21 noviembre 2019

Rubaiyat



"Nombrado con admiración sin reservas por escritores de la talla de Borges, Oscar Wilde, Amin Maalouf, Juan Ramón Jiménez o Salman Rushdie, Omar Jayam ha sobrepasado la barrera que separa al escritor del personaje, convirtiéndose en un mito susceptible de generar literatura a partir de sí mismo y no solo de sus admirables cuartetas", escribe Luis Alberto de Cuenca en el prólogo (Omar Jayam, poeta de todos) de la estupenda edición que publica Reino de Cordelia de setenta y cinco Rubaiyat de Omar Jayam, el poeta persa que vivió en los siglos XI y XII.

Esta nueva traducción que firma Victoria León ofrece una espléndida versión métrica en alejandrinos que toma como base la versión inglesa de Edward FitzGerald, que difundió por primera vez en Europa las Rubaiyat en 1859. 

Recorre las Rubaiyat la invitación al goce, el epicureísmo vitalista y la defensa de los placeres del amor y el vino en composiciones dotadas de una enorme expresividad plástica y de una admirable fuerza sensorial en el despliegue de sus imágenes:

¡Hasta la última gota de la copa apurad 
antes que pronto al polvo nos sumemos de nuevo, 
polvo al polvo que yace bajo un manto de polvo, 
sin vino y sin canciones, por los siglos sin fin! 

¡Llenad la copa, entonces, y os diré nuevamente 
que el tiempo se desliza veloz bajo los pies! 
No ha nacido el mañana. El ayer ya está muerto. 
Pero ¿qué ha de importarnos si es tan dulce el ahora?


Estas son los dos primeros cuartetos: una plástica evocación del amanecer:

«¡Despertad, que ya el alba ha lanzado el guijarro 
que espanta las estrellas al cuenco de la noche, 
y el Cazador de Oriente acaba de atrapar
la torre del sultán en su lazo de luz!»

Y esta variación sobre el tópico del Carpe diem:

En sueños, con el falso amanecer, oímos
esa voz que nos llama desde alguna taberna: 
«¡Despertad, hijos míos, y llenad vuestra copa 
antes que se evapore el licor de la vida!»

Esta edición incorpora además las ilustraciones art nouveau del artista húngaro Willy Pogány que aparecieron en la publicada en Nueva York en 1909. 





20 noviembre 2019

Un canto straniero







Ya está en distribución Un canto straniero, la amplia antología bilingüe de mi poesía que publica Link Edizioni con edición y traducción de Marcela Filippi, prólogo  (El secreto de la memoria) del profesor venezolano Freddy Castillo (“Descubrir fuera de España la excelente poesía de Santos Domínguez Ramos es descubrir que la mejor tradición de su hermosa lengua, no ha sido abandonada. Por el contrario, ha sido enriquecida”) y epílogo del editor Pasqualle Alegro (“El Canto de Santos Domínguez se orienta hacia un esplendor eterno. Asciende como honda plegaria. Procura una íntima conexión con las estrellas. Su paso acorta las distancias y nos deja un sonido. Primero, de voces. Después, de secretos murmullos.”)

Con mi agradecimiento a todos ellos, dejo aquí el enlace a la página de la editorial:

https://www.linkedizioni.com/product-page/un-canto-straniero-santos-dominguez-ramos

19 noviembre 2019

Campos Reina. Diario del Renacimiento



Ignoro si existe para mí el futuro, y, por ello, debo consagrarme a un presente que es lo que más amo. Porque sé lo que significa el dolor, también sé dejarme invadir por la vida. La felicidad es una quimera; pero no lo es la dicha de gozar como esos insectos patinadores de los estanques o los abejorros en primavera. ¿Qué importa que no haya un mañana para nosotros si disponemos de la inmensidad que nos brinda un día, del tránsito del sol desde que se levanta hasta que se pone?

Con esas líneas cierra Campos Reina su Diario del Renacimiento, tercero de los volúmenes incluidos en el estuche Parques cerrados, que edita Debolsillo. Lo fue elaborando mientras escribía su magnífica Trilogía del Renacimiento, publicada en la misma editorial y formada por las novelas Un desierto de seda, El bastón del diablo y La góndola negra.

Lo había empezado el 4 de marzo de 1989, a la vez que Un desierto de seda, primera novela de la trilogía -que en algunos momentos se planteó como tetralogía o cuarteto o como Trilogía de la Decadencia-, y dejó escrita esa última anotación el 14 de febrero de 2001.

Se trata de un diario discontinuo que es “el reflejo de la andanza, paralela en el tiempo, que va desde el principio hasta el fin de la redacción de la Trilogía del Renacimiento, de una etapa que nunca supe si podría rematar, y a la que he tenido la suerte de unir el díptico La cabeza de Orfeo (que integra las novelas Fuga de Orfeo y El regreso de Orfeo) iniciado y concluido entre el comienzo y la terminación del Diario del Renacimiento. En suma, las cinco novelas de la saga de los Maruján”, como señaló Campos Reina en la Breve reseña de mi vida que abre esta primera edición de unos materiales inéditos que son el testimonio de sus procesos creativos y de su relación con la escritura y la vida o con temas vertebrales en su obra, como el amor y la muerte. 

Porque si en esa última anotación hay una afirmación de la vida desde la conciencia de la muerte próxima, ya en la primera aparecía la angustia ante la muerte: 

La muerte es, sin duda, la responsable de todo. Desde que en 1986, el año del cometa, la vi tan cerca, se me ha perfilado el rostro. Mi cuerpo se ha descarnado, se ha deshecho de un sobrante y me ha dejado con las angustias que me acosan.

Recorre estas páginas su relación con el dolor y la enfermedad, la incertidumbre ante el acoso de su salud precaria, la reflexión sobre lo que lee, lo que ve y lo que escucha, la lucidez creativa del escritor consciente de que la primera novela de la trilogía “encierra ya mi universo literario” y determinado a que “en realidad toda mi carrera literaria se iba a resolver en una especie de radiografía de mi entorno, ampliado en círculos concéntricos.”

La soledad del campo en Las Quebradas, en Puente Genil, tan propicia a la escritura, y las ciudades -Málaga y Sevilla, Madrid y Barcelona, Viena y Florencia- son el telón de fondo sobre el que se dibuja la personalidad literaria y la actitud vital de un escritor que hizo de la literatura una constante afirmación de independencia que se resume en estas palabras: 

Es preferible ser un escritor marginal a un escritor bastardo. Tarde o temprano, la calidad halla su espacio y la mediocridad el suyo.

Se recupera así una obra imprescindible de la que forman parte también Dulces tormentos, otro estuche que reunía en tres volúmenes parte de su obra narrativa y ensayística, y La cabeza de Orfeo, un ciclo de dos novelas cortas y urbanas ambientadas en la Sevilla del franquismo.

18 noviembre 2019

Antonio Gamoneda. Esta luz. Volumen 2




17 noviembre 2019

El lunes existencial y el domingo de la historia



16 noviembre 2019

Versiones de Bashō






15 noviembre 2019

Poesía reunida de Manuel Alcántara






NIÑO DEL 40

Una luz por el parque y el pitido
de un barco que se fue, que se está yendo.
Una luz que conozco y que comprendo
y un barco que partió y que no se ha ido.

Palomas. Y biznagas que han querido
serlo para volar. También lo entiendo:
ser otro y ser lo que estuvimos siendo.
Acaso alguna lo haya conseguido.

Un tranvía de sol con jardinera
y en los Baños del Carmen gran carrera,
concurso entre sirenas y delfines.

No se estaba ya en guerra aquel verano,
mi padre me llevaba de la mano,
yo estudiaba segundo de jazmines.

Ese espléndido soneto cierra Este verano en Málaga, un libro de 1985, último de los que publicó Manuel Alcántara, que había iniciado treinta años antes su trayectoria poética con Manera de silencio, en el que se manifestaba como “un raro poeta sin prehistoria”, según decía Alfonso Canales a propósito de aquel primer libro.

Porque -añadía- “la obra publicada de Alcántara revela madurez desde su inicio, con acusada personalidad, dominio del lenguaje y abundantes hallazgos expresivos.” 

