Comenzar el olvido
Pedro se detuvo en el vano de la puerta. Afuera, en la negrura del descampado, un ejército de grillos entorpecía la calma vespertina. A lo lejos se adivinaba el balanceo de un farol en el bar de Juvi. Aguzó el oído por si todavía llegara el rescoldo de la música. Buscó, en el bolsillo de la camisa, el tabaco y los fósforos. Chasqueó una cerilla en el revestimiento de hojalata de la chabola. Le pareció escuchar voces, en la distancia. Después el viento le trajo un ladrido. El fulgor del mixto iluminó su rostro un momento. Visto desde otro ángulo, Pedro era ahora solo la brasa del pitillo que rasgaba, con cada calada, el sopor del tardío crepúsculo estival.
Con ese párrafo, que tiene ecos en su mirada cinematográfica, en su ritmo sintáctico y en su lenguaje impresionista de las mejores obras de Jesús Fernández Santos y de Ignacio Aldecoa, inicia Pepo Paz Saz su primera novela, Comenzar el olvido, que publica Reino de Cordelia.
Construida en tres partes (Muñecas de cera, La obediencia y Comenzar el olvido), subdivididas en breves capítulos y unificadas narrativamente en torno a la figura autobiográfica de Manu, que se mezcla con otras voces presentes en el texto, Comenzar el olvido proyecta una mirada crítica a la Transición a partir de dos muertes femeninas violentas: la de Natividad Romero, cuyo cadáver estrangulado aparece en una tinaja en el poblado chabolista de Las Cárcavas de Hortaleza en agosto de 1969, y la de Mariluz Nájera, muerta en Madrid, en la calle Libreros, esquina a Gran Vía, por el impacto de un bote de humo en febrero de 1977, en una manifestación por la amnistía.
La cierra un Epílogo, La vida rota, que concluye con estas líneas:
De repente un grupo de chavales de unos trece años atravesó la escena entonando el Cara al sol. Levantaban el brazo emulando el saludo romano, los rostros desencajados. Anabel y Manu se miraron sobresaltados y la fatiga de cincuenta años se reflejó de golpe en la desazón de sus ojos.
Como en los relatos de Las demás muertes, la colección de cuentos que publicó en 2018, memoria y autobiografía son los ejes de esta novela que confirma la solvencia narrativa de Pepo Paz y su eficaz manejo del punto de vista y el tempo del relato, su capacidad para expresar el peso determinante del pasado en el presente y para involucrar al lector en la materia argumental de la novela y en el trepidante ritmo de los acontecimientos evocados, reconstruidos y narrados.
Con la guerra de Vietnam y los estertores del franquismo al fondo, entre los suburbios de Hortaleza, Fuenlabrada y Cuatro Caminos, de la Ciudad Universitaria y las cargas de la policía a la redacción de un periódico y el terrorismo, una crónica doble que tiene menos de testimonio del pasado que de reivindicación de la memoria de la infancia y la adolescencia.
Una crónica que adquiere la forma de una reconstrucción novelística dictada por el recuerdo personal y matizada por la perspectiva vital e ideológica del presente, porque -como reconoce la Nota del autor que remata el volumen- “casi todo lo que se cuenta en esta novela es una ficción…¿Acaso la memoria no es eso, ficción?”


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