23 julio 2018

Fernando Quiñones. Cuentos completos


22 julio 2018

José Hierro. Cuaderno de Nueva York


21 julio 2018

Luces y sombras de un payaso




"Buster Keaton dijo de Marcelino Orbés que «fue el clown más grande que jamás vi» y Charles Chaplin lo reconoció como referente y figura inspiradora. El payaso Marcelino trabajó también con Harry Houdini, el ilusionista y escapista austrohúngaro nacionalizado estadounidense, especialista en deshacerse de toda suerte de cuerdas, esposas, baúles cerrados con candados y cadenas de cualquier tipo. Por no mencionar su capacidad para salir de cajas fuertes arrojadas al mar o sus habilidades para liberarse de camisas de fuerza colgado boca abajo en los rascacielos neoyorquinos. Chaplin, que tanto había admirado a Marceline y que envió una corona de flores al entierro del jaqués, pasó de ser un desconocido a comienzos del siglo xx a convertirse en una de las personalidades mundiales más famosas y celebradas de toda la primera mitad de esa centuria. Seguidor de la tradición del music hall, Chaplin acertó a captar los estados de ánimo, las esperanzas y temores que estaban en el aire y hacían reaccionar a la gente. Sin embargo, su cómico de referencia, Marcelino, pasa desapercibido o ni siquiera se le dedica una triste línea en cualquier antología del circo, del humor o del espectáculo. Permanece en una discreta penumbra, muy lejos de los focos que lo acompañaron en vida", escribe Alberto Sabio en el prólogo de Marcelino. Muerte y vida de un payaso, de Víctor Casanova, que publica Pregunta ediciones.

Escrito con una técnica contrapuntística en la que se alternan la figura del biógrafo y el biografiado, este libro es un documentado recorrido que reconstruye la muerte y la vida del personaje y de la persona de Marcelino Orbés (Jaca, 1873- Nueva York, 1927), pero es también el relato vibrante de esa búsqueda por parte del autor desde Nueva York.

Espléndidamente editado y apoyado en un abundante material gráfico, es también una reflexión sobre el triunfo y el fracaso a través de una estrella fugaz que obtuvo un enorme éxito en el Hippodrome de Nueva York, el teatro-circo más grande del mundo con más de cinco mil localidades, perdió el favor del público, inspiró a Chaplin para perfilar la figura del payaso fracasado de Candilejas y murió con seis dólares en el bolsillo. Desde entonces yace en una tumba sin nombre en el cementerio de Kensico donde estuvo también enterrado Fernando de los Ríos.

Más allá de su trayectoria artística, más allá de las luces del éxito y de las sombras del fracaso del personaje público, Casanova indaga también en las circunstancias de la persona que se esconde detrás de la máscara y del maquillaje: su desarraigo y sus problemas matrimoniales, sus reveses económicos y su crueldad privada o sus negocios fracasados.
  
Un panorama con más sombras que luces que se cerró la madrugada en que decidió desaparecer de verdad, no como hacía su amigo, el ilusionista Houdini.





20 julio 2018

Los mundos de Robert Fludd


19 julio 2018

Enrique Zumalabe. La lluvia o la mañana



No todo está perdido: el mundo gira
y está girando siempre. Este mutismo,
esta paz que se toma por mandato,
probablemente es una consecuencia
debida a su incansable movimiento.

No todo está perdido: permanecen
los puentes, los helechos, las palomas.
Es un gesto el paisaje. Sobrevive
mitigando el latido de la angustia,
de esa premonición que nace en el abismo.

Ese es uno de los poemas de La lluvia o la mañana, el libro que Enrique Zumalabe publica en Siltolá Poesía.
Un libro en el que el paisaje y la memoria construyen las diversas imágenes de la temporalidad en una poesía de la mirada que  se proyecta en una desolada meditación existencial.
Entre un pasado que se desvanece y un presente que es la antesala inmediata del abismo, queda la tregua del recuerdo,  la experiencia amorosa o el temple de estos versos, cuando
Lo que resta es tan sólo
la lluvia o la mañana.

18 julio 2018

Cioran. Extravíos


17 julio 2018

Egos revueltos




Los escritores caminan para ser los mejores de su barrio, de su ciudad, de su país del mundo entero. Ninguno se conforma con menos, pero no todos pueden llegar a ser aquello a lo que aspiran. Muchas veces se resignan por el camino y otras veces los halla el olvido mientras teclean la que va a ser su obra maestra, esta vez sí. Todos esos esfuerzos son naturales e incluso hermosos, animan a la sociedad literaria a seguir adelante, compitiendo. La competencia es, como el ego, parte de la naturaleza del oficio. Muchos escritores, en todo el mundo, han tenido alguna vez la vanagloria de la que presumía, riéndose de sí mismo, Jorge Amado y el que diga que no es cierto, que él no compite, es probablemente quien con más ahínco genera en sus neuronas la obligación de ganar. La vanidad no es una excepción, ni en este ni en tantos oficios. 

Juan Cruz. 
Egos revueltos. 
Una memoria personal de la vida literaria.
 Tusquets Barcelona 2010

16 julio 2018

Juan Ramón Jiménez. Aforismos e ideas líricas


15 julio 2018

La invención del pasado




Decimos querer preservar «lo auténtico», pero esa aspiración está siempre en conflicto con nuestro afán por transformarlo para que se adapte mejor a nuestros deseos. Pensemos en la catedral de Barcelona, con su engañoso aspecto gótico. Los prospectos turísticos nos informan de que se construyó entre el siglo XIII y el XIV, sobre la antigua catedral románica, lo cual es cierto. Lo que no se subraya lo suficiente es que su fachada y sus torres quedaron sin completar, y que no fue hasta el siglo XIX, cuando la burguesía barcelonesa sintió la necesidad de un templo a la altura de una gran capital europea, que se remedió esta carencia. El resultado es que tanto su fachada como sus torres son una creación completamente nueva, del siglo XX, directamente copiadas de modelos franceses (que irónicamente eran también reconstrucciones a veces no muy rigurosas). Sin embargo, imitan con tanto aplomo el estilo medieval, o mejor dicho la idea que todos tenemos de lo medieval, que suscitan la fantasía de que ese era su aspecto en el pasado. Los arquitectos llaman a esto «falso histórico», pero poca gente es consciente de que lo que está contemplando es un pastiche. Muchos otros lo saben, pero su «deseo de creer» hace que sea posible la «ilusión de verdad».
¿Y qué decir del Barrio Gótico, que rodea esa catedral? Ahí nos adentramos todavía más en la ceremonia de la fantasía histórica. Las frases ambiguas de las guías permiten hacerse la ilusión de que estamos ante una reconstrucción de algo que existía previamente, cuando la realidad es que el Barrio Gótico se creó de la nada en las décadas centrales del siglo XX, siguiendo criterios imaginarios teorizados a partir de la arquitectura medieval italiana. El nombre mismo de «Barrio Gótico» solo se generalizó en la década de 1950. La capacidad de sugestión del edificio histórico, sin embargo, es tal que incluso cuando los obreros todavía estaban trabajando los diarios barceloneses se referían ya a uno de sus edificios como «las antiguas edificaciones de la calle del Obispo».

Miguel-Anxo Murado. 
La invención del pasado. 
Debate. Barcelona, 2013

14 julio 2018

El camello de oro