01 junio 2007

Hemingway narra en español

Aunque parezca mentira, hasta ahora no se habían traducido al español algunos de los mejores cuentos de Hemingway. Se habían puesto alguna vez en una especie de lingua franca hispánica, en una mezcla de tejano, portorriqueño y caribeño en la que la tocineta convivía con las arvejas y las papas con el sobretodo. Los cuatro ejemplos de traducción lamentable los tomo de Los asesinos, que leído en esa versión produce aversión en cualquier lector de oído medianamente educado.

Por eso, la traducción que publica Lumen de los Cuentos de Hemingway es particularmente importante y viene a llegar un vacío escandaloso. La traducción la ha hecho Damián Alou, acreditado traductor de un género tan habitualmente intraducible como la poesía.

Precedidos de un prólogo en el que García Márquez evoca el día en que vio a Hemingway de lejos en París y le llamó maestro, se recogen en este volumen Los cuarenta y nueve primeros relatos, una recopilación que publicó en 1939 y que es la parte más interesante de la obra del norteamericano. Están aquí, entre esos cuarenta y nueve cuentos, algunos de los mejores de su autor, de la literatura norteamericana y del siglo XX.

Muchos de estos cuentos son obras maestras fáciles de parodiar e inmunes al olvido. Esas palabras son de Harold Bloom, que detectó ese carácter magistral y aludió a que Hemingway practicó con frecuencia la autoparodia involuntaria que le llevó al fracaso estético de El viejo y el mar.

Cuentos como Los asesinos, Las nieves del Kilimanjaro, Un gato bajo la lluvia o Colinas como elefantes blancos que figuran entre los más leídos de su autor y que constituyen modelos memorables y lecciones continuas de la técnica del relato corto.

Fue en estas distancias cortas donde Hemingway demostró su mayor capacidad. Y al igual que en el boxeo o la tauromaquia, dos de las más conocidas aficiones de Hemingway, en el cuento todo es cuestión de distancia, geometría y precisión. No decía ninguna tontería Cortázar, otro apasionado del boxeo cuando, desde su esquina, recomendaba el k.o. para el cuento y la victoria a los puntos para la novela.

Con ese aliento genial pero de corta duración, Hemingway crea en sus cuentos un mundo de perdedores y de idealistas fracasados, de personajes maltratados por la vida y abocados a la muerte. En muchos de estos cuentos, a lo largo de seiscientas páginas de buena literatura, resuenan las voces de Shakespeare y de Withman, y los silencios, porque la escritura de un cuento sólo funciona si por encima del agua, como en un iceberg, sólo emerge la octava parte de su volumen.

Las traducciones de Damián Alou consiguen que el lector de estos relatos en español ya no tenga esa sensación de estar ante una versión degradada de lo que escribió aquel maestro al que saludó a voces García Márquez en el boulevard Saint Michel.

Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores