29 abril 2017

Derrida. La oreja del otro


28 abril 2017

Cuando todo es ya póstumo


27 abril 2017

Biblioterapia



abstinencia del alcohol 

Adiós, muñeca.
RAYMOND CHANDLER

Ya sabemos que ser abstemio no es nada malo. Las personas que no consumen alcohol ven el mundo con más claridad y pureza, y muchos profesionales de la medicina, salvo que sean franceses, recomiendan la abstinencia. Pero ser abstemio en un mundo de bebedores es aburridísimo. No hay tantos cócteles sin alcohol que te puedas beber antes de que uno de tus acompañantes te sorprenda con un muerte en la tarde. ¿Y qué hay de ese delicado momento en el que tu futuro suegro sugiere una charla de hombre a hombre con un whisky de malta? ¿Lo rechazas y aun así consigues a su hija? ¿Y con qué brindas por tu bisabuela el día que cumple cien años? ¿Con un blandengue «Para mí una limonada»?.
Los bebedores de la literatura suelen ser más divertidos que los abstemios. Y no hay bebedor más divertido que el gran Philip Marlowe de las novelas policiacas de Raymond Chandler. Nuestra favorita es Adiós, muñeca, pero cualquiera de las ocho te recordará la relación innegable que existe entre el alcohol y un cierto desenfado natural y algo turbio como el que demuestra Marlowe en sus mejores momentos: «Me hacía falta un lingotazo, un buen seguro de vida, unas vacaciones, una casa en el campo. Pero lo único que de hecho tenía era una chaqueta, un sombrero y una pistola». Los personajes a los que persigue Marlowe le dirigen sonrisas «amable[s] y ácida[s] al mismo tiempo», conscientes de que de alguna forma va a conseguir sacarles pruebas comprometedoras. Pero lo hace con tanto garbo que para los malos casi es un honor que los pille. Viviendo según su propio sentido de la justicia (solo entrega a los culpables a la policía si sabe que son irredimibles), consigue hacer el bien sin ser un santo en ningún momento (véase santo, ser un). Y en parte se debe a la bebida. 
No hay que pasarse, claro. Si bebes más de la cuenta no resultarás interesante en absoluto. Marlowe bebe con elegancia y con moderación. Su debilidad es el whisky de centeno, que de vez en cuando utiliza como medicina para poder dormir. Se sirve de un chupito de lo que haya para hacer cantar a sus sospechosos. Si tiendes a no beber, pásate un par de novelas en compañía de Marlowe. Descubrirás que la astucia y la perspicacia de este detective discretamente heroico se te meten en la sangre como un vaso de whisky de centeno. Bebe mientras lees, y muy pronto tus pensamientos se habrán vuelto tan directos, agudos y mordaces que enseguida te habrás recorrido el vecindario tan deprisa como un gato y sabrás lo que se cuece por ahí, sin ni siquiera moverte del sofá, preguntándote qué habías estado haciendo con tu cerebro toda tu vida. Cuando quieras darte cuenta tendrás a esos gánsteres entre rejas y a las rubias dirigiéndote sonrisas que sentirás hasta en el bolsillo trasero del pantalón. 
Sigue el ejemplo de Marlowe y no vayas demasiado lejos con este remedio. Si crees que te estás yendo al otro extremo, consulta alcoholismo. 

VÉASE TAMBIÉN: aguafiestas, ser un; santo, ser un

Es una de las múltiples entradas ordenadas alfabéticamente del divertido e ingenioso Manual de remedios literarios de Ella Berthoud y Susan Elderkin que publica Siruela con traducción de Clara Ministral.
Construido a base de entradas ordenadas alfabéticamente de la A a la Z y rematado  con dos índices, uno de entradas y otro de obras citadas, este es también un peculiar tratado de literatura enfocado desde una perspectiva inusual, pero inteligente y muy interesante.


26 abril 2017

Claudio Rodríguez. Antología poética




SECRETA

Tú no sabías que la muerte es bella
y que se hizo en tu cuerpo. No sabías
que la familia, calles generosas,
eran mentira.

Pero no aquella lluvia de la infancia,
y no el sabor de la desilusión,
la sábana, sin sombra y la caricia
desconocida.

Que la luz nunca olvida y no perdona,
más peligrosa con tu claridad
tan inocente que lo dice todo:
revelación.

Y ya no puedo ni vivir tu vida,
y ya no puedo ni vivir mi vida
con las manos abiertas esta tarde
maldita y clara.

Ahora se salva lo que se ha perdido
con sacrificio del amor, incesto
del cielo, y con dolor, remordimiento,
gracia serena.

¿Y si la primavera es verdadera?
Ya no sé qué decir. Me voy alegre.
Tú no sabías que la muerte es bella,
triste doncella.

Ese poema de Claudio Rodríguez cerraba su último libro, Casi una leyenda, y cierra también la espléndida Antología poética que publica El libro de bolsillo de Alianza Editorial.
Secreta, que toma su título de un momento de la liturgia de la misa en el que el sacerdote, de espaldas a los fieles, pronuncia una oración, es una de las cimas de la poesía de Claudio Rodríguez, de la que esta antología ofrece una muestra abundante.
Una selección generosa precedida de un prólogo de Philip W. Silver, que destaca que este volumen no es una simple reedición de la anterior antología publicada en esta misma colección en 1981, porque además de recoger los 34 poemas que el propio Claudio Rodríguez consideraba imprescindibles en cualquier antología de su obra, contiene una selección significativa de Casi una leyenda, que se publicó en 1991, diez años después de aquel volumen.

25 abril 2017

Antología esencial de Aurora Luque


24 abril 2017

Chantal Maillard. Antología esencial

h


23 abril 2017

De Madrid al Ebro


22 abril 2017

Taibo recuperado


Con un prólogo de Luis García Montero y con edición de Gastón Segura, Drácena recupera Para parar las aguas del olvido, de Paco Ignacio Taibo I (Gijón 1924- México 2008), un título que arranca de una cita de Cervantes para reconstruir la memoria de un niño de la guerra en el Oviedo de la posguerra.
La primera edición, que se publicó en Júcar en 1982 con un prólogo de Ángel González, uno de los personajes fundamentales del libro, llevaba años descatalogada. 
Se presenta mañana a las 12 con la intervención del prologuista y del editor.

21 abril 2017

Juan Ramón inédito


¡Ruido que derrumbas mis castillos de ensueño,
maldito tú, enemigo del silencio! 

¡Oh, silencio! ¿por dónde has puesto tus reales?
Dile a mis alas que me lleven a tus parques...

Sin nadie, con la vaga visión del universo
plantaré rosas entre ruinas, ¡silencio! 

La brisa solamente murmura a mi oído 
palabras sin sonido, cantares infinitos...

¡Oh, vivir siempre en paz, sin otra compañía 
que la frescura y la armonía de la brisa!

¡Oh, silencio, silencio! hermano del ensueño,
príncipe blanco y oro, cargado de recuerdos!

Esa 'Dedicatoria al silencio' abre El silencio de oro, de Juan Ramón Jiménez, en la edición crítica de José Antonio Expósito para Linteo Poesía.
Un cuidado volumen que ofrece por primera vez en su integridad ese libro, con treinta y seis poemas inéditos de los ochenta y tres que forman este volumen articulado en tres partes que Juan Ramón escribió en Moguer entre 1911 y 1912.
Bajo la sinestesia de ese título, que viene de San Agustín, se agrupan unos poemas que reflejan el caminar de Juan Ramón hacia la poesía pura de su segunda época, un largo proceso de depuración del modernismo inicial del que se fue desnudando su poesía, cada vez más desprovista de adjetivos, cada vez más leve, como esa suave rima que atraviesa estos versos.

20 abril 2017

Andrés Trapiello. Sólo hechos


19 abril 2017

Marcel Schwob. Vidas imaginarias


18 abril 2017

Antonio García de Dionisio. Sobre 'Principio de incertidumbre'


Este es el texto que el poeta Antonio García de Dionisio leyó en la presentación de Principio de incertidumbre. Lo dejo aquí con mi agradecimiento por su espléndida lectura de mi libro:

PRESENTACIÓN DEL LIBRO 
Principio de incertidumbre
de Santos Domínguez Ramos
(XIV Premio Nacional de Poesía «Ciega de Manzanares» 2015)

