Leyendo bajo la lluvia
No está el tiempo para más puentes que los de la memoria o los que sirven para protegerse de la lluvia que acude con puntualidad ecuatorial a estas tardes todavía suaves del final del otoño.
Debajo del puente recién comenzado leo a dos poetas que hablan de otros poetas, o sea de sí mismos. No sólo con planteamientos estéticos muy diversos. Desde distintos tiempos y distintos espacios, Joseph Brodsky (Menos que uno. Ensayos escogidos. Siruela) y Luis García Montero (Los dueños del vacío. Tusquets) escriben sobre poesía y poetas, sobre identidades y vínculos, como avisa el subtítulo que García Montero ha puesto al frente de una colección de ensayos sobre Lorca, Alberti, Neruda, Cernuda o San Juan.
Los poetas de los que habla Brodsky son otros, de Mandelstam a la Ajmátova, de Auden a Derek Walcott, pero en el fondo ambos libros comparten, por encima de la doble condición de poetas y críticos de sus autores, por encima del azar editorial que los ha puesto a la vez en el mismo estante de las librerías, la vinculación semántica de sus títulos y la misma preocupación por fundir en el análisis teoría y práctica, sociedad y creación, palabra e ideología.
Que llueva, que llueva.
Debajo del puente recién comenzado leo a dos poetas que hablan de otros poetas, o sea de sí mismos. No sólo con planteamientos estéticos muy diversos. Desde distintos tiempos y distintos espacios, Joseph Brodsky (Menos que uno. Ensayos escogidos. Siruela) y Luis García Montero (Los dueños del vacío. Tusquets) escriben sobre poesía y poetas, sobre identidades y vínculos, como avisa el subtítulo que García Montero ha puesto al frente de una colección de ensayos sobre Lorca, Alberti, Neruda, Cernuda o San Juan.
Los poetas de los que habla Brodsky son otros, de Mandelstam a la Ajmátova, de Auden a Derek Walcott, pero en el fondo ambos libros comparten, por encima de la doble condición de poetas y críticos de sus autores, por encima del azar editorial que los ha puesto a la vez en el mismo estante de las librerías, la vinculación semántica de sus títulos y la misma preocupación por fundir en el análisis teoría y práctica, sociedad y creación, palabra e ideología.
Que llueva, que llueva.

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