22 marzo 2019

Historia de un empapelamiento



21 marzo 2019

El laberinto de la soledad



“La crítica es, para mí, una forma libre del compromiso. El escritor debe ser un francotirador, debe soportar la soledad, saberse un ser marginal. Que los escritores seamos marginales es más una condenación que una bendición. Ser marginales puede dar validez a nuestra escritura. Y debo decir algo más sobre la crítica: para mí la crítica es creadora”, explicaba Octavio Paz en la conversación con Claude Fell que con el título Vuelta a El laberinto de la soledad se publicó en la revista Plural en noviembre de 1975.

Ese diálogo completa la edición de este libro emblemático del Octavio Paz ensayista, junto con Posdata, que apareció en 1969 como consecuencia de la reflexión que en Paz suscitaron los sucesos del año anterior. Así lo justificaba en la Nota introductoria a la primera edición del libro:

Su tema es una reflexión sobre lo que ha ocurrido en México desde que escribí El laberinto de la soledad y de ahí que haya llamado a este ensayo Posdata. Es una prolongación de ese libro pero, apenas si es necesario advertirlo, una prolongación crítica y autocrítica; Posdata no solamente por continuarlo y ponerlo al día sino por ser una nueva tentativa por descifrar la realidad.

En esa misma nota, fechada en Austin en diciembre de 1969, Paz explicaba también el sentido último de El laberinto de la soledad:

Tal vez valga la pena aclarar (una vez más) que 'El laberinto de la soledad' fue un ejercicio de la imaginación crítica: una visión y, simultáneamente, una revisión. Algo muy distinto a un ensayo sobre la filosofía de lo mexicano o a una búsqueda de nuestro pretendido ser. El mexicano no es una esencia sino una historia. Ni ontología ni psicología. A mí me intrigaba (me intriga) no tanto el “carácter nacional” como lo que oculta ese carácter: aquello que está detrás de la máscara. Desde esta perspectiva el carácter de los mexicanos no cumple una función distinta a la de los otros pueblos y sociedades: por una parte es un escudo, un muro. Y, por la otra, un haz de signos, un jeroglífico.

Y a descifrar ese jeroglífico de lo mexicano, a explicar “qué somos y cómo realizamos eso que somos” se orientan capítulos imprescindibles de El laberinto de la soledad: Máscaras mexicanas; Todos Santos, Día de Muertos o La ‘inteligencia’ mexicana son ya textos clásicos del ensayo en español y son parte sustancial de un libro que con esta alcanza la decimocuarta reimpresión de su cuarta edición en la Colección Popular del Fondo de Cultura Económica con una asombrosa tirada de 25000 ejemplares.


20 marzo 2019

Antonio Colinas. Antología esencial



19 marzo 2019

La saga/fuga de J.B.



18 marzo 2019

Aquellos años del boom


17 marzo 2019

El reincidente


No les convencía, porque se veía que tenían todos ellos ya formada una idea en la cabeza. Y si me atrevo con alguien, añadí, suele ser con alguien que puede más que yo. “No es verdad”, me refutó JR. Se hizo un gran silencio. Me recordó que en cierta ocasión había hecho el retrato de un amigo suyo, un buen hombre que se ganaba la vida ocupándose, a cargo de una mancomunidad de pueblos cordobeses, de organizar las actividades literarias de la comarca; temió que si los políticos que lo contrataban leían aquello, le quitarían las sinecura. Me acordaba. No siempre se acuerda uno de la gente a la que ha retratado. Al parecer, aquel retrato, bastante humorístico, le sumió en pesares y aflicciones. Vaya, lo siento..., me disculpé? ¿Pero perdió el trabajo?, pregunté. Ahora el apesarado y afligido era yo. No, me respondió JR., lo ascendieron, ha ganado premios y goza de la mayor consideración literaria y humana en aquella alegre región cordobesa. Respiré tranquilo, porque no es plato de gusto llevar la desgracia y el hambre a una familia. 
(...)
Siguió contando JR: aquel día, en el coloquio, como nadie se atrevía a romper el hielo, aquel hombre del que yo había hecho al parecer un retrato algo cruel, se decidió, para justificar al menos su sueldo:
- Sr. A., usted es seguramente el mejor guionista que ha dado el cine español...
A. aceptó el elogio con una somera cabezada, pero sin entrar en el regateo. 
-...y ahora una pregunta: el guión de Los santos inocentes...
A. dio un pequeño respingo. Había escrito unos quinientos guiones de cine, pero no ese. 
-... es probablemente uno de sus mejores guiones de la historia del cine español. ¿Cómo se sintió al adaptarlo de una gran novela? ¿Le representó especiales dificultades? 
A., que al parecer era un hombre tímido y educado, dijo en un murmullo apenas audible:
-Los santos inocentes es una gran película, me gusta muchísimo el guión, pero he de decir que no es mío, no lo escribí yo. 
La expresión de sorpresa y contrariedad del preguntante fue grandísima. Carraspeó un poco, se azaró algo, se puso un poco colorado, temió sin duda que si llegaba a oídos de las autoridades mancomunadas le quitaran, esa vez sí, aquel trabajo y se cerniera sobre su hogar la desgracia, el hambre, pero investido de la autoridad que le daba el haberle pagado el viaje y los emolumentos al entrevistado, encontró fuerzas para contraatacar:
- ¿Está usted seguro?
Andrés Trapiello.
Diligencias.
Pre-Textos. Valencia, 2019.

