21 junio 2015

Retrato de vate



Logolalias vacías, trabalenguas absurdos, ocurrencias sin sustancia... 

Aunque se jactaba de su independencia, cada amanecer, antes de que cantara el mirlo, sus contemporáneos tuvieron que soportar que los persiguiese por el foro público recitándoles aquellos versos demenciados, carentes de sentido.

Los mejores de esos versos no eran suyos, que se los había robado a los maestros antiguos, pero fuimos piadosos con su decrepitud vanidosa y, como quien ve hurtar a un mendigo con disimulo una pieza de fruta en el mercado, miramos para otro lado y nada dijimos. 

Seudo Calístenes, siglo IV a.C.