13 septiembre 2026

El asendereado Ulises, narrador y aventurero

 


La narración comienza, tras una breve escena en el mundo divino, evocando la situación en Ítaca, veinte años después de la partida de su rey Ulises, y diez años después de la destrucción de Troya. En la isla, pequeña, áspera, la reina y su hijo aguardan, en una espera cada vez más difícil, su dudoso regreso. El tema del poema es un regreso, un nóstos heroico. Desde la costa del Bósforo, donde se separó de sus compañeros aqueos hasta su isla, al sur del Adriático, al oeste del Peloponeso, la distancia marina no es grande. Pero el destino de Ulises es demorarse en un largo peregrinaje en que se pone a prueba su temple aventurero.

Es el polytropos Odysseús, «Ulises el de las muchas vueltas o muchos trucos». Para alcanzar su ansiado hogar habrá de vagar, sufrido y audaz, hasta los límites del Océano y entrevistarse allá, en el país de los muertos, con los fantasmas ilustres del Hades. ¡Tan laberíntico se le ha vuelto ese viaje de regreso a Ítaca! En sus arriesgados lances el héroe mostrará su talante y su ingenio, como recuerdan sus epítetos de polytlas, «muy sufridor», polymetis, «muy astuto» y polymechanos, «de muchos recursos». Por ese ámbito fascinante de sus aventuras marinas —que es un Mediterráneo antiguo y fabuloso—, poblado de monstruos y prodigios, gigantes y magas, se enfrentará con éxito a los encantos y trampas del itinerario, escapando solo, tras perder todos sus barcos y sus compañeros en la desaforada travesía. Tremendo nóstos el del taimado Ulises, protegido de la diosa Atenea y perseguido por el enfurecido Poseidón, padre del cíclope Polifemo, a través de esos encuentros asombrosos. El relato odiseico exige un final feliz, desde luego. Y en su palacio el héroe volverá a recobrar su aspecto guerrero para vengarse de los pretendientes de Penélope. Y el poema concluye con esas cruentas escenas de la venganza  del héroe manejando su arco terrible. (Sin duda es Ulises el eje de todo el relato, pero conviene no olvidar que hay en el mismo otras figuras menores muy bien dibujadas, como Penélope, Telémaco, Calipso, Nausícaa, Néstor, Menelao, Helena, Atenea, Euriclea, Eumeo, algunos pretendientes, etc., que muestran bien la sagacidad psicológica de su autor).

  El centro del poema —cantos VIII al XI— está ocupado por las aventuras marinas, que cuenta en Feacia el propio Ulises. Es Odiseo quien relata en primera persona lo más fabuloso de su Odisea. El redomado aventurero y el guerrero épico aparecen como un habilísimo narrador. ¡Qué bien cuenta sus andanzas en ese banquete de los feacios, escogiendo el momento oportuno, cuando todos están pendientes de él! Recordemos esa estupenda escena en la que Demódoco, el aedo local, ha cantado el famoso episodio de la toma de Troya por los aqueos con su enorme caballo de madera, invención de Ulises, cuando él, el viajero incógnito aún, se echa a llorar, y, ante las peticiones de los otros comensales, comienza a contar sus aventuras. El relato en primera persona es un rasgo característico de los buenos cuentos fantásticos. El viajero fabuloso es el más indicado para describir su propio viaje increíble. Después de Ulises, Eneas, Luciano, Simbad, Dante, Cyrano, Gulliver, el barón de Münchausen, se esmeran en ese mismo artilugio fantástico.


Carlos García Gual.
Voces de largos ecos.
Invitación a leer a los clásicos.
Ariel. Barcelona, 2020.