16 marzo 2019

Andrés Trapiello. El Rastro



Pero por debajo del Rastro de los domingos, bastante tumultuario y bullanguero, a quienes vamos tan temprano nos espera algo silencioso y simbolista que recuerda, paradójicamente, el toque de retreta de los cuarteles al llegar el crepúsculo, la hora en que empiezan a trabajar los búhos y las lechuzas. 
El búho es el animal que más se ha disecado y yo he visto en el Rastro, a lo largo de cuarenta años, más búhos y lechuzas que los que haya visto nadie, incluida Palas Atenea (el búho y la lechuza son los únicos animales que, aunque te fijes mucho rato, nunca sabes si están vivos o disecados). Y digo que es la hora de la melancolía, porque al igual que a muchas cosas de las que se venden allí les espera nueva vida, muchas otras desaparecerán para siempre y si pudieran decir algo, lo dirían en la lengua un poco fúnebre y entrecortada de las aves nocturnas. Esa melancolía de los adioses impregna también, desde dentro, la alegría que parece reinar en aquellas calles los días de mercado. Por las tardes, cuando el Rastro está vacío, como dormido, más ensimismado que nunca, esa poesía casi se puede untar como la manteca en una tostada. Es una poesía muy nutritiva, pese a lo cual no se habrá visto un barrio de Madrid más metafísico que ese, más en los huesos. Y eso es porque la metafísica se alimenta sobre todo de poesía. La vemos en los huesos, pero no se muere nunca.
Andrés Trapiello. 
El Rastro. Historia, teoría y práctica. 
Destino. Barcelona, 2018.

15 marzo 2019

Juan Eduardo Zúñiga. El coral y las aguas. Inútiles totales



14 marzo 2019

Tres libros finales de María Zambrano



13 marzo 2019

Nueva colección de poesía de Galaxia Gutenberg



 Hoy llega a las librerías la nueva colección de poesía de Galaxia Gutenberg, que presentará en formato de bolsillo lo más significativo de su espléndida colección mayor de poesía.

En la nota de prensa explican los editores que con esta nueva colección de pequeño formato, dirigida por Jordi Doce, “Galaxia Gutenberg quiere acercar este inmenso y riquísimo catálogo a una nueva generación de lectores. Su nuevo diseño traduce visualmente el deseo de hacer libros accesibles, selecciones portátiles que recogen lo mejor y más significativo de cada poeta o recuperan libros centrales de su producción. Todo, siempre, con los mismos criterios de rigor, excelencia crítica y cuidado editorial pero con un espíritu divulgativo y cercano al lector. Aquí caben desde clásicos modernos como Whitman, Leopardi, W.H. Auden o Sophia de Mello Breyner a poetas de lengua española como José Ángel Valente o Blanca Varela, pasando por un inclasificable como Joan Brossa. Se trata, en suma, de seguir celebrando la poesía como una función de la vida y un regalo de la imaginación, de ese entusiasmo crítico que no se resigna a dejar el mundo como lo encuentra.”

Estos son los tres primeros volúmenes: una selección de siete poemas fundamentales de Walt Whitman (Canto de mí mismo y otros poemas) traducidos por Eduardo Moga, el reciente Por el gran mar, de Andrés Sánchez Robayna y los Fragmentos de un libro futuro, el intenso póstumo de José Ángel Valente,

A estos títulos se sumarán en los próximos meses otros de Joan Brossa (Me hizo Joan Brossa) y selecciones breves de Leopardi, Auden y Blanca Valera.