05 agosto 2026

Las camisas del tiempo de H. B.



Uno nace desnudo y la vida le va vistiendo y cambiando a medida que uno va viviendo. De pañales a mortaja. ¿Cómo han sido las mías y cómo las han visto mis amigos y mis enemigos? Una camisa no hace verano, pero ayuda a que venga el invierno.
Los viejos, los franquistas, los amigos de mi madre de antes de la guerra del 36, la gente de orden debe pensar, si es que todavía queda alguno vivo, que al tener un tío abogado amigo de José Antonio Primo de Rivera, personaje importante en la Falange y que fue, junto con su padre, asesinado por ser eso, «gente de orden», mi camisa por un tiempo hubiera sido azul.
Los que me recuerdan de joven, un poco misterioso y piadoso, raro, lleno de amor místico, pueden pensar que fui un capillitas y un meapilas, que mi camisa hubiera sido un roquete.
Los que fueron mis amigos de contubernios políticos, inaugurando las primeras pintadas en Toledo, leyendo a Miguel Hernández y escribiendo poesía, noches de centramina, Celtas y Bisontes, ginebra y amores prohibidos, saben muy bien el color de mi camisa.
Los que recuerdan mi celo socialista cuando vivía en Barcelona, seguidor del PSUC, camiseta agresiva, puño de arena, yendo a recitales de Raimon y Pete Seeger y aquella inolvidable noche en Canet caminando por un pasillo de policías con las metralletas apuntando al alba, saben que mi camisa era roja.
Los que no conocían mi ademán, ni mis noches en vela esperándote, entrando en campos de minas, perdido en la maleza de la saliva contaminada, bocas con aliento plomado, nunca supieron el color de mi camisa porque iba a pecho descubierto. Un sebastián herido con flechas envenenadas.
Los que saben todo lo que he perdido, mozos en su juventud más alta, cuerpos roídos por la Peste, la guerra asolando lechos y miradas, cajones saqueados por milicias de paso, no saben que mi camisa fue y es de luto riguroso. Negro dolor, una coraza que no me deja vivir,
Los que ahora me preguntan dónde estuve tanto tiempo, de dónde he salido, no saben que durante todo este tiempo he llevado puesta tu camisa, la del amor, la de muerte, la de la vida.
¡Y pensar que al final no sabré qué camisa me pondrán!

Hilario Barrero.
Todo se torna graveza.
Diarios 2017-2018.
Libros del Aire. Santander, 2026.