Obituari (o)
Retrato del conde Guillem de Tolosa
Igual que el rayo o una granizada
fuiste causa de ruinas y de daños;
tú que amabas los labios carmesíes
aún más que a tus halcones y caballos.
A Bernat, pacientísimo escudero,
que —muerto el conde— meó sobre el rostro
de su señor, sin ningún respeto
que —muerto el conde— meó sobre el rostro
de su señor, sin ningún respeto
Igual que el rayo o una granizada
fuiste causa de ruinas y de daños;
tú que amabas los labios carmesíes
aún más que a tus halcones y caballos.
Amondongado y con el vientre flojo,
gozabas del derecho de pernada
sobre las hembras de la servidumbre,
caldeando tu cama sin frazada.
Ahora, cerdo prepotente y craso,
con la muerte grabada en el semblante
y el pecho de una flecha traspasado,
con gozo —vil señor— sobre tu cara
relajo los esfínteres y orino:
me meo en ti y disfruto la meada.
gozabas del derecho de pernada
sobre las hembras de la servidumbre,
caldeando tu cama sin frazada.
Ahora, cerdo prepotente y craso,
con la muerte grabada en el semblante
y el pecho de una flecha traspasado,
con gozo —vil señor— sobre tu cara
relajo los esfínteres y orino:
me meo en ti y disfruto la meada.
(Gerard Vergés. La raíz de la mandrágora.
Traducción de Ramón García Mateos.
La Poesía, Señor Hidalgo.
Barcelona, 2005.)
Traducción de Ramón García Mateos.
La Poesía, Señor Hidalgo.
Barcelona, 2005.)

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