30 noviembre 2007

El enigma de la luz

Cees Nooteboom realiza en El enigma de la luz, que acaba de publicar Siruela, un viaje hacia la belleza y el misterio de la pintura, un diálogo con el arte y consigo mismo en el que la mirada del escritor se detiene en la imagen con emoción, nostalgia, admiración o placer.

El enigma de la luz es la narración de ese viaje en busca de la belleza por museos, iglesias y palacios de todo el mundo, en un lugar intermedio donde confluyen la mirada del escritor y la del pintor, un lugar donde se oye en un cuadro de Vermeer, La lección de música interrumpida, la voz de una muchacha holandesa.

Porque la pintura tiene en Nooteboom una consistencia narrativa y propone un relato con argumento, personajes, ambientes y situaciones que no son el resultado del análisis técnico, sino el de la intuición del voyeur que ha escrito en estas líneas la clave del libro:

Un poeta que ama a un pintor no puede remediar ver los cuadros de este como seres vivos, como personas incluso, o, cuando menos, como objetos con un universo propio que el cuadro permite visualizar.

Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores