Astrología y literatura
Si pasamos ahora a la historia de la literatura, el período de 1720-1721 de la conjunción de Júpiter y Urano que produjo los Conciertos de Brandeburgo también coincidió con el comienzo de la gran sátira de Jonathan Swift, Los viajes de Gulliver. Los alineamientos del ciclo de Júpiter-Urano coinciden regularmente con obras creativas que destacan por su magnitud impactante o por una sorprendente expansión de los límites convencionales, lo que puede entenderse como expresión de la dirección dinámica Urano-Júpiter, con la súbita liberación del impulso a la grandeza y la expansión y su encarnación creadora por vías sorprendentes. La Heroica de Beethoven es, por supuesto, un ejemplo clásico en el campo musical, que por la expansión sin precedentes de la magnitud de la orquesta, la longitud de cada movimiento y de la sinfonía entera -por no hablar de la magnitud del sonido mismo-, trascendía con mucho los límites establecidos por Mozart y Haydn. Una modalidad distinta de este mismo tema de las magnitudes creadoras asombrosas la encontramos en Los viajes de Gulliver, tanto en la experiencia del repentino encuentro de los liliputienses con el portentoso gigantismo de Gulliver como, a la inversa, en la sobrecogedora experiencia de Gulliver en Brobdingnag, la tierra de los gigantes.
En la historia de la literatura, que tiene tantos autores y obras importantes y constituye una amplísima base de datos, el modelo sincrónico y el diacrónico son particularmente ricos y ramificados. Cada alineamiento axial de Júpiter y Urano coincidió sistemáticamente con una insólita multiplicidad de hitos creativos en la literatura, y los alineamientos posteriores de esos mismos planetas coinciden con olas similares de creatividad literaria cuya estrecha conexión arquetípica e histórica sugiere con gran fuerza la existencia de patrones cíclicos.
Por ejemplo, cuando investigué una época literaria bien conocida por su carácter revolucionario, las dos primeras décadas del siglo XX, examiné las posibles correlaciones con el ciclo de Júpiter-Urano de diversos escritores que, en conjunto, habían producido la transformación radical de la literatura moderna en ese momento: Joyce, Proust, Kafka, Pound, Eliot, Stein, Lawrence y Woolf. La conjunción de Júpiter y Urano que corresponde a ese período general se hallaba a menos de 15° de la posición exacta en los catorce meses en torno a 1914: de diciembre de 1913 a enero de 1915. Cuando revisé las biografías correspondientes a este breve período, muy pronto tuve claro que estos catorce meses específicos fueron cruciales prácticamente para todos esos escritores y que vieron nacer un extraordinario número de obras fundamentales de la literatura del siglo XX. Tras años de escritura y desarrollo artístico en solitario, Joyce publicó durante esos meses sus dos primeras obras, Dublineses y Retrato del artista adolescente; durante esta misma época empezó su obra maestra, Ulises (que terminó siete años después, bajo la oposición siguiente de Júpiter y Urano). En ese momento, en un giro radical en su carrera, T. S. Eliot se trasladó de Estados Unidos a Inglaterra y empezó su fértil asociación con Ezra Pound. Éste, que descubrió e inició ese año la publicación por entregas de Retrato del artista adolescente y descubrió también el primer poema importante de Eliot, «Canción de amor de J. Alfred Prufrock», publicó ese mismo año de 1914 la primera antología de poesía imaginista, Des Imagistes, y, con Wyndham Lewis, dio comienzo a la revista vorticista Blast. En el mismo año, William Butler Yeats publicó su Responsabilidades y otros poemas, que reflejaba análogamente la nueva estética modernista, mientras que Gertrude Stein publicaba su volumen de poemas más explícitamente «cubistas», Brotes tiernos. Wallace Stevens publicó ese año sus primeros poemas, mientras que Robert Frost publicó Al norte de Boston, que contenía muchos de sus poemas más conocidos, como «Mending Wall» y «The death of the Hired Man». D. H. Lawrence publicó su primer volumen de cuentos, El oficial prusiano y otros relatos, mientras escribía también en esos meses la primera de sus mayores novelas, El arco iris. Y en esos mismos meses, Franz Kafka escribía El proceso, su primera novela importante. En el mes inmediatamente anterior a la entrada de la conjunción en el orbe de 15°, en noviembre de 1913, Marcel Proust había publicado a sus expensas el primer volumen de En busca del tiempo perdido.
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La historia de la novela modernista sugiere, pues, un patrón diacrónico de desarrollo en estrecha correlación con las tres primeras conjunciones de Júpiter y Urano del siglo XX, que, con perspectiva histórica, pueden considerarse en coincidencia con el inicio o la publicación de los libros más significativos y decisivos de la revolución literaria: Los embajadores, de James, como la gran precursora; En busca del tiempo perdido, de Proust, Ulises, de Joyce (y, en una línea distinta del modernismo, El proceso, de Kafka), como las obras plenamente logradas en la primera generación, y Al faro, de Woolf, y El ruido y la furia, de Faulkner, en la generación siguiente.
En cualquier época literaria estudiada se encuentran patrones comparables. Por ejemplo, los hitos más importantes de la literatura inglesa de Spenser a Milton tuvieron lugar en precisa coincidencia con los principales hitos de la Revolución Científica ya mencionados, que implican a Kepler, Galileo, Descartes y Newton. Durante la conjunción de 1595-1596 Edmund Spenser publicó su obra maestra, La reina de las hadas; en la conjunción siguiente, la de 1609-1610, se produjo la primera edición de los Sonetos de William Shakespeare; en la conjunción de 1623-1624 tuvo lugar la primera edición, conocida como First Folio, de las piezas teatrales de Shakespeare; durante la conjunción siguiente, la de 1637-1638, se publicó Lycidas, de John Milton, uno de los poemas más importantes de la lengua inglesa; y durante la conjunción de 1665-1666, Milton terminó su obra maestra, El paraíso perdido. Para seguir la secuencia, en la oposición siguiente, la de 1671-1672, se publicó El paraíso recuperado y su última gran obra, Sansón Agonista.
En esos llamativos párrafos expresa Richard Tarnas, profesor de filosofía y psicología en California, la relación entre las conjunciones astrales y la creatividad artística en uno de los capítulos centrales de su monumental Cosmos y Psique, que alcanza ahora su quinta edición en Atalanta con traducción de Marco Aurelio Galmarini.
Subtitulado Indicios para una nueva visión del mundo, de su ambición de totalidad y de la amplitud de sus enfoques son un buen resumen el amplio índice onomástico y las guardas de la primera edición, renovadas y aumentadas en esta quinta:
Y así, de Agustín de Hipona a Ingmar Bergman, de los Beatles a Petrarca, de Platón a Schubert, de Safo a Robespierre o dé Tolstói a Orson Welles, Tarmas decanta en Cosmos y Psique treinta años de investigación y elaboración de un trabajo que se concreta en este imponente volumen cuyas ochocientas páginas contienen una visión panorámica del mundo, el conocimiento, la ciencia y el arte.
Una visión que, desde la reivindicación de la cosmología, cuestiona las limitaciones del modelo racionalista que origina el positivismo científico y materialista característico de la modernidad para reivindicar la conexión entre el cosmos y la psique y su respiración acompasada misteriosamente, los vínculos entre los arquetipos planetarios del universo y las construcciones culturales que levantan el pequeño mundo del hombre.
Una propuesta sostenida en una documentación abrumadora, aunque de discutible interpretación, que defiende la vinculación entre la astrología y la crítica cultural o entre los arquetipos junguianos de la psicología y la literatura.
Y en definitiva las correspondencias entre los acontecimientos históricos y las cambiantes posiciones planetarias para “descubrir las profundidades y la rica complejidad del cosmos” y para proponer nuevas “vías de conocimiento que integren plenamente la imaginación, la sensibilidad estética, la intuición moral y espiritual, la experiencia de revelación, la percepción simbólica, las modalidades somática y sensorial del entendimiento y el conocimiento empático. Pero por encima de todo debemos reaccionar a -y superar- la gran proyección antropomórfica oculta que ha sido prácticamente la definición de la mente moderna, a saber, la proyección de ausencia de alma en el cosmos, debida a la voluntad de poder del yo moderno.”

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