26 noviembre 2007

Voces de humo

Escribir cuentos, como escribir poemas, es un trabajo delicado que no debe proceder nunca con prisas ni incurrir en traiciones a ese mundo que previamente se ha forjado el escritor.

Esa reflexión de Pablo Andrés Escapa (León, 1964), que forma parte de la Poética recogida en el colectivo El arquero inmóvil, resume las claves de su literatura, que se habían concretado hasta ahora en un primer libro de relatos de altísima calidad, Las elipsis del cronista.

Tanto en aquel libro como en estas Voces de humo, que acaba de publicar Páginas de Espuma, la palabra de Escapa tiene la consistencia y el peso específico de la palabra poética. Y esa virtud, que suele ocasionar un indeseable efecto antinarrativo, es aquí un elemento fundamental que hace del cómo (el tono, el enfoque, la voz narrativa) la materia esencial del cuento.

Coleridge definía la poesía como el resultado de las mejores palabras en el mejor orden. A ese planteamiento parece responder la prosa de Pablo Andrés Escapa, su buen oído y el ritmo armonioso de una frase limpia y natural de tan trabajada, las metáforas que crean un mundo animado por la mirada emocionada del caminante y habitado por personajes que saben lo difícil que es contar el mar y comprender al pájaro, descifrar la espiga y asentar el oro.

Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores