23 junio 2021

Antología personal de Juan Rulfo

 


“La escritura de Rulfo es tejido verbal con trasfondo de ausencias. Ante todo, una ausencia clave que es a veces física y otras afectiva: la del padre, que recorre línea por línea sus cuentos y novela”, escribe Jorge Ruffinelli en el espléndido prólogo que abre la Antología personal de Juan Rulfo que publica Alianza Editorial.

Rulfo hizo en 1977 esta selección que incluye ocho cuentos intensos e imprescindibles de El Llano en llamas, que inauguraron un territorio literario inconfundible y un nuevo tono narrativo, intermedio en su estilización entre lo coloquial y lo poético, para elevar lo regional al nivel de la tragedia griega.

Un territorio inhóspito que dos años después, en 1955, daría cabida a su novela Pedro Páramo, de la que Rulfo seleccionó dos fragmentos muy significativos,  relacionados con dos personajes fundamentales de la novela, el padre Rentería y Susana San Juan, que enloquece soñando con el mar, el amor inaccesible cuya muerte acaba provocando la destrucción de Comala como venganza del cacique porque el pueblo no respetó el duelo. Y si Pedro Páramo es el causante de la ruina material de Comala, el padre Rentería es el responsable de su ruina moral por no enfrentarse al tirano y haber traicionado al pueblo cediendo al soborno.

Habitada por un coro de voces y sombras que sirven de fondo a la bajada a los infiernos de Juan Preciado, el narrador que habla desde su comienzo memorable, todo desmiente en esta novela la fama de creador intuitivo que injustamente le atribuyó a Rulfo una parte de la crítica. Todo está medido en ella: desde la estructura caleidoscópica -aparentemente anárquica- que traba la novela y sostiene su construcción en una meticulosa organización circular, hasta el nombre del pueblo –que evoca el de la sartén sobre las brasas- o los nombres simbólicos de los personajes, habitantes de un territorio intermedio entre la vida y la muerte, de un espacio vacío y calcinado en un tiempo que es el de la ucronía, el no-tiempo del mito.

Y es que Pedro Páramo es una novela de fantasmas, anclada no en lo gótico sino en las tradiciones precolombinas, en la hondura telúrica de los pedregales estériles y desolados en los que no transcurre el tiempo ni se define la frontera entre los vivos y los muertos, que habitan un lugar de transición entre la vida y la muerte, desterrados del tiempo como sombras errantes.

En ese lugar sin árboles ni perros, de voces sin cuerpos y nombres sin rostro, en ese pueblo lleno de ecos y de sombras que se habían prefigurado en Luvina, uno de los cuentos que Rulfo seleccionó para esta antología, giran los personajes presos de un tiempo circular, como los remolinos sobre el espacio de silencio erosionado de Comala.

Cierran la selección Un pedazo de noche y La vida no es muy seria en sus cosas, dos textos publicados en revistas y no recogidos en libro. El primero es el único fragmento conocido de la frustrada y autobiográfica primera novela de Rulfo, El hijo del desaliento, de ambiente urbano, como el relato primerizo La vida no es muy seria en sus cosas, en el que está prefigurada la atmósfera interior de los cuentos posteriores y la contención narrativa de toda su obra, porque “el modo narrativo de Rulfo es el del «murmullo», no el de la viva voz; el decir callando y no la explosión verbal”, como afirma Jorge Ruffinelli en el prólogo.

Decía el crítico Chris Powell que “se puede leer la breve pero densa obra de Rulfo en un par de días, aunque eso sólo significa dar el primer paso dentro de un territorio todavía por conocer. Su exploración es uno de los viajes más extraordinarios de la literatura.”

Y además de todo eso, que ya es mucho, una prosa cuyo sentido del ritmo y cuya capacidad de sugerencia y altura poética sitúan a Rulfo en el terreno de la mejor poesía mexicana del siglo XX, como ha señalado Juan Villoro.

22 junio 2021

Sextante, de Antonio Rivero Taravillo


 

 Llega hoy a las librerías Sextante, un conjunto de seis libros inéditos de los inicios poéticos de Antonio Rivero Taravillo entre 1982 y 1998 que publica Polibea en su colección El levitador.

 

“Seis libros -explica el autor en su ‘Preliminar’- de los que solo se conocen algunos poemas sueltos. Sus versos tienen una media de edad de veinticinco años. Constituyen no tanto un sexteto, porque no son un ciclo cerrado, como sí un sextante, el instrumento astronómico con el que empecé a guiarme, a tientas pero sabiendo que obedecía un rumbo, por la navegación que me ha llevado hasta aquí.”

 

Abren ese itinerario poético inicial los poemas amorosos de Primeras catástrofes, cuya medida dicción se encomienda a un Juan Ramón depurado y al pulso de la cita de Pedro Salinas que lo abre y lo explica. Con su bien asimilada dialéctica poética del tú y el yo y con un buscado equilibrio entre la emoción y la palabra, su variedad tonal y métrica resume un proceso sentimental que, de la explosión a la ausencia, remata el largo lamento de las despedidas:

 

Aquel amor eterno se extinguió.

Y fue fuego, y después sólo ceniza

que ahora en nuestras frentes ha posado 

un nuevo sacramento: el de la muerte.

 

Libro de espirales incorpora en su primera parte, ‘Oficio del poeta’, un conjunto de homenajes a Pound, Borges o Manrique, la reflexión metapoética, el despliegue mitológico-amoroso de la brillantemente anotada ‘Carta de Helsinki’ o la ironía y el ejercicio de dedos de un soneto como este, con un inicio que recuerda a los de El rayo que no cesa y un final sarcástico y risueño:

 

Ahijado de la pena y ya que el duelo 

se empeña en levantar en mí su casa,

y ya que por mi frente oscura pasa

la oscura sombra hostil del desconsuelo,

 

y en tanto que, cobarde, no me vuelo 

la tapa de los sesos, y me abrasa

la torpe realidad que nunca casa

con esa otra razón, la de mi anhelo,

 

retóricas absurdas y palabras, 

estilo lacrimógeno y falsario, 

tópicos sobre tópicos alzados,

 

conjuros sin pasión, abracadabras,

un dolor sin dolor, imaginario.

Los dos cuartetos de antes arruinados.

 

Completan ese libro diversos ejercicios expresivos y métricos: entre otros, las décimas de ‘Planetario’, un conjunto de haikus y varios divertimentos y enfados.

 

Hay luego un salto hacia la madurez expresiva en los poemas de Siempre el diluvio, más libres y flexibles, pródigos en potentes imágenes visionarias y de una intensidad emocional como la de este poema:

 

Una muerte sin dueño atraviesa estos campos, 

aúlla como un perro que a su amo no encuentra 

y llora sobre el mármol roto de su tumba.

Una ácida zanja se entreabre en mis ojos;

en ella cae, imparable,

el aluvión del recuerdo.

Conjuro a la ventisca con tu nombre, 

defiendo mi pellejo con tu nombre, 

bozal para la muerte.

 

Los veintiún sonetos en endecasílabos blancos de Hacia el ocaso plantean un diálogo con el paisaje y la infancia a través de la mirada y la memoria. Un diálogo en el que lo exterior y lo interior se funden en la proyección de una lectura simbólica del paisaje:

 

Un dolor sin pestañas y roído, 

como un huso que teje soledades, 

domina mi paisaje desde el centro 

débil del paludismo de mi infancia.

 

Porque un hervor me toma de la mano, 

porque un roce de fuego me desdice, 

me llama mentiroso con su llama,

me incrusta la aflicción de su linaje.

 

Así mi sangre escribe un alfabeto

de buitres en enjambres avispados, 

balidos que hace poco enmudecieron.

 

Así punzo la piel de la verdad: 

raro insecto de extraña colección, 

le clavo mis estrofas a la espalda.

 

Ese mismo enfoque se mantiene en la segunda parte del libro, Postrimerías, una zona sombría a la que pertenecen textos desolados como este:

 

MUERTE DE UN POETA

Hoy se cierra la mina. Que el minero 

con su pan se lo coma, con su hambre. 

Se agotó el mineral, ya no se extrae

la palabra telúrica del verso.

 

Tras los cuarenta textos en prosa de Cuarentena, narrativos y descriptivos, oníricos y visionarios, rematan el volumen las Separaciones y regresos, que, además de los poemas elegíacos y existenciales de las dos partes de ‘Un hombre solo’, incluyen significativos homenajes literarios y lecturas poéticas. Se cierran con este regreso:

 

ITHACA

Al otro lado de este mar me esperas 

con nueve años menos. Esos días

la existencia era digna de vivirse,

y el estar separados una forma

de sabernos unidos pese a todo.

 

Cornell, sus bibliotecas: en las aulas 

de esa universidad fuiste aprendiendo 

a quererme; y yo a ti, a distancia, 

alumno aventajado del deseo.

 

Las cuestas y los hondos precipicios: 

qué vértigo daba entonces prever 

esto en lo que nos hemos convertido.

 

De aquella edad heroica sólo queda, 

cercanos y remotos ya, Penélope, 

del manto que tejías las hilachas.

 

Un conjunto que refleja, además de la influencia de lecturas decisivas como la de Yeats o Cernuda, el proceso de formación y desarrollo de la voz poética de Rivero Taravillo, que señala que “en el arco temporal que cubren estos años del epígrafe (1982-1998) escribí varios libros que sí han visto la luz. Pero se fueron quedando atrás estos otros, y aún más, los que dan testimonio de mi aprendizaje, que algún día quizá incluya en una hipotética edición de mi poesía reunida.”

 

 

21 junio 2021

Tiempo y deseo de Hilario Barrero



En el prólogo de Educación nocturna, la anterior antología poética de Hilario Barrero, señalaba José Luis García Martín que el tiempo y el deseo eran los dos protagonistas de la poesía del autor que ahora reúne bajo esos dos conceptos su propuesta de obra completa en un amplio volumen espléndidamente editado por Libros del Aire.

Tiempo y deseo. Poesía 1971-2021 recoge en un volumen el corpus poético de Hilario Barrero a lo largo de cincuenta años de escritura y de tres libros -In tempore belli, Libro de familia y Educación nocturna- que por su largo proceso de composición (1971-1999; 2001-2011 y 1971-2020) constituyen en realidad tres ciclos evolutivos y temáticos en los que se resume la poesía de Hilario Barrero, recorrida desde su inicio por las luces del pasado y las sombras del futuro y por una intensa percepción de la fugacidad:

De niño
la luz se colgaba
en mi ventana día y noche.
Ayer la sombra
estaba medio llena de luz
y hoy la luz
está medio llena de sombras.
Ya queda poco
para que se confundan
y amanezca la noche para siempre
cerrando la ventana.


A esos tres libros centrales se añaden ahora Blending, los inéditos de Oporto del 71 y los muy recientes de Primer invierno en Brooklyn, escritos entre 2019 y 2021.

“En Tiempo y deseo -advierte José Luis García Martín en su prólogo 'Con el tiempo, contra el tiempo'- no están, por supuesto, todos los poemas escritos en medio siglo; solo los suficientes para dejar constancia de una trayectoria poética y vital. Pero eso no impide que se trate de una completa autobiografía poética.”

Un difícil equilibrio de intensidad emocional y contención expresiva, una homogeneidad de tono unifican esta poesía elegíaca y meditativa, atravesada desde muy pronto por la conciencia del tiempo y por la proyección de la nostalgia sobre el sentimiento amoroso, por la evocación del pasado y la celebración del presente, por la construcción de la identidad sobre la afirmación de la memoria frente a las pérdidas, por una geografía del deseo que tiene sus referentes espaciales de luces y heridas en Toledo, Barcelona, Oporto, Lisboa o Nueva York, como en este poema de Libro de familia:

SEVENTH AVENUE CORNER BERKELEY STREET

La verde sombra que en la boca tiembla.
Ricardo Molina
En la gloriosa mañana de domingo
(la avenida con rojos tulipanes
y en las fachadas una luz de Hopper),
un muchacho, apoyado en la esquina
de la casa con un cerezo en flor,
está esperando a alguien
con un ramo de flores amarillas.
Un nuevo amor que nace tan temprano
y en domingo debería gozar
de una luz avanzada y larga vida
y no morir al mismo tiempo que las flores.


El claroscuro del tiempo, la persistencia ardiente del rescoldo y el temblor de la luz en la memoria, “en esta travesía hacia el silencio”, la noche y el naufragio, el amor y el deterioro, la nieve y las hogueras son proyecciones simbólicas de la mirada existencial con la que el poeta se reconoce en medio del mundo y de un paisaje con el que se identifica: “y yo me secaré con el invierno”.

Realidad y deseo, memoria y emoción recorren estos poemas para reunir un inventario de la experiencia sobre el fondo de ciudades por las que “va tu cuerpo delante de tu sombra”, entre presagios funestos, evocaciones atravesadas por el sentimiento de la pérdida y la conciencia de la fugacidad y del frío, por esa “vida que todo lo erosiona.”

Cierra la edición un epílogo en el que Carlos Alcorta destaca que, aunque hay medio siglo de distancia entre los poemas más antiguos y los más recientes, “el lector, si no presta demasiada atención a las fechas y se deja llevar tan solo por el tono y por el ritmo, percibirá una emoción y una intensidad similares en cada uno de los poemas, pertenezcan estos a sus primeros libros o a los últimos.”

Así en este poema de Educación nocturna:

SALVACIÓN

Pronto ya no estaremos juntos,
no oleremos las flores
ni los cuerpos de abril,
otra cometa entregará su infancia
al azul infinito,
vendrá otra tarde que no tendrá tus labios
y un nuevo cuerpo calentará otro lecho.
Contigo morirá lo que en mí vive
y en ti se salvará por lo que vivo.

20 junio 2021

Las flores del mal. Edición ilustrada


 

19 junio 2021

Shakespeare según José María Álvarez

  


Más de veinte años después de su primera edición en La Cruz del Sur, Pre-Textos reedita la memorable versión de José María Álvarez de los Sonetos de William Shakespeare, un modelo de referencia entre la docena larga de traducciones que se han publicado en España en los últimos años de esta cima de la poesía occidental.

Una cima de Shakespeare proyectada en las variaciones psíquicas y morales del amor, en la belleza del lenguaje, la intensidad del sentimiento y una sutileza estilística y rítmica que está a la altura de los momentos más potentes de su teatro.

Los Sonetos, que se publicaron en 1609 y que entonces pasaron casi desapercibidos, son hoy, tras más de cuatro siglos de controversias y enigmas, la parte más viva y conocida de la poesía de Shakespeare. Ciento cincuenta y cuatro textos de una belleza turbulenta que siguen, después de tanto tiempo, tan desafiantes y tan resistentes al asedio crítico como el primer día.

Amor y temporalidad, espiritualidad y grosería, y una variedad de tonos que van de lo retórico a lo coloquial conviven en estos textos que provocan constantes perplejidades en torno a un triángulo amoroso rodeado de emoción y de misterio.

La desconcertante convivencia que hay en ellos de sutileza y grosería y la rareza de sus personajes -el amigo joven, el poeta rival, la dama oscura-, su opaca secuencia argumental siguen planteando interrogantes al lector actual, que no puede dejar de asombrarse ante la modernidad de unos textos de enorme calidad que en cada traducción parecen adquirir nuevos matices y nuevos brillos.

Porque, como ocurre con todos los clásicos verdaderos, los Sonetos son el mapa de un terreno minado, propicio a la conjetura. Todo es aquí indicio e incertidumbre: desde la dedicatoria de la primera edición a un misterioso Mr. W. H. a la ambigüedad sexual a la que alude la voz lírica que habla en ellos, alusiva y elusiva, de secretas complicidades y connotaciones.

Los ciento veintiséis primeros sonetos se dirigen a un desconocido y opaco Fair Youth, un amor platónico del que no sabemos nada, salvo que ese muchacho responde al ideal de belleza femenina inaccesible del petrarquismo, al que compara en el delicado soneto XVIII con un día de verano:

Shall I compare thee to a summer's day?
Thou art more lovely and more temperate:
Rough winds do shake the darling buds of May,
And summer's lease hath all too short a date.

¿Deberé compararte a uno de esos días cuando ya muere la Primavera?
Tú eres más apacible y deleitoso.
El fiero viento arrastra de Mayo los capullos
Y pronto se desvanece la promesa de la estación vehemente.

Como ignoramos todo acerca de la Black Lady, la dama oscura que inspira los textos numerados entre el CXXVII y el CLII -los que describen una sexualidad explícita- o los que aluden al Rival Poet (¿Marlowe, Chapman o ninguno de los dos?).

No es raro, pues, que estos sonetos hayan provocado una diversidad de enfoques que van desde el estructuralismo a la crítica biográfica o psicoanalítica, pasando por la social o la feminista, sin que ninguna de esas direcciones los explique en todos sus matices inabarcables y elípticos.

“Es probable que no exista ninguna obra de la literatura mundial sobre la que se hayan dicho y escrito tantas tonterías y en la que se haya invertido en vano tanta energía intelectual y emotiva como los Sonetos de Shakespeare”, escribió W. H. Auden.

Rodeados de misterio desde su misma composición, los Sonetos son probablemente, como nos recordaba Wordsworth, la llave con la que Shakespeare nos abre su corazón. Pero la enigmática dedicatoria, la ambigüedad sexual o el pansexualismo declarado de muchos de los dedicados a un hermoso joven, la dama oscura y secreta a la que se dirigen otros, su tono a veces intimista y a menudo escabroso, han contribuido a aumentar el misterio que rodea la vida de Shakespeare y sus relaciones amorosas.

O han sido la base de las lecturas más mojigatas que defienden la impersonalidad de estos textos, la ausencia de alusiones biográficas, la idea en definitiva del personaje poético, del Speaker Poet.

“¿Dónde encontrar a Shakespeare en Shakespeare?” se preguntaba Bloom antes de descartar en los Sonetos el material autobiográfico, antes de decirnos que habría que ser el mismísimo diablo para encontrarlo ahí.

Se enfoquen de una manera o de otra, los sonetos son la narración de dos fracasos tras dos historias amorosas (el amigo y la mujer morena) que se abordan en su proceso y en su desarrollo. Hay más cosas en los sonetos, claro: las rivalidades amorosas se confunden con las poéticas y hay un refinamiento amoroso que va más allá del petrarquismo, además de un envidiable equilibrio, tan inglés, entre sentimiento y pensamiento, como en el soneto LXXIII, una intensa variación sobre el tópico del Collige, virgo, rosas:

Si me miras verás esa estación del año
Cuando el helado viento lleva
Consigo ya las secas hojas últimas
Y el paisaje es como un coro de ruinas donde alguna vez dulces pájaros cantaron.

Verás el poniente de mis días
Lentamente fundiéndose con las primeras sombras
Hasta extinguirse luego en la cerrada noche,
Espejo de la muerte que ha de sellarlo todo.


Verás las brasas de aquel fuego
Que cubre la juventud con sus cenizas,
Recostarse a morir en los recuerdos de ella,
Sudario su alegría de esta hora amarga.

Si miras y ves eso, fortalece tu amor
Y entrégalo dulcísimo a lo que puedes perder pronto.

“Nunca acabaremos de descifrar estos textos”, escribió Borges. Los sonetos de Shakespeare siguen habitando el territorio secreto de la conjetura: desde el significado de las siglas W. H. de la dedicatoria hasta la identidad del hermoso joven (el ambiguo master-mistress), de la dama oscura o el poeta rival que aparecen en ellos, pasando por los dobles sentidos y los juegos de palabras, por la mezcla de platonismo y sexualidad, de refinamiento y crudeza que los recorre.

Y es que, como señala José María Álvarez al final de su prólogo, “importa que en 1609, los versos del más grande poetas que han visto los siglos, tres lustros después de ser concebidos, tomaron luz del libro en Londres, y desde aquella hora esa Luna majestad espiritual incomparable, imperecedera, no ha dejado de emocionarnos, como el latido en el silencio de nuestro propio corazón.”


18 junio 2021

¿Por qué el materialismo es un embuste?




 Cómo los verdaderos escépticos saben que no hay muerte y buscan respuestas a la vida, el universo y todas las cosas. Así subtitula Bernardo Kastrup su ¿Por qué el materialismo es un embuste?, que publica Atalanta con traducción de J. Rafael Hernández Arias.

Doctor en Filosofía, ingeniero informático y científico con experiencia en diversos laboratorios, Bernardo Kastrup elabora en este ensayo una propuesta de reinterpretación de la realidad desde una posición que cuestiona el consenso materialista de la ciencia y la sociedad. Así lo resume él mismo en uno de los párrafos más significativos del libro:

“Aunque poseo un extenso currículo académico y profesional en los campos de la ingeniería informática, la inteligencia artificial, la tecnología de semiconductores y la física de partículas, actualmente no mantengo ningún vínculo profesional con el mundo académico. Mi situación laboral y mi fuente de ingresos no corren peligro por los puntos de vista que estoy haciendo públicos con este libro. Por lo tanto, a diferencia de la mayoría de los científicos profesionales del ámbito académico, gozo de una libertad incomparable para expresar mis ideas. Es en este contexto en el que he pensado, quizá con arrogancia, que podría contribuir al desarrollo de una alternativa metafísica al materialismo que sea creíble, sana y razonable; una alternativa que, espero, podría ayudar a transformar el principal paradigma bajo el cual vivimos nuestras vidas.”

Y es que “la verdadera naturaleza subyacente a la realidad es una cuestión filosófica”, escribe Kastrup, que denuncia que el materialismo reduce la consciencia al producto de “la aglomeración de partículas materiales que llamamos cerebro”. Y ese es para él el núcleo del asunto, “el difícil problema de la consciencia”, “una piedra en el zapato del materialismo.”

Se trata de una propuesta de largo alcance para la que este libro dejaría puestos los cimientos, porque sus páginas “pretenden proporcionar una plataforma -una manera de pensar- en la que otros tal vez puedan basarse en el proyecto a largo plazo de construir un sistema filosófico robusto con el que reemplazar el materialismo. Esta es mi esperanza para la presente obra.”

Y a través de hipótesis alternativas, Kastrup construye una propuesta de nuevo pensamiento en el que el lenguaje metafórico tendría una importancia crucial en su representación de la realidad con un nuevo enfoque, porque “las metáforas son poderosas herramientas para pintar sutiles, complejos y matizados paisajes mentales que resultan difíciles, si no imposibles, de comunicar literalmente.”

El remolino en un arroyo o el océano de mercurio como metáforas del cerebro en medio de la mente y de la consciencia autorreflexiva, los espejos confrontados como metáfora de los flujos de ida y vuelta de la experiencia consciente o la vibración de una membrana como metáfora de las experiencias sensoriales, emocionales o de pensamiento son algunas de las imágenes sobre las que se sustenta la elaboración de esta propuesta, que supone un viaje indagatorio al fondo de la mente para enfrentar “la enfermedad metafísica de nuestra época: el materialismo científico”, como afirma el director del Instituto Zen de San Diego, California, en el prólogo en el que subraya que “Kastrup nos lleva de viaje hacia una visión alternativa del mundo que tiene mucho más sentido que la cientificista.”

Abordar el problema mente-cuerpo y la relación entre el cerebro y la conciencia o entre la conciencia y el inconsciente, entender la mente como instrumento de mediación entre el individuo y la realidad, el libre albedrío, el inconsciente colectivo, el inconsciente personal y la memoria o la ya mencionada representación metafórica de la realidad son algunas de esas propuestas imaginativas que construyen una nueva teoría de la verdad para reinterpretar la realidad.

Propuestas y especulaciones que suponen la reivindicación de una metafísica sin física y la defensa del idealismo frente a los tópicos que lo desacreditan, porque “incluso los formalismos matemáticos que hay tras la vanguardia de la física teórica pueden trasladarse sin problemas a un marco idealista.”

“Un gran esfuerzo filosófico” con el que Bernardo Kastrup “ acaba de emprender su viaje a través de la frontera ontológica“, como señala en su epílogo Rick Stuar.



17 junio 2021

Manuel Azaña. El jardín de los frailes


 

16 junio 2021

La hermana, la extranjera


 

15 junio 2021

Isaak Bábel. Cuentos completos


 

14 junio 2021

Correspondencia de Flaubert

 


“Hablas de perlas, pero las perlas no forman el collar, es el hilo”, escribía Gustave Flaubert en una carta del 31 de enero de 1852 a su amante Louise Colet cuando iba a empezar a escribir Madame Bovary.

 

De esa afirmación del plan de trabajo y de la importancia del diseño de la novela toma su título El hilo del collar: Correspondencia, la magnífica antología de la correspondencia de Flaubert que publica Alianza Editorial con selección y edición de Antonio Álvarez de la Rosa. 

 

Una amplia recopilación de casi setecientas páginas que reúne unas trescientas cincuenta cartas -menos de la décima parte de las cuatro mil quinientas que se conservan del novelista-, que constituyen la antología más extensa y significativa que se ha publicado en español de la correspondencia de Flaubert, cuando se cumple el bicentenario de su nacimiento en 1821.

 

“Nació hace doscientos años -señala Álvarez de la Rosa en su texto introductorio -y su vida y obra participaron de la tarea titánica que consiste en condensar la historia del siglo XIX en el recipiente de la literatura. Escuchó desde la atalaya -en su caso, desde una torre de marfil- el estrépito ideológico que produjo, durante todo un siglo, el choque social y político enmarcado, como afirma Michel Winock, «en el gran siglo de la transición democrática en Francia», desde la batalla de Waterloo hasta la Primera Guerra Mundial, etapa en que la historia cambió la velocidad del caballo por la de la aviación.”

 

Organizadas en nueve apartados cronológicos entre 1833 y 1880, el año de su muerte, cada una de las secciones va precedida de una introducción que permite situar las cartas en el contexto biográfico y creativo de uno de los novelistas fundamentales del siglo XIX, en un espléndido esbozo de biografía en nueve capítulos.

 

Y además, una breve presentación permite vincular cada una de las cartas con las circunstancias personales y literarias en las que Flaubert las redacta, con el destinatario al que se dirigen y con otras personas aludidas en ellas, un conjunto amplio que se resume en el útil índice onomástico que remata el volumen.

 

Louise Colet, Marie-Sophie Leroyer de Chantepie, Maupassant, George Sand o Turguénev son los principales corresponsales de estas cartas en las que Flaubert expuso, entre la lucidez y la autocrítica, su teoría de la novela y su práctica literaria o su desánimo con la sociedad, como en esta carta del 28 de octubre de 1872 donde le dice a George Sand:

 

No, no creo en “la felicidad posible”, sino en la tranquilidad. Por eso me aparto de lo que me irrita. Soy insociable. De ahí que huya de la sociedad. Así me encuentro bien. [...] No obstante, no me tengo por un monstruo de egoísmo. Mi yo se disemina de tal manera en los libros que durante días enteros no lo siento.

 

En La orgía perpetua. Flaubert y «Madame Bovary», Vargas Llosa afirmaba que estas cartas “muestran mejor que nada la humanidad de su genio, cómo su talento fue una lenta conquista, cómo, en la tarea de la creación, el hombre está enteramente librado a sí mismo, para mal (nadie vendrá a dictarle al oído el adjetivo adecuado, el adverbio feliz), pero asimismo para bien, porque, si es capaz de emular la paciencia y el empeño que revelan esas cartas, si es capaz de «disecarse en vivo» como Flaubert, conseguirá también, como aquel provinciano vociferante y solterón, escribir algo durable.”

 

Flaubert habló incansablemente en ellas de su vocación y su dedicación a la literatura y, junto con sus reflexiones técnicas, sus ideas sobre la vida o sus juicios sobre las personas, resumió su método de trabajo y sus dudas, el diario de escritura de Madame Bovary y los problemas judiciales que le ocasionó su publicación.

 

Una edición admirable y muy elaborada que acerca al lector al mundo de Flaubert, porque -explica Antonio Álvarez de la Rosa en el prefacio- “El hilo del collar trata de ser una invitación a reconocer entre sus páginas el conjunto de reflexiones que, incluso sin saberlo, llevamos en la mochila de nuestro tiempo, un repertorio de pensamientos y de observaciones que pueden servir para conocer(nos) mejor.”