Honradamente me siento reconfortado y a la vez abrumado ya que ha caído en mí la responsabilidad de presentar este libro del poeta Santos Domínguez Ramos, ganador de la decimocuarta edición del Premio Nacional de Poesía «Ciega de Manzanares» 2015, con su libro Principio de incertidumbre.
​Antes de proseguir hablando del poeta y de su libro, quisiera adentrarme un poco en la historia de este Premio de Poesía «Ciega de Manzanares» que tantos buenos libros nos ha dado y espero y deseo nos siga dando.
Principio de incertidumbre, de Santos Domínguez Ramos, libro por el estamos aquí reunidos esta tarde, es uno de esos libros que posiblemente también destaque en esta colección Ciega de Manzanares; antes de adentrarnos en el libro, quisiera dedicar unas palabra al autor que nos visita.
Santos Domínguez Ramos (Cáceres, 1955) es catedrático de Lengua y Literatura, crítico y poeta, cuya obra ha aparecido en numerosas antologías y revistas literarias españolas, europeas e hispanoamericanas. Parte de su obra poética ha sido traducida al francés, inglés, húngaro, portugués, italiano, griego, ruso y árabe.
Leerles en este acto todo su currículo sería una tarea demasiado extensa y nos privaría tal vez de dedicarle más tiempo a la palabra (su palabra) en este caso. De todas formas, sí quiero resaltar alguno de los premios más importantes que ha conseguido, para, al menos, darnos cuenta del Poeta que se ha incorporado a nuestro Premio Ciega de Manzanares. Destacaremos que en 2004 consigue el Premio Gerardo Diego; en el año 2005, el Premio Internacional Jaime Gil de Biedma y Alba y el Premio Eladio Cabañero; en 2006 el Premio Tardor, el Premio Alcaraván y el Premio Barcarola; en 2007 el Premio Kutxa-Ciudad de Irún; en 2008 el Premio Manuel Alcántara; en 2009, el Premio Ángaro; en 2010 el Premio Alegría; en 2011 el Premio Villa de Aoiz y el Premio Rafael Morales; en 2013 el Premio Ciudad de Badajoz; en 2015 el Premio Nacional de Poesía Fernando de Herrera además del Premio Ciega de Manzanares y para rematar esta importantísima lista, lo hace en el pasado año con el Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez.
Si analizamos lo que acabamos de escuchar, nos daremos cuenta que ha salido a más de un premio por año y además muchos de ellos importantísimos en poesía.
Concluyo esta abrumadora relación, con las palabras que el poeta, escritor y periodista español Miguel Veyrat, le dedica: «Este poeta español contemporáneo nuestro, Santos Domínguez, es un hombre que entrega una pasión extrema a la escritura poética, que se da por entero, se desnuda y piensa, como todos los poetas verdaderos, a través de la polisemia del lenguaje mismo, modulándolo en música».

Pasemos a hablar de lo más importante en esta reunión: la presentación del libro Principio de incertidumbre. Nos encontramos ante un poemario un tanto metafórico-filosófico; deberemos tener como principio ante nosotros el Tiempo (el paso del tiempo); la oscuridad o el deseo de encontrar la luz (metáfora o mito de la caverna platónica), los sueños —el sueño irrepetible, incertidumbre o deseo—, y, ante todo, la importancia de saber, de sabernos comprendidos por esa incertidumbre que nos habita desde siempre. El libro estructurado en dos partes, una primera titulada «Ritual de bengalas» y otra segunda «La memoria habitable», hace que, desde sus títulos, nos predisponga y nos avive a comprender mejor el calor o color de los poemas. Ya en el poema prólogo, nos advierte y nos orienta: Señor de las tormentas, líbranos de los muertos / pasados y futuros, y del buitre que ensaya / círculos melancólicos y espejismos de espanto / para explorar su espacio espectral en el mundo.
«Desde la cueva oscura», primer poema de esta primera parte, finaliza con estos versos-advertencia: Al calor de ese fuego, circulares y heridas, / contra la cueva oscura, / se despliegan las manos en busca de consuelo.
Pretendemos adivinar la luz que guarda toda oscuridad y esto nos fuerza a buscar el sueño que soñamos dentro de nosotros mismos, así el poeta nos alerta en el poema «Oscura señal»: Se notaba en algunos presagios desolados, / en ciertas madrugadas / que la luz invadía con su guadaña blanca / por sorpresa,…Y por sorpresa quedan los versos que aún faltan para comprender esta «Oscura señal».
Avanzamos desde el tiempo por el tiempo y nos esforzamos en comprender aquello que aún nos falta por vivir; desolación o quimera que nunca llegamos a comprender, ya que el tiempo, forma parte de nosotros mismos; somos tiempo en proyectos de vida. Y puede sucedernos como «El ruiseñor en la muralla», poema que comienza con estos versos casi proféticos: Cae la sombra en el mundo como una lluvia antigua, / como una profecía del viento extraviado / en agujeros negros; sí, en agujeros negros, en lo que nunca pensamos caerá sobre nosotros; en la falta de luz, de vida… En la segunda parte de este poema el poeta nos abrevia la existencia en tres definiciones metafóricas: Entra el viento en la rama como en el cuerpo el sueño, / como el mar en la cueva, como en el río la sombra. Y así el viento nos obliga a mirar hacia atrás, a ver de soslayo lo mucho que perdimos y ganamos en la búsqueda: El idioma del viento / va al cóncavo silencio de la noche… Silencio. Siempre un silencio precediendo a toda búsqueda.

«La memoria habitable», segunda parte de este poemario que refuerza el paso del tiempo y nos pone en desventaja sobre la certidumbre de la vida; nos hace comprender el porqué de los sueños, de la búsqueda, de nuestras interrogantes: Me llevo de viaje un verso, dos heridas / y esta forma de ser que tienen los recuerdos. Sí, los recuerdos nos transportan de una luz a otra vida; de un silencio a otro olvido y hacen o deshacen aquello que fue dicho en el lugar del mundo, no es el paso del tiempo el que nos transporta del día a la noche; es la vida, nuestra propia existencia la que nos hace ver lo incomprensible de la propia existencia; ya en el poema «Tiempo sin tiempo» el poeta nos dice: Son los muertos la nieve que cae desde los puentes / a las gargantas mudas, al hueco de la tierra, / al corazón helado de la noche infinita. El corazón helado… Todo ausencias y preguntas sin memoria; nos lo inquieta desde el «Sueño de las raíces»: En los médanos flotan ausencias y preguntas, / espejos rotos, círculos hacia un mar sin memoria.
Santos Domínguez se reafirma en este Principio de incertidumbre sobre la platónica metáfora de la luz y las sombras y nos comenta en el poema «Patria profunda»: En la cueva el solsticio suena a flautas y a huesos, / a una música sorda de fósiles en sombra. Música sorda, fósiles en sombra. ¿Qué quedó de la luz que nos hacía soñar? ¿Qué quedó de la esencia del tiempo consumido? Solo restos de luces y sueños incumplidos y desoladas formas de ver la certidumbre con que la vida ahoga. Por eso el poeta en su poema titulado «Ritual del vértigo» nos invita a programar nuestro propio epitafio, a desdecir lo dicho, a sentir el vértigo de nuestra propia duda: Si todo está ya escrito en los surcos del viento / que tu último gesto sea apagar una hoguera / y con la misma mano decir adiós un día.
Decir ¡adiós! Éste es el mayor Principio de incertidumbre que tenemos; la duda de saber si sabremos pronunciar las últimas palabras que el paso del tiempo guarda para nosotros en su cofre sin rostro ni fórmulas paradisiacas; esa incertidumbre que llevamos grabada en las espaldas desde un «siempre indefinido», en su tiempo y su memoria.

Santos Domínguez Ramos y su Principio de incertidumbre no va a dejar indiferente a nadie, ya que su libro viene a hablarnos de aquello que, sospechosamente, casi todos guardamos como escudo, para deshacernos de las incertidumbres que la vida nos depara; y concluyo esta presentación, con el primer verso del poema que cierra el libro: Sabía que se paraban la lluvia y los relojes. Pura predicción…

Antonio García de Dionisio



17 abril 2017

En el especial de Aquarellen




En las páginas centrales de la entrega especial de Aquarellen en abril, seis poemas míos, de diferentes libros: Compás de llama y yunque, Acorde de Tristán, El viento sobre el agua, Monje a la orilla del mar, Crepúsculo español de Casanova y El cielo sobre Berlín.
Dejo aquí, con la portada enlazada al contenido de la revista, mi agradecimiento a María José Mattus y Jesús de Castro.

16 abril 2017

Tinieblas de Pasión

                              Fotografía de José María Jurado                             


          Para Rosalía, 
                                                                              Virgilio en las tinieblas, 
Beatrice hacia la luz.



Esta tarde no es mía, esta tarde es un hueco 
de tinieblas borrosas en la luz desgarrada;
un paréntesis de agua donde da fondo el tiempo 
con dos lirios de cera y pétalos de cobre.

Ahí fuera es lunes santo y en esta tarde ajena 
sólo llega el jazmín, el azahar y los ecos 
de clarines lejanos del sur y una campana.

Ahí fuera es lunes santo, 
ardientes cantos curvos 
trazan las golondrinas y, oculto, un ruiseñor 
canta detrás del seto sin miedo y sin dolor,  
como transcurre el viento delgado sobre el agua.

                                                
  

Alfonso Reyes. El plano oblicuo


15 abril 2017

Autorretrato de Marcos Matacana



Un pálido dibujo a tres colores.
Charles Baudelaire
yo también fui fuerte
y confié en que el tiempo
correría a mi favor

y creí que vivir
valdría la pena

y llegué a pensar
que era un buen tipo
incapaz de hacerle daño a nadie

y mira ahora
en qué me he convertido

Con ese poema, 'Autorretrato', abre Marcos Matacana su Polvo en el aire, un amplio conjunto de poemas que publica Palimpsesto Editorial.
Organizado en tres partes –A humo de pajas, Teoría del Compost y Habitaciones de paso- por las que transcurre el itinerario vital y poético del autor, Polvo en el aire es la expresión de la poesía descarnada, directa y sin concesiones, de Marcos Matacana.
Son poemas de una dureza desgarradora, tan explosivos como la mezcla de sus referencias: Orfeo y Peret, Pemán y Kiko Veneno, Garcilaso y Dinamita pa los pollos, Catulo y Leopoldo María Panero, uno de los referentes más reiteradamente recordado a lo largo del libro.
El tiempo y los recuerdos, la soledad y la muerte son las estaciones de paso de la vida que contienen estas páginas viscerales, de ese polvo en el aire con que resume el título el sentido de la existencia, de “lo que somos: seres de paso en habitaciones de paso.”

14 abril 2017

La lucidez del alba desvelada





CAE LA LLUVIA FINA SOBRE LA TIERRA. 
Este podría ser mi último poema, más triste 
que el de Machado de los días azules, el sol 
y la infancia, pero es el que se me ocurre y el que siento 
mientras ando bajo la lluvia fina al salir de clase, 
en los jardines de la Maternidad, cae la noche 
y no tengo tiempo ni ganas 
de escribir un poema y así 
este verso va a ser 
un verso huérfano, y podría 
ser un testamento, un último verso 
para ser encontrado 
después de la lluvia, al final del mundo. 

Con ese texto cierra Santiago Montobbio La lucidez del alba desvelada, una colección de poemas escritos entre 2010 y 2012 en torno al tema del amor.
Un itinerario sentimental desde el amor hasta la pérdida en un libro en el que lo elegiaco acaba imponiéndose a la oda, como la prosa al verso, como la pérdida a la plenitud amorosa.
Entre la luz mediterránea y la desolación de un lugar sin nadie, un recorrido desde el “amor que empieza, que canta, que anda”, del primer poema del libro hasta la enfermedad, el dolor y la muerte, hasta esa “última tarde, última nada.”
Desde el mar que se convierte en el ámbito luminoso del amor a la tierra vacía como espacio de la ausencia sobre el que cae la lluvia de ese último poema.

13 abril 2017

José de la Colina. Antología de microrrelatos


12 abril 2017

Carson McCullers. El aliento del cielo


11 abril 2017

Poemas al padre en la poesía hispánica moderna


10 abril 2017

Dostoievski. Apuntes de invierno


"La mirada occidental" titula su epílogo a los Apuntes de invierno sobre impresiones de verano de Dostoievski Nadiezhda Guennádievna, profesora de la cátedra de Literatura Rusa de la Universidad de San Petersburgo y especialista en novelistas rusos del siglo XIX.
Dostoievski escribió en 1863 estos Apuntes que se convertirían en un boceto de las Memorias del subsuelo que aparecieron el año siguiente. Ambos textos responden a un diseño semejante: se plantean como una narración confesional atravesada por la primera persona y por la escisión entre la conciencia y el comportamiento, entre los principios éticos o ideológicos y las reacciones viscerales.
A la vista de su evolución posterior, estos Apuntes de invierno son un preludio en el que apuntan ya algunas de las claves que configurarían posteriormente su mundo literario. Por eso el filósofo Walter Kaufmann los caracterizó como “la mejor obertura para el existencialismo jamás escrita.”
Hay en sus páginas una mirada crítica, distanciada y extranjera sobre la sociedad francesa que tanta deslumbrada emulación suscitó en la Rusia zarista. Es la mirada de un ruso hacia la Europa más civilizada, hacia lo occidental.
Pero en ese epílogo Nadiezhda Guennádievna analiza también la mirada occidental hacia ese libro, que “es leído por los críticos occidentales como un texto vigente en nuestros días.”
Con traducción de Alejandro Ariel González, lo publica Hermida Editores en su colección El Jardín de Epicuro y llega hoy a las librerías.