29 octubre 2026

Cuentos completos de los hermanos Grimm

 


Adentrarse en el bosque titula Andrés Seoane el espléndido prólogo que abre la edición de los Cuentos completos de los hermanos Grimm que acaba de publicar Páginas de Espuma con traducción de Alberto Gordo e ilustraciones de Arturo Garrido.

“Hubo un tiempo -escribe Andrés Seoane- en que los cuentos de hadas eran cuentos sin hadas. También hubo un tiempo en que no pertenecían a los niños. Ni siquiera pertenecían a los libros. Vivían únicamente en la voz de quienes los contaban, cambiaban con cada narrador, viajaban de hoguera en hoguera, de una aldea a otra, de una generación a la siguiente, y nadie habría imaginado que algún día quedarían fijados sobre el papel. Eran historias destinadas, en apariencia, a desaparecer en el mismo instante en que eran pronunciadas. Sin embargo, pocas formas de la literatura han desafiado mejor el paso del tiempo. Los relatos más humildes, aquellos que parecían condenados al olvido por su propia naturaleza oral, terminaron convirtiéndose en una de las herencias narrativas más sólidas y reconocibles de la cultura mundial y, especialmente, occidental.”

Hace más de doscientos años, Jacob y Wilhelm Grimm, filólogos y lexicógrafos que impulsaron el monumental Deutsches Wörterbuch, el Diccionario Alemán de referencia todavía hoy, publicaron como folcloristas una amplia recopilación de cuentos populares en dos volúmenes que aparecieron en 1812 y 1815, en pleno auge del Romanticismo alemán con su característica atención a la recuperación y fijación de las tradiciones populares como expresión de la identidad nacional que entonces empezaba a reivindicarse en toda Europa.

Habían dedicado varios años a aquella labor de rescate, recopilación y reelaboración de relatos tradicionales y orales que acabaron formando parte del sustrato cultural de Occidente y habían alimentado su inconsciente colectivo, como explicó agudamente Bruno Betelheim en su Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Cuentos como Hänsel y Gretel, El sastrecillo valiente, Cenicienta, Caperucita Roja, Los músicos de Bremen, Pulgarcito, La bella durmiente o Blancanieves, tal vez el más famoso de todos y quizá también el de simbología más oscura e inquietante.

Revisada en sucesivas reediciones hasta la séptima edición, la definitiva, de 1857, que es la que se toma como base de esta, aquella recopilación recogía en su forma final doscientos cuentos, a los que se añaden en este volumen otro medio centenar: diez leyendas infantiles, veintiocho cuentos que se habían ido descartando de las ediciones previas y otros ocho cuentos publicados en revistas y no incluidos en libro.

Como había hecho más de un siglo antes el francés Perrault y haría después el danés Andersen, aunque con mayor rigor filológico y documental y más calidad literaria, los Grimm fijaron con su recopilación inmortal la cartografía del imaginario narrativo popular, dieron forma a la memoria narrativa y recopilaron un archivo de la imaginación tradicional que contiene cuentos maravillosos de magia y encantamiento, los más abundantes y los más conocidos; fábulas protagonizadas por animales como zorros y lobos; cuentos burlescos y cuentos sin magia; cuentos religiosos y cuentos sobre el diablo como Los tres pelos de oro del diablo. 

Aquella séptima y última edición de 1857 representaba la culminación de un lento proceso de casi medio siglo de depuración expresiva, de pulido estilístico, afinación de la estructura y búsqueda de la fluidez narrativa propia de los relatos orales. 

Precisamente a propósito de esta originaria condición oral, el traductor Alberto Gordo explica que cuando se traducen estos cuentos de los Grimm “conviene no embellecerlos. La prosa, de apariencia cristalina, lleva detrás un cuidadoso trabajo para dejar que el cuento, y no el narrador, ocupe siempre el primer plano. Si con esta traducción el lector tiene la impresión de estar escuchando una historia con la misma naturalidad con que esta se ha contado durante generaciones, habrá alcanzado su propósito.” 

 Fue también un proceso de depuración de su contenido sexual o violento para adaptarlo al público familiar al que se dirigía desde su título de 1812, Cuentos de la infancia y del hogar. Esa depuración afectó a los veintiocho cuentos descartados que se rescatan en esta edición.

“Para adentrarse en este mundo -explica Seoane- hay una imagen ineludible, la del bosque, que aparece una y otra vez en los cuentos de los Grimm. Sus personajes se internan en él para huir, para perderse, para esconderse, para encontrar ayuda o para enfrentarse a pruebas que transformarán sus vidas. Es un lugar de incertidumbre, pero también de revelación. Quien entra en el bosque nunca sale siendo exactamente la misma persona, por eso tal vez no exista una metáfora mejor para aproximarse a esta edición. Durante más de dos siglos generaciones enteras de lectores la han recorrido convencidas de conocer el camino. Basta, sin embargo, apartarse unos pasos de los senderos más transitados para descubrir que el bosque es mucho más extenso de lo que parecía y que todavía guarda muchas zonas de sombra y claros apenas explorados.”

Esta esmerada edición invita al lector a entrar en ese bosque inquietante e interminable de estos cuentos que acabarían teniendo una transcendencia literaria, cultural y social que los hermanos Grimm no pudieron prever cuando exploraban y rescataban el sustrato común del que emergía la futura identidad nacional alemana. Y lo encontraron tanto en su lengua como en el corpus de relatos populares que dejaron fijado para siempre en un ejercicio de transferencias e intervenciones múltiples: del nivel oral al escrito, de lo colectivo y lo tradicional a lo individual, de la investigación filológica y académica a la creación literaria, de la ancestral memoria popular a la narrativa más elaborada. Y así, como recuerda Seoane, “lo que había empezado como una investigación filológica terminó convirtiéndose en uno de los libros más influyentes de la literatura universal.”

Con lenguaje secreto y simbólico, en estos cuentos en los que conviven la risa y la violencia, el castigo y el premio se manifiestan los arquetipos imaginarios de la condición humana, de sus miedos y sus deseos, de sus conflictos individuales y sociales, de sus esperanzas y sus desasosiegos, de sus preguntas y sus pruebas, de sus misterios y sus desorientaciones. Por eso son inmortales. 

“Hoy cuesta concebir -explica Seoane- un mundo sin Blancanieves, Cenicienta, Hänsel y Gretel, Caperucita Roja o la Bella Durmiente, personajes que han alcanzado una presencia tan constante en nuestro imaginario que casi parecen existir al margen de la historia. Los encontramos en los libros ilustrados de la infancia y en las grandes superproducciones cinematográficas, en la publicidad, en las series, en los parques temáticos y hasta en el lenguaje cotidiano. Forman parte de una mitología compartida que atraviesa fronteras, lenguas y generaciones, y su familiaridad es tan absoluta que rara vez nos detenemos a preguntarnos de dónde proceden realmente. Los conocemos tanto que hemos dejado de mirarlos.
Quizá por eso una edición íntegra de los cuentos de los hermanos Grimm constituye una invitación poco frecuente. No propone simplemente regresar a unas historias conocidas, sino descubrir que, en realidad, nunca las conocimos del todo. Quien se adentre en estas páginas encontrará versiones distintas de las que conserva en la memoria, relatos célebres junto a otros casi olvidados, cuentos humorísticos que conviven con narraciones religiosas, animales parlantes que comparten espacio con soldados licenciados, diablos burlados, princesas encantadas, campesinos astutos y objetos capaces de alterar el curso del destino. Descubrirá, en suma, un territorio mucho más amplio, complejo y sorprendente que la pequeña constelación de títulos convertidos en clásicos universales.”