24 enero 2008

Las sombras errantes

Cualquier sombra que rodee nuestro cuerpo pertenece a la escena que no se hace jamás visible, ya que se trata de la escena que está en nuestro origen. No podemos ni escuchar ni ver a los que nos hacen, ni lo que nos hace, ni cómo se hacía antes de que fuésemos. Los hombres se suelen olvidar de que no son antes de ser. Sin embargo mentimos: siempre pensamos que hemos oído algo en la sombra, antes de salir al aire de la atmósfera, antes de que nuestros ojos se abriesen a la luz del sol. Nos hemos hecho en la sombra. Pasivamente en la sombra. Somos los frutos de la oreja sin párpados de la sombra.

Es uno de los textos que forman parte de Las sombras errantes, de Pascal Quignard (1948), uno de los grandes escritores franceses actuales. Es el primer volumen de la serie El último reino y lo ha publicado la editorial Elipsis, con traducción de Manuel Arranz, que ha resuelto con brillantez la nada fácil tarea de traducir la tensión de la prosa de Quignard.

La fragmentación es el alma del arte, escribe Quignard. Y eso son en gran medida estas Sombras errantes: literatura del fragmento que renuncia a las imágenes totalizadoras de la realidad, se levanta sobre el fracaso de las ideologías y participa de la narrativa, el poema en prosa, el cuaderno de notas.

Cuentos y anécdotas, ficción y realidad, vidas falsas, citas reales y apócrifas recorren una literatura que se nutre más del sueño y la alucinación que de la realidad. Quignard narra el recuerdo y evoca a las sombras errantes en un libro de género omnívoro que sin embargo no pretende engañar al lector, sino hacerle partícipe de una aventura intelectual y estética sin parangón en la literatura de las últimas décadas.

Soy un apasionado -declaraba Quignard no hace mucho- de tres cosas que quedarán del siglo XX: la etnología, el psicoanálisis y la lingüística. Esas tres disciplinas están muy próximas al arte de contar cuentos. En el fondo, estoy más cerca del cuento que de la novela. Muy próximo al arte de contar anécdotas, cuentos, sueños, como los que nos asaltan cada noche y cada mañana nos dejan más perplejos.

Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores