01 febrero 2008

Taratachín

Puesto ya el pie en el estribo para pasar en Cádiz estos carnavales, para esa inmersión en el compás del tres por cuatro y de las falsetas de los coros, que aprendieron su ritmo de las barquillas de la Caleta -ay, Fernando Quiñones, en el paseo por el Puente Canal hasta el Castillo de San Sebastián- llevo una semana acostumbrando el oído a los tangos gaditanos y al taratachín de los callejones, al tirititrán de los duros antiguos y las viejas ricas en la plaza del Tío de la tiza y a la bulla viñera del Corralón de los Carros.

Un poco más allá sigue cantando Beni de Cádiz por bulerí despací ("Dehe el Coto a Bajo Guía...") y el Pericón, los tanguillos del troli.

Esta noche es la final del Falla. Y allí estará el coro de Quico Zamora y Fali Pastrana, la Orquesta Cádiz, reivindicativa y valiente en letra y música. Aunque no ganen, el lunes estarán en el carrusel de coros de la plaza de la Libertad y en San Juan de Dios, entre erizos y tortillitas de camarones del Manteca y medias botellas de manzanilla, con gafas de sol, aunque llueva, que las gafas de sol no son por el sol. Y allí también los incondicionales, acompañando con palmas de tango.

Los poetas del taratachín
ya se van por el Puente Canal.