14 abril 2021

Italo Calvino. El escritor que quiso ser invisible


 

13 abril 2021

Steiner. Un lector


 

12 abril 2021

Kevin Prufer. Himno nacional



11 abril 2021

Donald Hall. Without


 

10 abril 2021

José Luis Morante. Ahora que es tarde

 

 
'Poesía y reflexión' titula Antonio Jiménez Millán el prólogo que abre Ahora que es tarde, la antología poética de José Luis Morante que publica La Garúa.

Ese equilibrio entre escritura y meditación, entre sentimiento y palabra resume ejemplarmente una trayectoria poética que inició en 1990 Rotonda con estatuas. Y en ese cruce de poesía y reflexión la conciencia del tiempo va tomando un peso cada vez mayor y dejando su línea de sombra en los poemas de José Luis Morante, que cierra este balance con un puñado de inéditos de un libro en preparación, Nadar en seco, al que pertenece el rememorativo En clave autobiográfica, que cierra la selección y termina con estos versos:

Crece el silencio en mí,
la nada vuelve.
 
El tiempo es la frontera
en mi mapa menguante.
A la luz del ocaso
ya no quedan tareas perentorias.
El futuro es de otros.

“La evolución del sujeto poético y la presencia de la otredad, los enlaces con la tradición literaria (y cultural, se podría decir) y, finalmente, la importancia de la metáfora del viaje” son los tres ejes de la poesía de José Luis Morante que aborda Jiménez Millán en su prólogo.

Tres claves de una larga navegación poética, tres coordenadas que orientan una trayectoria vital hacia la sombra, hacia el vacío del final de otro espléndido inédito, El muro:

Con despojos salobres
sedimenta el desierto
al otro lado.
Voy con él.
Abrazaré mañana su vacío.


Mirada y memoria sostienen una identidad poética que se vertebra sobre una sostenida voluntad afirmativa: afirmación del amor y de la búsqueda de sentido que es el motor de esa mirada al mundo que unifica -siempre reacia al desaliento- los poemas de José Luis Morante.

La contención expresiva, la cuidada dicción en la que siempre se oye latir la verdad de un hombre que se mira al espejo cara a cara y sin máscaras, son atributos esenciales de una poesía que combina experiencia y conocimiento, una poesía en la que el poema es el mapa que resume la exploración del mundo y de la conciencia, el ámbito que fija la noción de lugar sobre la que se construye la propia identidad, el cuaderno de bitácora de un viaje por mares no siempre inhóspitos, el hilo de Ariadna que nos rescata del laberinto.

‘Equipaje’, un poema de Largo recorrido, resume muchas de las características esenciales de esta poesía, cercana, intensa y necesaria:

Estas palabras son el equipaje,
el reclamo de una falsa grandeza,
de un terco deambular que viaja solo
en el vientre de un tren equivocado.
Y recelan mirar por la ventana
porque guardan su ayer en la retina
y saben que si cruzan el cristal 
verán muy diferente orografía.
Fueron la intrepidez que se desplaza
a dominios ignotos del planeta.
Dejó el regreso abiertas cicatrices,
hechas de laberintos y distancias,
que otros celebrarán desde el asombro.
Mi desamparo arrojará al silencio
que fue cada estación una renuncia,
un paso dado hacia ninguna parte.


09 abril 2021

Bicentenario de Baudelaire



 




 Con motivo del bicentenario del nacimiento de Baudelaire Nørdicalibros publica una espléndida edición ilustrada de Las flores del mal, un libro esencial en el nacimiento de la poesía contemporánea.

Baudelaire nació un día como hoy hace dos siglos, el 9 de abril de 1821, el mismo año que murió Napoleón, y vivió hasta 1867, el año en que Marx publicaba El capital.

Entre esas dos fechas capitales y simbólicas transcurrió la vida de uno de los fundadores de la literatura contemporánea, del autor que más ha influido en la poesía del último siglo y medio, no sólo por haber creado el género del poema en prosa, una de las formas características de la modernidad, sino por haber incorporado en su obra alguno de los temas fundamentales de esa misma modernidad, como el reflejo de una identidad borrosa y desvanecida, la obsesión por el paso del tiempo o los paisajes urbanos de una ciudad que no es sólo el fondo, sino el centro y el tema de su poesía.

Lleno de limitaciones verbales, esforzado y constante en su dedicación a la literatura, Baudelaire sintió como pocos el poder demoníaco de la palabra y la fuerza enajenante de la poesía. Afrontó el mismo desafío ante las letras de cambio y ante las palabras y todo lo resolvió con habilidad, talento y valor. Por eso fue un dandy empobrecido y con propensión crediticia, autor de una poesía marcada por su intenso sentido del presente.

Insurgente y transgresor en política y en literatura, cuando en 1851 la Segunda República Francesa confirma el fracaso de las utopías revolucionarias del 48, Baudelaire era ya una celebridad poética en los ambientes del París bohemio, pero no había publicado aún ningún libro.

Biógrafo y traductor de Poe, al que según Eliot mejoraba, publica en 1857 Las flores del mal, un libro con sólida base autobiográfica, con París y Jeanne Duval al fondo, que en sucesivas ediciones fue recogiendo la poesía que escribió a lo largo de veintiséis años. Un libro escandaloso por su violencia verbal contra el hipócrita lector, contra la instituciones y las normas, una radicalización de la rebelde subjetividad romántica llevada a sus últimas consecuencias.

Desde el primer poema, Bendición, está presente esa tonalidad delirante y provocadora. Este es su inicio:

Cuando, por un decreto de los supremas potencias,
el Poeta aparece en este tedioso mundo, 
su madre espantada y llena de blasfemias 
crispa los puños hacia Dios, y este la compadece:

-¡Ay, mejor hubiese parido un nido entero de víboras, 
en vez de abrigar esta irrisión! 
¡Maldita sea la noche de los efímeros placeres 
cuando mi vientre concibió mi expiación!

Con Las flores del mal, desde ese hodiernismo y esa rebeldía que busca el aire libre, el espacio de las multitudes como paisaje humano y el vagabundeo urbano por las calles de París, Baudelaire convirtió la gran ciudad en ámbito y tema de una poesía hasta entonces asfixiantemente claustrofóbica.

Porque Las flores del mal supuso el desplazamiento del paisaje de la naturaleza al de la gran ciudad, al nuevo París de las muchedumbres y los bulevares que sustituía  a mediados del XIX a la abigarrada ciudad de los barrios medievales. Era la ciudad en profunda transformación que sirvió de marco para una obra poética que supuso a su vez la transformación del panorama literario.

El caos movedizo de la gran ciudad se convierte en el paisaje literario y vital que sirve de fondo a la exaltación del presente y a la conciencia de sí mismo del artista, relegado al anonimato de las multitudes en la vida moderna, habitante de los márgenes sociales -como el mendigo, el loco o el viejo saltimbanqui que aparecen en estos textos y reaparecerán en Rilke por ejemplo- y con una capacidad crítica que más de siglo y medio después sigue mostrando una voz asombrosamente contemporánea, la que se expresa en poemas como El albatros, Correspondencias, Un fantasma, La invitación al viaje o las Letanías de Satán, que forman parte ya del canon fundamental de la poesía contemporánea.

Con ese libro explosivo se abría un abismo insalvable con la poesía anterior. Seguramente se inauguraba así en 1857 la poesía contemporánea, porque a partir de Las flores del mal, pese a la indiferencia de los críticos venales de la época, pese a su aura de malditismo satánico, pese a la condena del libro por inmoral y blasfemo en los tribunales, ya no se podrá seguir escribiendo poesía como hasta entonces.

Lúcido y moderno, Baudelaire inauguraba una nueva literatura que transformó radicalmente la poesía como forma de representar la realidad, modificó la voz lírica, alteró el tono del poema y cambió el papel del lector.

Al margen de su importancia histórica y de su potencia germinal como obra fundadora del canon del que surge la poesía contemporánea, Las flores del mal tienen una virtud más alta: mantienen intacta su capacidad para conmover y para sorprender al lector actual, como en el Spleen que comienza con estos versos:

Soy como el rey de un país lluvioso, 
rico mas impotente, joven y sin embargo muy viejo, 
que, despreciando las zalemas de sus preceptores, 
se aburre tanto con sus perros como con otros animales. 
Nada puede distraerle, ni la caza, ni el halcón, 
ni su pueblo muriendo ante su balcón.

Esta edición bilingüe de Nørdicalibros, magníficamente traducida por Carmen Morales y Claude Dubois, contiene una selección de los cincuenta y ocho poemas más significativos de Las flores del mal.

Cincuenta y ocho poemas ilustrados por el artista belga Louis Joos con potentes dibujos que acompañan a los textos con diversas técnicas (acuarela, tinta china, pastel) que son el contrapunto plástico de los temas, las imágenes, el tono y el enfoque de los irrepetibles versos de Baudelaire, que se recogen al final del volumen en su versión original.

08 abril 2021

La otra memoria

 
 

 
“La historia de la vida política española durante el año de 1936 no es sólo la de una confrontación de partidos o ideologías más o menos homogéneos y estructurados. Es también algo que no siempre se ha tenido suficientemente en cuenta: una historia de individuos y vivencias personales ricas en matices y contradicciones. De eso se ocupa este libro, de personas, lugares y experiencias concretas. Porque hubo protagonistas en aquella evolución compleja en la que la tensión y la violencia extrema arrinconaron progresivamente la discrepancia ordenada y el conflicto regulado, hasta lograr que algunos –‍pocos, pero movilizados e influyentes–‍ tomaran decisiones que precipitaron una guerra civil de la que pocos pudieron o quisieron escapar. Los ganadores y los perdedores de febrero, los protagonistas de la primavera, los mismos que serían testigos durante la segunda parte del año de la extrema dureza y la miseria moral de una guerra entre vecinos, tenían nombres y apellidos. De ellos se habla en los capítulos de este libro, que trascienden las etiquetas y las generalizaciones para narrar las vidas y las circunstancias particulares en que los españoles pasaron de unas reñidas y polémicas elecciones a un repentino vuelco en el poder y, más tarde, a un deterioro brutal de la convivencia democrática, un golpe de Estado fracasado y finalmente a una guerra, con la experiencia desconocida y desoladora de una confrontación sangrienta que enfrentó a vecinos y viejos adversarios también en las retaguardias. Sí, nombres y apellidos que no siempre han tenido el protagonismo que merecían en el análisis del período, pero que resultan cruciales para analizar y comprender cómo evolucionó y hasta qué punto cambió la violencia política antes y después del golpe de Estado del 17 de julio y del comienzo de la guerra”, escriben Fernando del Rey y Manuel Álvarez Tardío en la Introducción de Vidas truncadas, el volumen colectivo que acaba de publicar Galaxia Gutenberg
 
 Fernando del Rey, que mereció el Premio Nacional de Historia el año pasado por Retaguardia roja, y Manuel Álvarez Tardío, autor del fundamental 1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular, son los directores de este libro, subtitulado Historias de violencia en la España de 1936, que se organiza en ocho capítulos que abordan en un enfoque microhistórico, con el análisis de diversas historias personales, el clima de violencia que desembocó en la guerra civil española a partir de un conflictivo entramado en el que se cruzan lo individual y lo colectivo. 
 
Así explican su propósito los coordinadores del volumen, en el que han participado otros seis historiadores: 
 
 El propósito de este libro no es contar «los orígenes de la guerra civil» en sentido clásico, sino narrar desde abajo, identificando algunos de los protagonistas y sus lugares de residencia, cómo se transitó desde un período tan apasionante y convulso como el de la primavera de 1936 hasta otro de guerra abierta en el verano y el otoño de ese mismo año. No queremos explicar la violencia de la guerra apelando a una explicación simple de lo que pasó en los meses previos. Queremos mostrar, siguiendo a algunos protagonistas, qué continuidades y qué rupturas se produjeron en diversas situaciones. Y nuestra perspectiva es la de la microhistoria. Es, por tanto, una perspectiva inductiva, en tanto que pretende extraer enseñanzas que nos aproximen a algunas conclusiones generales a partir de la observación de hechos o casos particulares. Tal enfoque cuenta ya con una trayectoria solvente desde que, amén de otros pioneros, un puñado de historiadores modernistas italianos de los años setenta, saturados por el marxismo o el estructuralismo de la Escuela de los Annales, apostaron por los individuos de carne y hueso en sus indagaciones en el pasado. Personas muchas veces anónimas, por las que los historiadores habían pasado de largo, cuyas vidas podían aportar muchas claves para la comprensión de su época o sus sociedades.
 
En un contexto de enorme agitación política y social, este libro habla de ambiciones y enemistades, de agitadores y oportunistas, de vecinos que se convirtieron en enemigos en Alcalá de Henares, de una brutal y sostenida explosión de violencia en Caspe, del pistolerismo de los grupos paramilitares de extrema izquierda y extrema derecha y de la politización de las fuerzas de seguridad, de los dos generales responsables de la sublevación fallida en Madrid, de la deserción del cabecilla de la represión descontrolada en el Madrid republicano, de un socialista italiano y su participación en la insurrección armada del PSOE, del ajuste de cuentas contra un exministro lerrouxista de la Gobernación o del asesinato de un líder agrario manchego de segunda fila.

Hechos y personas, víctimas y verdugos con los que se compone un vivo relato hecho desde abajo con ocho episodios significativos del clima de violencia del 36 y su mezcla de enconos personales y odios políticos. Un mosaico construido con ocho piezas que reflejan cómo se pasó de la ruptura de la convivencia al ajuste de cuentas pendientes, al asesinato en la retaguardia o al ajusticiamiento sumario. Ocho escenas de individuos y vidas truncadas que sufrieron la violencia ideológica, los odios políticos y personales y cuya peripecia intrahistórica es el espejo de un clima general del que formaron parte y del que fueron víctimas. 
 

07 abril 2021

Poesía completa de Eugenio Montejo



TERREDAD

Estar aquí por años en la tierra,
con las nubes que lleguen, con los pájaros,
suspensos de horas frágiles.
A bordo, casi a la deriva,
más cerca de Saturno, más lejanos,
mientras el sol da vuelta y nos arrastra
y la sangre recorre su profundo universo
más sagrado que todos los astros.

Estar aquí en la tierra: no más lejos
que un árbol, no más inexplicables,
livianos en otoño, henchidos en verano,
con lo que somos o no somos, con la sombra,
la memoria, el deseo, hasta el fin
(si hay un fin) voz a voz,
casa por casa,
sea quien lleve la tierra, si la llevan,
o quien la espere, si la aguardan,
partiendo juntos cada vez el pan
en dos, en tres, en cuatro,
sin olvidar las sobras de la hormiga
que siempre viaja de remotas estrellas
para estar a la hora en nuestra cena,
aunque las migas sean amargas.


Es uno de los poemas más significativos de Eugenio Montejo (Caracas, 1938-Valencia, Venezuela, 2008), uno de los poetas imprescindibles de la lengua española en los últimos años.

Terredad da título también a uno de sus libros más representativos, que apareció en 1978 y que, junto con el resto de su obra poética, forma parte de la magnífica edición en Pre-Textos de la totalidad de su poesía, primer volumen de su Obra Completa, preparada por Antonio López Ortega, Miguel Gomes y Graciela Yáñez Vicentini en la canónica Biblioteca de Clásicos Contemporáneos. 

Abre el volumen, que reúne cuarenta años de escritura poética entre Élegos (1967) y Fábula del escriba (2006), un espléndido estudio introductorio de Antonio López Ortega y Miguel Gomes, que a propósito de ese libro subrayan “el tenor ‘cósmico’ de la voz de Montejo. Nada lo condensa mejor que el neologismo terredad: nos habla, por supuesto, de la condición del ser terrestre, habitante de un planeta; nos habla de los elementos que nos contienen: aire, agua, luz, fuego; nos habla también del campo anímico: sentimientos, nostalgia, flaquezas; y también de las vidas que nos acompañan o sobrepasan: la de los árboles centenarios que nos saludan sin saberlo, la de las ballenas con sus resoplidos incesantes, la de las hormigas con sus sobras del día. La condición de la existencia como una cornucopia en la que todo coincide, incluso lo que no podemos imaginar; la concentración máxima de sentido, armoniosa pero también incomprensible, pues en sí también lleva su dosis de autodestrucción. La vida, pues, como un verdadero milagro, pero también como el mayor de los enigmas.” 

“La poesía es la última religión que nos queda”, afirmaba Montejo, creador de una obra intensa y transparente en la que conviven la serenidad meditativa y la hondura emocional con la búsqueda de la palabra como medio de revelación del mundo. Poesía de la conciencia y la celebración que, en sus propias palabras, aspira a “nombrar la condición tan extraña del hombre en la tierra, de saberse aquí entre dos nadas, la que nos precede y la que nos sigue.” 

Un ejemplo memorable, también de Terredad, libro central en su trayectoria poéticaes esta Duración, una serena meditación sobre la fugacidad que se ha convertido en uno de sus poemas más conocidos:

Dura menos un hombre que una vela
pero la tierra prefiere su lumbre
para seguir el paso de los astros.
Dura menos que un árbol,
que una piedra,
se anochece ante el viento más leve,
con un soplo se apaga.
Dura menos que un pájaro,
que un pez fuera del agua,
casi no tiene tiempo de nacer,
da unas vueltas al sol y se borra
entre las sombras de las horas
hasta que sus huesos en el polvo
se mezclan con el viento,
y sin embargo, cuando parte
siempre deja la tierra más clara.



06 abril 2021

El diácono Brodie o la doble vida

“En la Edimburgo de finales del siglo dieciocho vivió un reputado ebanista y respetable ciudadano cuyas habilidades como cerrajero lo convertían de noche en un temible desvalijador de viviendas y comercios del que nadie podía sospechar su identidad. El que a la luz del día era tenido por irreprochable cabeza de familia y miembro de su parroquia saldaba así sus deudas de juego y sufragaba su desmedida afición a la vida tabernaria y a las bajas compañías. Al principio en solitario, y más tarde con la ayuda de varios colaboradores, sus asaltos hicieron desesperar a los buenos burgueses y a las fuerzas del orden hasta que, finalmente, uno de sus golpes se torció y tuvo que salir huyendo. Aunque en un principio logró escapar a Holanda, sus propios cómplices acabaron delatándolo y, una vez detenido y repatriado, fue juzgado y condenado a la horca, donde murió el 1 de octubre de 1788”, escribe Victoria León en el prólogo a su brillante traducción de El diácono Brodie o la doble vida, un melodrama neorromántico en cinco actos y ocho cuadros que escribieron Robert Louis Stevenson y William Ernest Henley, el autor de Invictus, uno de los poemas más famosos de la literatura inglesa (“Soy el dueño de mi destino; / soy el capitán de mi alma.”)
 
Lo publica la sevillana Athenaica en una elegante edición que remata un epílogo en el que Luis Alberto de Cuenca define esta pieza teatral como “preludio dramático de El extraño caso del doctor Jekyll y Mister Hyde.

Es la primera vez que se traduce al español esta obra inspirada en el personaje real de un ebanista, presidente -que eso significa aquí diácono- del gremio de artesanos de Edimburgo. Un personaje de doble vida que Victoria León relaciona en su prólogo no solo con la escisión de la personalidad de Jekyll y Hyde, de la que es un precedente palmario, sino con algunos aspectos de otras obras de Stevenson como La isla del tesoro, Olalla y Markheim.

“En El diácono Brodie o la doble vida -escribe Victoria León-, la respetabilidad burguesa («el horrendo negocio de la hipocresía, la mentira y la doblez», en palabras del diácono), la importancia del linaje entendido como constitución física y espiritual que puede perfeccionarse o degenerar en cada individuo («mi hijo es mejor hombre que yo», dice el orgulloso padre del diácono), la industriosa prosperidad y la ortodoxia presbiteriana en ambigua convivencia con ese abigarrado mundo de ladrones, proxenetas, jugadores, bebedores y libertinos embozados conforman la metáfora de un desdoblamiento que atañe tanto a los individuos como a la propia ciudad. Y es la misma metáfora que volveremos a encontrar en la no menos neblinosa, encanallada y violenta Londres de la noche victoriana, el escenario en el que podemos recordar a Jekyll liberando sus pulsiones violentas y homicidas. Pues la noche es el único testigo de la transformación del hipócrita.”

05 abril 2021

Los dioses de los griegos

 


“Este libro debe su origen a la convicción, compartida por los editores y el autor, de que ha llegado el momento de escribir una Mitología de los Griegos para adultos. Es decir, una mitología no sólo para especialistas en estudios clásicos, en historia de la religión o en etnología; menos aún para niños, quienes en el pasado recibieron los mitos clásicos muy alterados o, al menos, escogidos cuidadosamente según los criterios de una educación tradicional; sino simplemente pa­ra aquellos adultos cuyo interés primordial, si bien vinculable al inte­rés por cualquiera de las mencionadas ramas del saber, reside sin em­ bargo en el estudio de los seres humanos. La forma actual que ese interés toma es, desde luego, la de un interés por la psicología. Y tal como lo ha admitido un gran exponente del pensamiento humanístico moderno, es precisamente la psicología el saber que «contiene en su interior un interés por el mito, tal como toda escritura creativa contiene en su interior un interés por la psicología».”

Esas últimas palabras que entrecomilla en su cita Karl Kerényi en la Introducción de Los dioses de los griegos, que publica Atalanta con traducción de Jaime López Sanz, son de una conferencia de Thomas Mann, que añadía: “mientras lo mítico representa un estadio temprano y primitivo en la vida de la humanidad, en la vida del individuo representa uno tardío y maduro.”

“La palabra griega mythologia contiene el sentido no sólo de «cuentos» (mythoi), sino también el de «contar» (legein): un tipo de narración que originalmente también despertaba ecos, porque promovía el darse cuenta de que la historia contada concernía personalmente al narrador y a la audiencia. [...] Este libro es un intento  experimental de reponer la mitología de los griegos (al menos hasta cierto punto) en su medio original: en el contar historias mitológico”, escribe el filólogo, helenista y mitógrafo húngaro Károly Kerényi, que publicó Los dioses de los griegos en 1951. Es el primer volumen de La mitología de los griegos, que completó en 1958 con Los héroes de los griegos, editado en España hace doce años también en Atalanta.

El conjunto es un estudio ya clásico sobre la profunda huella que han dejado los dioses y los héroes de la mitología de la Grecia clásica no sólo en la configuración de prototipos literarios o éticos, sino en la formación del pensamiento occidental.

Se trata de una mitología para adultos presentada como una narración continua que prescinde del análisis erudito y se construye como un relato puesto en boca de un narrador inventado por Kerényi: un griego isleño de nuestro tiempo que cuenta esos mitos y leyendas heroicas desde dentro, como parte de su propia realidad.

Porque -explica Kerényi en su introducción- “el elenco presentado en este libro debe también incluir un personaje ficticio que recuenta las historias de la mitología griega. Este personaje dirá el prólogo de las acciones narrativas mayores y menores; al modo clásico de la tragedia griega introducirá a los otros personajes a medida que aparezcan y describirá sus indumentarias.”

Por medio de esa voluntad narrativa se asume así un único punto de vista omnisciente que recorre una parte fundamental de nuestro inconsciente colectivo a través de esas historias.

La interpretación de Kerényi de las figuras de la mitología griega como arquetipos de alma humana se relaciona directamente con el enfoque de Freud y Jung, que exploraron los vínculos entre la psicología y la mitología griega.

Lo explica en su prólogo Luis Alberto de Cuenca cuando escribe que “la psicología moderna, con Sigmund Freud a la cabeza, buceó en los arquetipos que le ofrecía la mitología griega para dar nombre a procesos de naturaleza psíquica como el complejo de Edipo, el de Electra, el de Medea y tantas otras proyecciones de nuestro yo infantil en el mundo de las emociones y los sentimientos consustanciales a nuestra especie.”

Con esa perspectiva narrativa, a partir del estudio de una ingente cantidad de fuentes y relatos desde los himnos homéricos hasta Aristófanes o Plinio y desde Teócrito hasta Cicerón o Virgilio, Kerényi ofrece un recorrido por los mitos griegos más significativos desde los mitos sobre el origen y las divinidades primordiales (Tetys y Océano, Gea y Rea, la Gran Madre de los dioses) a los cultos mistéricos de Dionisos o Eleusis, a los que dedicó sendas monografías.

Hécate, las Moiras y otras deidades preolímpicas como las Erinias o Euménides;  Afrodita y sus diversas advocaciones; Zeus y sus múltiples esposas; su hija, Palas Atenea, virgen y madre; Apolo en Delfos con forma de delfín y Ártemis, su hermana cazadora; las maternidades de Hera y el canto de Hermes, inventor de la lira; Posidón, hermano de Zeus, y sus matrimonios; el Sol, la Luna y su familia; Prometeo, rival de Zeus, y la raza humana; Hades, “el hermano subterráneo de Zeus”, su hermana Deméter y su sobrina Perséfone, divinidades del Inframundo, y otras historias de rapto, consuelo y ascensión.

 Forman parte de un mosaico espectacular, porque -como avisa Kerényi a propósito de Afrodita y sus sobrenombres- “la sustancia de los relatos estaba contenida en la figura de la deidad misma, pero ningún relato aislado podría presentar a la figura completa en todos sus aspectos. Los dioses vivían en el alma de nuestros ancestros, por lo que sus figuras no se agotaban al entrar en algunas de sus historias tomadas aisladamente. Y sin embargo, cada relato contiene, ahora como entonces, alguna parte viva de ellos, un fragmento que contribuye a sus configuraciones totales.”

Las páginas de este ensayo imprescindible son una contribución decisiva a la reconstrucción de ese mosaico complejo y plural que representa la complejidad del hombre y su relación consigo mismo y con los otros, con la naturaleza y el universo, con la vida, el tiempo y la muerte.


04 abril 2021

Otra resurrección



Elegiste la ciudad del Paraíso como principio y final de nuestra historia. Igual que comenzó, acaba ahora este suave fluir por esas calles que un día caminamos, abrazados, en busca de un lugar de alba entrega, con un borracho perfume de varas de nardo. Ahora la ciudad también es otra, o tal vez no, tan sólo  contemplada con otros ojos, con otra mirada menos tuya, más enmimismada y aterida.

Así comienza el ‘Mapa de situación’ que abre El fiel de la balanza, que Manuel Francisco Reina publica en Cuadernos del laberinto.

Un espléndido conjunto de poemas en prosa sobre los que planea la sombra de las pérdidas, el vacío de las despedidas desde esa Ciudad del Paraíso a la que regresa el poeta para comprobar las cenizas de la hoguera amorosa, las ruinas del jardín adánico y edénico y para hacer una minuciosa enumeración de los nombres del dolor, el desengaño y la ausencia con el contrapunto alegórico y bíblico del libro del Génesis (jardín, manzana y sierpe, veneno del engaño) en el que un Adán transfigurado lamenta la traición y la ingratitud, la frialdad de la sangre del ofidio y denuncia para siempre la marca de Caín con esta potente maldición: 

Que nadie vengue en ti mi daño. Que el tiempo te sea largo y pesaroso para estar a solas contigo muchas veces. Para recordar el crimen, para mirar tu reflejo y en él el eco de tus palabras de devoción y entrega, tus manos manchadas con la sangre hermana e inocente. Que el silencio te muerda la sien, como la quijada de un asno, y la soledad tan sólo te siga siendo fiel, en la rotura estéril de los años que vivas, multiplicados hasta por setenta y siete veces siete…

Son palabras que llueven como un diluvio bíblico para limpiar el barro del olvido y la culpa, del dolor y sus huellas en un monólogo penitencial impuesto por la ausencia del otro, por la imposibilidad del tú y el nosotros, en un memorial de los daños que arrasaron el jardín y la inconsistente torre sin cimientos.

La soledad y el silencio, la mentira de otro mar, la liturgia de la casa y la frialdad del corazón recorren la transitiva intensidad emocional y verbal de estos poemas en prosa que llegan al lector con la fuerza de lo auténtico, de lo vivido y lo sangrado, de una vía purgativa sobre la que flota por tres veces otra sombra: la  sombra tutelar de Francisca Aguirre en su inolvidable Ítaca desolada, porque “no nos vuelve mejor el daño, aunque sí más fuertes, como un amor a veces no es más que una ola, aunque su vibración provocase un maremoto y con él cambiase el perfil de nuestras costas y la profunda sima del pensamiento…”

Y por eso, desde la herida y sobre este paisaje de extravío, se impone el aprendizaje diario de la cicatriz y la esperanza:

Todos los días se aprende; de aprender lo nuevo y adaptarse depende seguir siendo y crecer, evolucionar aunque sea con daño. Volverán a tu ser los brotes, nudosos primero y verdes luego como nuevas ramas, y esa profunda herida cercenada como un rayo en tus cimientos, tornará a crecer, como las rojizas extremidades pentagrámicas de las estrellas de mar... igual que ahora, desde los labios de la herida, florecen minúsculas y perfumadas violetas, con la humilde certeza de que convertirás el dolor, una vez más, en florido perfume de palabras.

Que así sea.


03 abril 2021

Augurios de inocencia de William Blake


 

02 abril 2021

Dickens. Grandes esperanzas


 

01 abril 2021

El Señor Presidente. Edición conmemorativa


 

31 marzo 2021

Antología de Álvaro de Campos