14 junio 2011

Borges


Otro 14 de junio como hoy, hace veinticinco años, moría en Ginebra Jorge Luis Borges. Está enterrado en el cementerio de Plain Palais, bajo esa lápida de piedra blanca en la que figura su nombre sobre un grabado circular con siete guerreros sajones.

Entre el grabado y la cruz de Gales que precede a los años que delimitan su vida (1899-1986) una inscripción And ne forhtedon na -Y que no temiera- que reproduce un verso de La balada de Maldon, un relato épico en anglosajón antiguo.

Quien yace bajo esa lápida, uno de los más altos escritores que ha dado la lengua castellana, había publicado diez años antes, en La moneda de hierro, esta desolada confidencia que tituló El Remordimiento

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
la sombra de haber sido un desdichado.