21 abril 2026

Rilke. Obra poética temprana

 

 



 
Poesías tempranas es el título bajo el que Rainer María Rilke (Praga 1875-Montreux, 1926) reunió en 1909 la versión muy revisada de su Celebración de mí mismo y La princesa blanca, dos obras que había publicado diez  años antes, en 1899. Y ese adjetivo es el que ha elegido Ediciones Linteo como título del volumen que, cuando se cumple el centenario de la muerte del poeta, agrupa en una monumental edición bilingüe los ocho primeros libros de Rilke con traducción de José Luis Reina Palazón y sendas introducciones de Antonio Colinas y Manuel Ramos.

Ofrenda a los lares, Coronado de sueños, Adviento, Celebración de mí mismo, La princesa blanca, La tonada de amor y muerte del corneta Christoph Rilke, El Libro de horas y El Libro de las imágenes son las obras reunidas del primer Rilke en este volumen de la imprescindible colección Linteo Poesía.

La etapa praguense de la obra de Rilke abarca cuatro años, de 1894 a 1897: desde los insinceros y convencionales textos sobre la Praga de su infancia de Ofrenda a los lares a la poesía intimista, la reflexión existencial y artística de Coronado de sueños y al seminal Adviento, que explora ya algunos temas como el  silencio, la espiritualidad, el paisaje invernal y navideño como espejo del estado de ánimo del poeta o la soledad y que convierte el primer poema de Ofrendas, la primera sección del libro, en un programa vital y poético que irá cumpliendo en libros posteriores:

Ésta es mi osadía:
al anhelo delicado
ir divagando por todos los días.
Después, fuerte, ampliado,
con miles de raíces extendidas
en lo profundo agarrar la vida —
¡y por el sufrimiento madurar 
de la vida madurar la partida,
amplia desde el tiempo!

Cuando Rilke se instala en agosto de 1898 en la periferia de Berlín, en Villa Waldfrieden, muy cerca de donde vivía Lou Andreas-Salomé, se inicia una etapa de dos años fecundos e inspirados en los que escribe los noventa y cinco poemas de la Celebración de mí mismo, que anticipan el tono, la mirada impresionista y simbolista a la naturaleza y la vaga religiosidad de fondo de El Libro de horas, además de los poemas de la primera parte de ese libro -la titulada El libro de la vida monástica-, a la que pertenece este conocido texto:

¿Qué vas a hacer, Dios, cuando yo muera? 
Yo soy tu cántaro (¿cuando me rompa?)
Yo soy tu bebida (¿cuando me corrompa?)
Soy tu vestidura y tu cometido,
conmigo pierdes tu sentido.

Ya no tendrás casa, si me voy, 
en la que palabras te hayan saludado 
cálidas, cercanas. Cae de tus pies cansados 
la sandalia de terciopelo que yo soy.

Tu manto inmenso te deja descubierto. 
Acoge como una almohada 
mi cálida mejilla a tu mirada 
que vendrá, me buscará, largo por cierto, 
y reposará al ocaso
de unas piedras extrañas en el regazo.

¿Qué vas a hacer, Dios? Estoy incierto.

A la tercera parte -Libro de la pobreza y de la muerte- de ese Libro de horas, el tríptico poético que culmina su primera época literaria y es su obra más extensa con diferencia, pertenecen estas estrofas:

Tú eres el pobre, el de recursos falto, 
eres la piedra que no tiene oquedad, 
tú eres el leproso alejado del asfalto, 
con su carraca en redor de la ciudad.

Pues nada es tuyo, como no lo es del viento, 
y apenas cubre tu desnudez la celebridad; 
el trajecito de un huérfano sin lucimiento 
es más espléndido y como una propiedad.

Tú eres tan pobre como la fuerza de un embrión 
en una muchacha que ocultarlo quisiera 
y en su embarazo aprieta las caderas 
para ahogar su primera respiración.

Y tú eres pobre: como lluvia en primavera, 
que feliz en los tejados cae de la ciudad, 
como el deseo que unos presos tuvieran 
en una celda sin mundo en la eternidad. 
Y como enfermos, que cambian de postura 
y son felices; como las flores entre las vías 
tan tristes de los viajes en el viento de locura; 
y como la mano, tan pobre, en que se lloraría...

Aquellos veinticinco meses que marcaron la transición de un siglo a otro fueron tiempos de escritura febril en los que Rilke compuso además el poema escénico y lírico sobre la vida y la muerte que tituló La princesa blanca, La tonada de amor y muerte del corneta Christoph Rilke, un poema nostálgico ambientado a mediados del siglo XVII, que escribió de un tirón en una “tormentosa noche de otoño”, y una treintena de los textos que formarían parte de El libro de las imágenes, el último de los que recoge este volumen. Lo cierran, muy significativamente, el Réquiem a Clara Westhoff y este sombrío Fragmento final:

La muerte es grande.
Somos sus bocas rientes.
Cuando en medio de la vida creemos estar,
ella se atreve a llorar
en medio de las gentes.

“Entre el idealismo de El Libro de horas y el realismo de El libro de las imágenes -escribió Antonio Pau en su admirable biografía Vida de Rilke. La belleza y el espanto- se podría pensar que ha transcurrido una década en la vida de su autor, y son, sin embargo, dos obras rigurosamente contemporáneas.”

Porque con El libro de las imágenes y su mirada a temas como el amor y la muerte, el tiempo, la naturaleza o la belleza, Rilke pasó del panteísmo místico y la subjetividad primordial del Libro de horas a una transición hacia la poesía objetiva que caracterizaría años después su segunda etapa, la de los poemas-cosa que recogió en sus Nuevos poemas en 1907.

En los lieder de Las voces, situados al final del Libro de las imágenes (la canción del mendigo, la del ciego, la del suicida, la de la huérfana o el leproso), Rilke es todavía un poeta tardorromántico que va construyendo una voz propia, algo insegura aún y todavía en crecimiento, que culminaría en la poesía visionaria de su tercera etapa. 

Una voz en construcción que se nutre de un poderoso universo simbólico al que dedica Antonio Colinas el texto introductorio “Los símbolos del origen”, en donde alude a esos símbolos “que pasarán con el transcurso del tiempo a ser cardinales en el resto de sus obras. Así el del ángel, la casa, la noche, la infancia o las estaciones del año.” 

Y a reconstruir todo ese proceso evolutivo de la creación rilkeana dedica Manuel Ramos el segundo texto introductorio, “Rilke. Vida y obra poética”. Dedicado a la memoria del traductor, José Luis Reina Palazón, fallecido en septiembre de 2025, es una visión panorámica de la vida y la obra de Rilke, desde los años praguenses de infancia y formación hasta la escritura portentosa de los Elegías de Duino y los Sonetos a Orfeo, sus últimos años de vida y la rosa de su epitafio, una rosa que tiene existencia plena y una voz propia, como el poeta. [...] Nos quedará siempre -concluye Ramos- su Obra y el legado que esta encierra.”

La de esta Obra temprana es una voz admirable que aún no alcanza las cimas sobrehumanas de las Elegías de Duino y los Sonetos a Orfeo, pero ya estaba en el camino. Era el comienzo imprescindible de su ascensión sostenida de la que este volumen es una espléndida muestra.