De ese dominio del lenguaje de esos hallazgos de quien sabía y declaraba que “la poesía aspira a que no haya una palabra baldía” dan cuenta las cuatrocientas páginas que recogen su poesía en Mar de fondo. Poesía reunida 1955-2018, que publica el Ayuntamiento de Málaga en su magnífica colección Ciudad del Paraíso en una edición preparada por Francisco Ruiz Noguera.

Las certeras palabras de Alfonso Canales las corrobora Francisco Ruiz Noguera cuando escribe en su Introducción que “en Manera de silencio está ya, en efecto, tanto en lo formal como en lo temático, la voz de Manuel Alcántara: sus señas de identidad expresivas y el repertorio de sus inquietudes.”

La memoria y el olvido, el amor y el tiempo, la identidad y el sentido de la vida son los temas que atraviesan una poesía existencial emparentada con José Luis Hidalgo y Blas de Otero en la que coinciden el personaje poético y el escritor, reunidos en la primera persona confesional que recorre toda la obra poética de Manuel Alcántara, un poeta que se mueve entre el registro clásico del soneto y el tono neopopularista del arte menor y la soleá pasando por algunos ejercicios de series libres de versos asonantados. 

Y por encima de esa variedad métrica, el ritmo cuidado, ligero o solemne, de los versos, un extraordinario cuidado formal, una conciencia aguda del lenguaje -“yo sé que las palabras son una cosa muy seria”- y una concepción de la  poesía como forma de conocimiento de sí mismo y del mundo, como una manera de afrontar el vértigo del tiempo y de “escribir las memorias de mi olvido.”

Tras Manera de silencio vinieron otros libros de Manuel Alcántara como El embarcadero, de honda conciencia de la temporalidad, los poemas geográficos y viajeros de Plaza Mayor o la magnífica madurez creativa de Ciudad de entonces, al que pertenece este poema:

SONETO PARA ACABAR UN AMOR

He quemado el pañuelo por si acaso
se pudiera tejer de nuevo el lino.
Le sobra la mitad del vaso al vino
y más de media noche al cielo raso.

Tenía que pasar esto. Y el caso
es que estando yo siempre de camino
y estando tú parada, no te vi y no
me ha cogido el amor nunca de paso.

Puede que salga a relucir la historia
porque nunca se acaba lo que acaba,
que se queda a vivir en la memoria.

Echa a andar el amor que te he tenido
y se va no sé dónde. Donde estaba.
De donde no debiera haber salido.

A su último libro, Este verano en Málaga, pertenecen estas soleares que son una muestra de la soltura con la que se mueve en ese registro:

Al mar no le importa nada: 
ni las olas, mar adentro, 
ni la arena de la playa. 

Bastante le importa a él 
que me tenga que morir 
y que me llame Manuel.

Con Este verano en Málaga se cerraba una andadura a la que se sumaron algunos poemas que quedaron fuera de sus libros y que se recogen al final de esta edición de su poesía reunida. 

Una poesía cuyos rasgos esenciales ya estaban prefigurados en el segundo de los textos de Manera de silencio, titulado Biografía. Es uno de los mejores poemas de Manuel Alcántara y termina con estos versos:

Unas pocas palabras me mantienen:
duda, esperanza, amor... Siempre me pierdo...
Amor, duda, esperanza... Siempre vienen...
La ilusión, si la he visto, no me acuerdo.

Lo mejor del recuerdo es el olvido...

Málaga naufragaba y emergía...

Manuel, junto a la mar, desentendido;
hubo una vez un niño en la bahía.

Y hay un hombre de pie sobre mis huellas
indefenso y sonoro, a ras del suelo,
que se irá mientras hacen las estrellas
propaganda de Dios allá en el cielo.

