epílogo, pretenciosa y altisonante.
Y para relajarse con Pierre Bezújov, bastardo y despistado en ese episodio del tricornio de un general que va desplumando hasta que su legítimo dueño le ruega que se lo devuelva.
Para todo eso y para disfrutar de la lectura es esta edición de Guerra y paz que para el Taller de Mario Muchnik preparó Lydia Kúper. Una excelente traducción en un papel ligero para un libro manejable a pesar de sus casi dos mil páginas de agradable tipografía para una lectura descansada.
Esta es, sin duda, la mejor versión en español de Guerra y paz, la que mejor se lee, por la traducción y por el cuidado tipográfico que se ha puesto en su edición.

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