Haikus del olivar de José Antonio Santano
Allí florece,
en su imperio de olivos,
luz de Atenea.
***
Allá por Víznar,
entre verdes olivos,
olvido y muerte.
***
La noche es tránsito,
residencia de lunas,
negra aceituna.
Son tres ejemplos de La luna en el olivar, el cancionero de haikus de José Antonio Santano, poeta de prolongada y sólida trayectoria, que reunió en el volumen Silencio, donde recopiló su obra entre 1994 y 2021.
A esa recopilación se han ido sumando nuevas entregas poéticas como esta, admirablemente editada por la editorial granadina Alhulia en un volumen ilustrado con dibujos del propio autor y presentado por un prólogo en el que Salvador Compán destaca que “lo que domina en La luna en el olivar es ante todo la emoción desnuda ante la belleza del paisaje y la constancia de un olivo humanizado que interpela continuamente al poeta que gime, o abraza, canta o sueña.”
Lo cierra un epílogo de Jesús L. Serrano Reyes, que subraya que “el tiempo y el espacio mediterráneo se concentran en estas páginas, en la cruz vital del aquí y ahora, para saborear el fruto licuado por el poeta, redimensionado en la música.”
Un cancionero sutil que convoca la emoción y la memoria, la vida y la palabra a la sombra milenaria del árbol sagrado de Minerva que sobrevuela la lechuza en la noche del olivar. Es la misma lechuza que vio volar Antonio Machado entre Úbeda y Baeza en versos que presagiaban estos haikus:
Sobre el olivar,
se vio la lechuza
volar y volar.
Sobre el tiempo sin tiempo que evoca a Palas Atenea en el árbol de la paz que hizo brotar con su lanza para iluminar las noches de los hombres y sanar sus heridas, bajo la luna llena y sobre el perfume ancestral del aceite sanador aún siguen aleteando versos tan evocadores como estos de José Antonio Santano, que vienen desde el fondo mítico de bronce de un tiempo inmemorial:
Guadalquivir,
entre lunas de plata,
mares de olivos.

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