14 noviembre 2019

Anotaciones a la poesía de Claudio Rodríguez




13 noviembre 2019

Wislawa Szymborska. Poesía no completa


12 noviembre 2019

Poesía completa de Ernesto Cardenal



La Editorial Trotta culmina la publicación de la Biblioteca Ernesto Cardenal, en la que ha ido apareciendo la obra completa del poeta nicaragüense (Granada, 1925), con un espléndido volumen que reúne su Poesía completa en una edición preparada por María Ángeles Pérez López, autora de un magnífico estudio preliminar en el que afirma que la poesía completa de Ernesto Cardenal “va modulando diversos acentos y tonalidades que brindan, de modo muy original y en riquísimo diálogo con la tradición (las tantas tradiciones a las que interpela) una visión integral de lo humano que no excluye ninguno de sus perfiles: junto al poeta hallamos al historiador, al antropólogo, al místico, al revolucionario, al que, en conjunto, aspira a nombrar una verdad individual y colectiva cuya raíz es el amor. Cuando en 2012 recibió el Premio Reina Sofía, afirmaba la unión de poesía y amor como absolutos. 

Por otro lado, su Poesía completa permite advertir la evolución del autor, que va abriendo paso en los últimos años a cuestiones científicas y cosmológicas frente a los grandes proyectos históricos y políticos de los sesenta y setenta con los que se sintió identificado, que revisa críticamente en tanto su carga totalitaria y hegemónica ha sido padecida con rigor. Y en el presente, abre hacia el espacio del cosmos el abrazo que su obra ha deseado brindar desde el comienzo.” 

Una obra torrencial que desde los Epigramas iniciales hasta el más reciente, Hijos de las estrellas, está jalonada por libros como Salmos, Oración por Marilyn Monroe y otros poemas, Coplas a la muerte de Merton o Cántico cósmico, que cumple ahora treinta años y que en palabras de la editora es “sin duda el proyecto más ambicioso de la obra cardenaliana.” 

Como el posterior Telescopio en la noche oscura, en donde llega a su plenitud ese itinerario místico  o el ya mencionado Hijos del universo, Cántico cósmico responde al impulso cosmológico que recorre sus últimos libros y propone al lector una mirada peculiar a la realidad con una mezcla de ciencia y religión, de física y mística en los versículos de sus cuarenta y tres cantigas.

Este es un fragmento de la Cantiga 7, titulada El cálculo infinitesimal de las manzanas: 

No somos átomos tan sólo, o somos átomos 
con una sed de ilusiones infinita. 
         Átomos que se besaron bajo los álamos. 
                    De los álamos vengo, 
átomos, madre, que no quieren morir. 
La semivida del átomo que hoy es y mañana no es. 
Según la teoría de Prosser: 
                   todo está en todas partes 
aunque sólo aparezca en un punto particular. 
         (Cada vez más parecidas física y mística.) 
O según Bohm: el universo entero está en cada una de sus partes.
Y la muerte por qué temerla.
Al morir uno, muere sólo lo que no es uno.
A lo mejor la materia está compuesta de una sola partícula con varias apariencias
        (¿no vio San Benito todo el universo en un rayo de sol?)
y todas las conciencias conforman una sola conciencia
siendo todo el universo una materia con conciencia.
Se dice que ninguna teoría explica por sí sola todo el mundo real
salvo una basada en una partícula hipotética llamada...
Pero yo te digo, muchacha, tu cabellera de ahora, tus ojos negros,
se comportan de una forma cooperativa,
obedecen a un plan determinado. 
Un "extraño elemento subjetivo en el mundo físico", según Davies.
O que el libre albedrío se inmiscuya en el micromundo. 
       Una especie de dominio de la mente sobre la materia.
               ...y revaluar el concepto tradicional de realidad.
Materia somos pero no todo materia.
A no ser que hablemos algo así como de materia espiritual.


Cierra el volumen un texto en el que Luz Marina Acosta afirma que Ernesto Cardenal es hoy un “místico cósmico”, “el monje que cree que mentir es robarle la verdad a la palabra, el contemplativo, el que ha luchado por tener su propio espacio de intimidad con Dios, el que se revela terco labrador de utopías e impaciente contra la injusticia, el que rompió con el partido por el que luchó cuando se dio cuenta [de] que habían perdido la ética. 

Su poesía es la rebeldía liberadora y a sus noventa y cuatro años conjuga la física cuántica y el cristianismo demostrando que el universo es una unidad: ‘todo conectado con todo’.”