24 febrero 2008

Rubén Darío

Todo lo renovó Darío - escribía Borges en 1967-: la materia, el vocabulario, la métrica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores. Su labor no ha cesado ni cesará. Quienes alguna vez lo combatimos comprendemos hoy que lo continuamos. Lo podemos llamar libertador.

Y añadía: Variar la entonación de un idioma, afinar su música, es quizá la obra capital del poeta.

El primer volumen de las Obras Completas de Rubén Darío, con su Poesía, es el resultado de un trabajo de más de tres años de Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Una edición dirigida por el crítico Julio Ortega, autor de la introducción general de la obra, que en este primer volumen incluye también un prólogo de José Emilio Pacheco sobre el Modernismo, sus temas y actitudes, sus raíces parnasianas y simbolistas, sobre sus claves musicales y sobre el diálogo entre Europa y América o entre tradición y modernidad del que surge la poesía de Rubén.

A la hora de organizar la edición de una obra tan extensa y compleja como la de Rubén, que ocupa un tomo de 1.200 páginas, Julio Ortega ha hecho una inteligente propuesta de lectura que no se rige por criterios cronológicos, sino estéticos.

Rubén fue un moderno, no sólo un modernista, que concibió la literatura como una gran conversación. El diálogo fue -lo subraya Julio Ortega- su vocación y su teoría poética. Diálogo con otras culturas, con otras literaturas, con otras épocas, del que surge esa síntesis entre lo antiguo y lo moderno, entre lo francés y lo hispánico, entre lo europeo y lo americano.

Sin el influjo determinante de Rubén, autor de una obra que con Azul y Prosas profanas cambió el rumbo de la poesía española e hispanoamericana, no hubiera sido posible nada de lo que vino después. La importancia de la renovación métrica y rítmica, su revitalización de la lengua poética lo sitúan en un nivel de influencia comparable sólo con Garcilaso. Ambos son los límites que marcan un antes y un después en la poesía en español.

Lo explicaba de manera muy gráfica Danilo López en un reciente congreso sobre Rubén:

Rubén Darío inventó la rueda. Pero en vez de hacerla cuadrada, como todos la conocían, la hizo esférica. No redonda, como otros la inventarían después. Esférica.

El alcance de la renovación va más allá de la mera métrica o de cuestiones rítmicas. Con autores como ellos es fácil comprender que la poesía es sobre todo cuestión de voz, es decir, de tono y de timbre. Desde Garcilaso no hay una renovación poética comparable en importancia y transcendencia a la del Modernismo. Y es que si el toledano puso al español a dialogar con la poesía italiana y con Petrarca, Rubén la pone en contacto con la francesa a través de Hugo y de Verlaine, como Cernuda o Gil de Biedma harían luego con la poesía inglesa.


Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores