15 junio 2024

Rafael Morales Barba. Guardia nocturna


 

14 junio 2024

Las guardas, de Javier Sánchez Menéndez


 Julio Mariscal Montes

Los mejores poemas de Julio Mariscal Montes (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1922-1977) permanecen inéditos. Los herederos deberían consentir que lo magistral y más sublime del poeta de Arcos saliera a la luz. Es como una larga sombra que planea sobre la obra de Julio.
Arcos de la Frontera es un municipio donde la poesía se afianzó gracias a los versos de un joven que mantenía buena relación con escritores y una intensa actividad en las revistas literarias. Sus allegados, y también poetas, descubrieron que la poesía de Julio era capaz de oscurecer las propias. Y, aunque le alababan en público, a hurtadillas taponaban una creación que respiraba verdad y pureza.
No logro descifrar la diferencia entre la buena voluntad manifestada y las zancadillas que le propinaron durante toda su vida. Las lágrimas y el llanto eran de cocodrilo, y el conocimiento escaso. Los mejores versos de Julio Mariscal siguen sin ver la luz. Un error que debe corregirse. Aunque antes se tenga que poner en su sitio a más de uno con la simple lectura. Aquellos que dificultan y empañan la obra de Julio deben leer a Julio. Pero deben leerlo sin considerarlo un enemigo, admirando los poemas con el propio amor que el poeta siempre manifestaba.
Corral de muertos,  primer libro publicado en 1953, deja sentadas las bases de su cátedra poética. Nos dice el poeta "para que se cumpliera tu hermosura". Y la hermosura se culminó en libros posteriores, en Pasan hombres oscuros  (1955), el poeta desvela su deseo: "Y desde aquí me supe, / abrazado a tus ojos para siempre, / que el quererte era más que una moneda / lanzada al 'cara o cruz' del desearte".
Desde que falleció Julio Mariscal allá por el año 1977, en Arcos de la Frontera dejaron de existir los poetas, no hay más poetas que Julio, cuya sombra sigue vagando por la calle Corredera.

Ese artículo, que apareció el 5 de octubre de 2013 en Cuadernos del Sur, suplemento literario del diario Córdoba, abre Las guardas, que publica La Isla de Siltolá, un volumen en el que Javier Sánchez Menéndez reúne una selección de sus colaboraciones en ese medio entre 2013 y 2024.

Casi un centenar de columnas en las que conviven, como en ese texto inicial, las grandezas de la literatura y las miserias del mundillo literario: de la ética y la estética en Ángel González y Nicanor Parra al magisterio poético de la pureza de Antonio Carvajal, de María Zambrano y su respeto a la palabra a los Diarios de Kafka, de la agonía de Fuentepiña “entre la desgana y el descrédito”, al poema fundacional de Parménides, transitan por estas páginas el negro de Cela y los premios, las ferias del libro y las autoediciones encubiertas, la feria de las vanidades literarias y la lucidez de Santayana y Luis Rosales o la denuncia de la crítica servil y de la impostura de personajes como Juan Cruz (“Hay que leer a Juan Cruz. Para bien o para mal hay que leerlo. Aunque solo sea para leer lo que no se debe leer”).

El lector se encontrará con afirmaciones como estas:

La literatura de verdad está por encima de los criterios, y de los registros, y de los tonos, y de las entrevistas. La literatura de verdad está por encima de los propios autores. La literatura auténtica comenzará a ser Literatura después de que, al menos, hayan transcurrido 500 años.
***
El mundo literario apesta, pero además de atufar, contagia. Es aquello de escribir para triunfar.
***
La concesión de un premio literario debe ser un orgullo para el ganador, un trabajo bien hecho y neutral para los miembros del jurado, y una delicia para el lector. Todo lo demás es mentira.

O con esta frase, tanto más llamativa cuanto que el que la escribe es un editor: 

9 de cada 10 libros que se publican en España son basura, o lo que es lo mismo: 900 de cada 1000 libros publicados son eso, basura. Se han empeñado las editoriales, que se hacen llamar independientes, en presentarnos traducciones que precisan de un manual de entendimiento, de comprensión y hasta de justificación. Las otras editoriales, las multinacionales, solo publican basura, y no merecen el más mínimo comentario.


13 junio 2024

Don de la insolencia



Fue, en todos los sentidos, uno de los grandes protagonistas de su tiempo. Noble entre los nobles, caballero entre los caballeros, poeta entre los poetas, donjuán entre los donjuanes de palacio, tahúr entre los tahúres de burdel. Tan exquisito en el vestir como insidioso en el hablar y el escribir. Tan arriesgado como apasionado en los dormitorios ajenos. Tan hábil como excesivo con los naipes. Tan gallardo montando a caballo como implacable alanceando toros, hasta el punto de que inventaron para él, según se dice, la expresión «picar demasiado alto». Don Juan de Tassis y Peralta, conde de Villamediana, correo mayor del rey, escribió una auténtica leyenda en el Siglo de Oro. La leyenda de un caballero español cuya fama -de Flandes a Roma, y de Nápoles a París- traspasó de largo las fronteras del país en el que reinaron, sucesivamente, Felipe III y Felipe IV, sus protectores y, tal vez, sus bestias negras.
Los poetas le respetaban por sus sonetos. Los políticos le temían por sus sátiras. Las damas eran presa de su seductora galantería, al tiempo que de su carácter indómito y formidable. Y los reyes le pusieron coto. Con Felipe III fue desterrado de la corte, y a Felipe IV le acusaron de permitir, si no de urdir, su asesinato. Un crimen sangriento, en plena calle Mayor de Madrid, que resonó en toda Europa. Villamediana era el «tipo perfecto del noble español renacentista, de ingenio excelente, intrépido, lleno de todos los atractivos personales y fundamentalmente inmoral», en palabras de Gregorio Marañón.

Con esa primera aproximación comienza Don de la insolencia, la introducción a la vida y la obra de Juan de Tassis, conde de Villamediana, que Carlos Aganzo publica en Siruela.

Organizado en dos partes, la primera es un recorrido por la vida la peripecia vital y el carácter de Villamediana, por los orígenes italianos de su familia la condición pendenciera que heredaría de su padre, igual que el título de conde que le había sido otorgado por Felipe III en 1603 en pago por sus servicios en la negociación de la paz con Inglaterra; los primeros escarceos amorosos del joven donjuán, sus primeros sonetos y su vocación humanística, sus escándalos con mujeres de toda edad y condición social y civil, o su afán por destacar en la corte por su elegancia indumentaria, su ejercicio literario o como caballista en los juegos de toros.

Esa necesidad de llamar la atención, de asombrar y provocar es uno de los rasgos más característicos del comportamiento de Villamediana, que fue correo mayor del reino, tuvo problemas con el juego, con los maridos burlados y con sus versos satíricos. 

Se quitó del medio durante un tiempo y marchó a Nápoles con el conde de Lemos como miembro destacado de su corte literaria, pasó casi cinco años en Italia, donde adquirió fama como cortesano y prestigio como poeta. Allí conoció al gran Marino y cuando volvió a España se convirtió en el primer, casi único, discípulo de Góngora, que buscó su protección y lamentó su muerte en una conocida carta.

Rivalidades y endeudamientos, enemistades y ruinas que le ocasionaron destierros repetidos, expulsiones de la corte y reposiciones tras arrepentimientos efímeros que fueron el preludio de las insistencias en la sátira y en la provocación de quien tuvo como pocos el don de la insolencia.

“Atildado y enamoradizo, jugador y caballista, arrogante e insolente”, Villamediana fue gentilhombre de la reina Isabel de Borbón, con la que mantuvo una relación (“Son mis amores reales”) quizá más novelesca que real, igual que su posible bisexualidad. 

Lo mataron la noche del domingo 21 de agosto de 1622, en el pasadizo de San Ginés. Así lo narraba un desolado Góngora, amigo, maestro y protegido del conde, en una carta de 23 de agosto: “Mi desgracia ha llegado a lo sumo con la desdichada muerte de nuestro conde de Villamediana, de que doy a vuesa merced el pésame por lo amigo que era de vuesa merced y las veces que me preguntaba por el caballo del palio. Sucedió el domingo pasado a prima noche, 21 deste, viniendo de palacio en su coche con el señor don Luis de Haro, hijo mayor del marqués del Carpio, y en la calle Mayor salió de los portales que están a la acera de San Ginés un hombre que se arrimó al lado izquierdo que llevaba el conde, y con arma terrible de cuchilla, según la herida, le pasó del costado izquierdo al molledo del brazo derecho, dejando tal batería que aun en un toro diera horror. El conde al punto, sin abrir el estribo, se echó por cima dél, y puso mano a la espada, mas viendo que no podía gobernarla dijo: «Esto es hecho; confesión, señores», y cayó. Llegó a este punto un clérigo que lo absolvió, porque dio señas dos o tres veces de contrición apretando la mano al clérigo que le pedía estas señas, y llevándolo a su casa, antes que expirara hubo lugar de dalle la unción y absolverlo otra vez por las señas que dio de abajar la cabeza dos veces.”

“¿Lo mataron, como cantaban las coplillas, sus amores con la reina Isabel de Borbón? ¿Fueron sus despiadadas sátiras acerca de los que estaban en la cumbre del poder? ¿O asuntos más oscuros, como se ha especulado en nuestro tiempo? […] Fuera por el asunto de la reina, por la rivalidad del conde de Olivares, por el peligro que suponía la presencia de Villamediana en la corte, o por motivos que todavía desconocemos, lo cierto es que la mayor parte de los indicios terminan siempre conduciendo al Palacio Real”, afirma Carlos Aganzo, que resume en este libro su trayectoria “de los doseles a los burdeles. Y del lenguaje encendido del amor al no menos encendido lenguaje de la sátira” y resalta la dimensión literaria de una obra en la que “sus poemas de amor, por encima de sus escritos satíricos, son sin duda los que más se han seguido editando a lo largo de los años, y quizá los que constituyen su más valioso legado literario.”

Porque “bastarían -añade- los poemas amorosos y los satíricos del conde de Villamediana para que su nombre ocupara un espacio mucho mayor del que ocupa en la literatura española de nuestro tiempo.”

La repercusión literaria de su muerte quedó fijada en los epitafios que exaltaron la memoria de “quien el corazón tuvo en la boca”, como escribió Quevedo; del “Mercurio del Júpiter de España” que lloró Góngora; de la figura novelesca de la que dijo Lope al final de un soneto fúnebre que “su vida fue amenaza de su muerte / y su muerte amenaza de su vida.”

Tras el silencio del siglo XVIII, rescató su presencia el Romanticismo del duque de Rivas y varios poetas menores manosearon su fama con escasa fortuna. Gil de Biedma, Néstor Luján, Leopoldo María Panero o Bernardo Atxaga se han acercado a “su vida arriesgada, incierta y aguerrida, con todas las incógnitas que todavía permanecen y seguramente permanecerán abiertas sobre la verdadera autoría intelectual de su asesinato.”

Su irrepetible figura “nos sirve -como señala Carlos Aganzo- como retrato mayor de una sociedad, la de finales del siglo XVI y principios del XVII, extraordinariamente rica, vibrante y compleja en todos sus matices.”

“Los poetas y los cronistas de la época, así como los estudiosos posteriores -concluye Aganzo-, sólo han podido ponerse de acuerdo en una cosa: don Juan de Tassis fue uno de los hombres más eminentes de su época; un escritor que rompió todos los moldes, y un autor cuya leyenda es muy superior al conocimiento que ha quedado de su obra literaria.”

Y una amplia selección de su obra poética constituye la segunda parte del volumen, que reúne una buena muestra de sus poemas amorosos, satíricos, líricos y conmemorativos.

Como el soneto en el que da cuenta de la caída en desgracia de don. Rodrigo Calderón, que termina con estos tercetos intemporales:

Dicen que ya ve el rey y está dudoso, 
pues se deja morder de un perro blanco 
sin nunca echar de ver que está rabioso.

De bujarrones anda el año franco, 
no hay ladrón que no viva temeroso: 
esto hay de nuevo, y que el gobierno es manco.

12 junio 2024

Guía de lugares imaginarios


 

11 junio 2024

Teresa Langle de Paz. Un instante de verdad


 

10 junio 2024

Sbataisso. Escenas de Venecia de José María Álvarez

 


“Álvarez escucha en silencio el sonido de las aguas en la Laguna, y ese sbataisso delicado, el chapoteo de las góndolas amarradas en la dársena. La ciudad como una diosa coronada con ese vaho de Dios, sobre el que vela el poeta”, escribía hace diez años Alfredo Rodríguez en la Presentación de El vaho de Dios, la antología de poemas venecianos de José María Álvarez.

Y esa imagen sonora del Sbataisso de las góndolas que se bambolean en el Canal lo ha elegido también como metáfora de la ciudad y como título de la estupenda selección de Escenas de Venecia en prosa extraídas de las memorias Los decorados del olvido, de los diarios La sombra de la memoria y de las conversaciones reunidas en Exiliado en el arte o en Antesalas del olvido.

Encabezadas por citas de Museo de cera, estas escenas venecianas, agrupadas en tres movimientos -Venezia triunfante, Venezia opiácea y Venezia del amor-, se expresan en tonalidades distintas, pero las recorre una común mirada apasionada, sensitiva y reflexiva, que se proyecta, bajo la luz cambiante de Venecia, sobre el silencio nocturno y las nieblas del invierno, sobre el arte y la literatura, sobre la memoria y el deseo, sobre la belleza efímera y las ruinas del tiempo, sobre la persistencia del pasado en las fachadas con salitre y en las pinturas encendidas de los atardeceres adriáticos o sobre sus deambulaciones por un callejero laberíntico que es también un santoral barroco.

“Tan real es Venezia -afirma Álvarez- como una página de Borges, o como un cuadro de Rousseau. O todo es sueño.”

En esa mirada coherente a la “alegría sagrada” de Venecia se unen ejemplarmente la vida y la poesía, porque, como subraya Alfredo Rodríguez, José María Álvarez “ha vivido en Venecia largas temporadas y ha extraído de esa experiencia, sin duda enriquecedora, un sustrato biográfico y una actitud vital que se aunaban con los fundamentos en los que se ha ido sustentando y consolidando su itinerario poético y vital.”

Presencia y nostalgia de Venecia: palacios y puestos de pescado, estatuas y canales, iglesias y bares, música y pintura, San Marco y el Lido, la sombra de Pound en Ramo Corte Querini, el café Florián y la isla cementerio de San Michele, Vivaldi y Tiépolo, plazas y patios, puentes y cúpulas, cuadros y libros, Casanova y Verdi, Byron y Canaletto, la Academia y la Fenice, los capiteles del Palacio Ducal, Giovanni Bellini y Ruskin, Veronese y Canova, Tiziano y la Giudecca, Burano y Cannaregio, Torcello y la Piazzetta, Rialto y Palma el Joven, Giorgione y los paseos, el acqua alta y la magia de la luz, el luminoso esplendor de la Laguna y las profundas noches venecianas, la sorpresa de la belleza en cada esquina y el asombro del misterio: “Me viene bien esta paz que me da Venezia. Una paz de espíritu pero veteada por una constante disposición al asombro, a la admiración, al deslumbramiento.”

Y el daño irreversible del turismo de masas, la devastación del ruido y la suciedad, aunque “cuando Venecia haya sido arrasada, quedará en quienes la hemos podido ver; como decía Byron, la belleza en la memoria.”

Como en el memorable relato de Borges, esas líneas temáticas dibujan sobre el decorado barroco de Venecia el perfil del mundo vital y literario, ético y estético de José María Álvarez. Y con materiales como estos Alfredo Rodríguez ha compuesto en Sbataisso, como él mismo señala, “un libro vivo, un libro mosaico que nos da una idea de los mundos y obsesiones de un poeta cuya poesía tiene valor de verdad fuera de cualquier limitación temporal y supone muchas veces un acto radical de libertad, un gran tesoro literario.”

"Hay libros -explica Alfredo Rodríguez- que se preparan con una permanente sonrisa en los labios, una sonrisa etérea, como de felicidad, que nos aísla y fortifica.. Libros que no parecen suponer esfuerzo alguno en quien los  acomete y recopila, sino antes al contrario, complacencia y deleite, sumo gozo. Este es, sin duda, uno de ellos."


09 junio 2024

Una triste búsqueda de alegría


 

08 junio 2024

Mujica Lainez. Bomarzo


 

07 junio 2024

Rafael Cadenas. A Rilke, variaciones

 


06 junio 2024

Tedio y narración

 


«No hay nada más aburrido, más fatigoso que esas invenciones insulsas y rebuscadas», se quejaba molesto el poeta Joaquim Gasquet tras saber que Marcel Proust había recibido el Premio Goncourt en 1919 por su libro A la sombra de las muchachas en flor, el segundo tomo de su gran proyecto En busca del tiempo perdido. Es un «parfaitement ennuyeux» lo calificó el dramaturgo Robert Dieudonné e incluso Joyce, que consideraba a Proust «el mejor escritor francés moderno», reconocía que había que tener cierta paciencia para leerlo: la novela está «sobrecargada», decía (¡Joyce!), mientras Virginia Woolf, en cambio, la consideraba «un milagro» que la dejaba sin aliento. En cambio, la lectura del Ulises de Joyce la hacía sufrir como una «mártir»: «Nunca había leído un libro tan aburrido», llegó a decir de la obra que cambiaría para siempre la narrativa contemporánea. Pese a sus críticas, también ella exploraría lo banal creando una novela que, en la actualidad, ha llevado a algunos a plantearse si es más aburrido leer La señora Dalloway o mirar fijamente una pared blanca.


Inma Aljaro.
Tedio y narración.
Sobre la estética del aburrimiento en la narrativa: 
de James Joyce a David Foster Wallace.
Cátedra. Madrid, 2024.



05 junio 2024

Madrid. Historia de una ciudad de éxito

 



“Madrid es la capital del mundo más difícil de comprender, según uno de sus hijos ilustres, el escritor modernista Ramón Gómez de la Serna. ¿Por qué será? La ciudad es engañosa: los tesoros de Madrid son más amplios y profundos, su historia más abundante, su cultura más sofisticada, con más matices de lo que se ve a primera vista. Poca gente, por ejemplo, reconoce que es la única capital europea de fundación islámica. La ciudad es magnífica, pero no hace ostentación”, escribe el historiador australiano Luke Stegemann en “Una ciudad recordada, una ciudad imaginada”, que sirve de introducción a su magnífico Madrid. Historia de una ciudad de éxito, que publica Espasa con traducción de Ana Bustelo.

Su medio millar de páginas admirables y sus cuatro cuadernillos de ilustraciones proponen un intenso recorrido por tiempos y lugares del pasado y el presente que configuran la identidad histórica y cultural de una de las grandes capitales del mundo en el siglo XXI.

Porque una mirada extranjera y distante es a menudo la más adecuada para hacernos contemplar a nueva luz una realidad tan cercana que nos aleja del matiz y nos empobrece los colores potentes de lo próximo con el velo de la costumbre.

Pueblo. Imperio. Ciudad. Mundo. Esas son las cuatro partes en las que se organiza esta guía histórica y cultural, arquitectónica y literaria, social y pictórica cuya existencia se remonta a la prehistoria y a la Carpetania ibérica, un lugar donde “abundan la vida y el cobijo”, el animal y el agua, porque “una serie de ríos riegan esta región de forma abundante: unos nacen en las lejanas sierras del este, otros en las cercanas e imponentes montañas del norte. Aún no llevan nombres que conozcamos y reconozcamos, pero les aguardan nombres musicales: Manzanares, Jarama, Henares, Lozoya, Guadarrama, Guadalix, Tajo y Tajuña. Por el lugar que hoy es el centro de Madrid fluyen arroyos de menor caudal. Sus nombres futuros son igual de hermosos: Abroñigal, Fuente Castellana, Arenal, Butarque, Meaques, Cantarranas, San Pedro y Leganitos. El agua -en la superficie y en el subsuelo- será clave en el desarrollo de Madrid, tanto en el pueblo medieval como en la ciudad moderna.”

Apoyado en una sólida bibliografía bien seleccionada en la que conviven diversos tratados históricos con novelas como Tiempo de silencio, el Quijote, La busca, Tomás Nevinson o Fortunata y Jacinta, este ensayo describe el desarrollo de una ciudad irrepetible desde la Edad de Hierro al Madrid medieval (de 1194 es el primer uso documentado del topónimo actual), desde el amurallado Mayrit islámico a la compleja y poliédrica realidad de los Madriles, de la leyenda de la Almudena a las Cuatro Torres con las nieves velazqueñas del Guadarrama al fondo, del Madrid renacentista convertido por Felipe II en capital del imperio en 1561, de la medieval Santa María la Antigua al renacentista San Jerónimo el Real, de San Lorenzo de El Escorial, que “albergaba tanto a Dios como a la sabiduría humana”, a Aranjuez, de El Pardo a Valsaín, el Madrid a vista de pájaro en el magnífico plano que hizo Pedro de Teixeira en 1656 por encargo de Felipe IV, impulsor del Palacio del Buen Retiro, “la pieza central de una renovación cultural más amplia“, cuando “Madrid era una cosmovisión, un orden establecido, una dinastía, una estructura de poder estatal, una administración y un proyecto estético y cultural.” 

Del catastrófico incendio del Alcázar en la Nochebuena de 1734 al que asoló el lado oeste de la Plaza Mayor, de los Habsburgo (“erráticos, brillantes, desconcertantes”) a los Borbones, que, con un modelo fuertemente centralizador, querían “reformar Madrid y crear una Corte española siguiendo las líneas administrativas y estéticas de Versalles”, bullen en estas páginas Velázquez y Goya, Cervantes y Lope, Quevedo y Galdós, Mesonero Romanos y Martínez de Pisón, Umbral y Trapiello, Julio Llamazares y Muñoz Molina, Olivares y Godoy, los corrales de comedias y los Jardines del Campo del Moro, San Antonio de la Florida y el Palacio Real.

De la Corte del Rey Planeta a la del Hechizado y de ahí a los nuevos absolutismos, de la primavera de la esperanza ilustrada al invierno de la desesperación de la invasión napoleónica, del crecimiento de las la ciudad moderna entre el Madrid de 1759 al que llega Carlos III desde Nápoles al de 1975 que entierra una dictadura, de sus parques y jardines, del Manzanares a la pradera de San Isidro, de los modelos urbanísticos y arquitectónicos de Sabatini, Ventura Rodríguez y Juan de Villanueva al diseño de la ciudad lineal de Arturo Soria o la pintura urbana de Antonio López, de la metrópoli emergente de finales del XIX y el ensanche de los años veinte a la ciudad sitiada de noviembre de 1936, de Luis Candelas a los cafés de tertulia, del grupo del 27 a Madrid Río, de la Casa de Campo al Rastro, de la movida al mercado de San Miguel, del Paseo del Prado a la Galería de las Colecciones Reales, la historia de Madrid, una “hermosa Babilonia” en palabras de Luke Stegemann, es un paradigma y un resumen de la historia de España.
                                              
Y el intenso recorrido histórico y urbanístico, artístico, literario y gráfico que propone esta Historia de una ciudad de éxito rebasa los límites urbanos de un espacio en que conviven el orden y el desorden para mirar también a su entorno natural:

Desde sus cumbres nevadas del norte hasta las llanuras semidesérticas del sur, la provincia de Madrid contiene gran parte de la diversidad geográfica que se puede encontrar en la Península. Para el ojo moderno, parte de esta belleza natural se ha visto transformada por la intensa urbanización, la industrialización y la creación de las enormes extensiones de naves para las redes de distribución del comercio mundial. Sin embargo, a pesar de la compleja logística del transporte y del comercio modernos, y de la necesidad de albergar a cerca de siete millones de personas, Madrid sigue disfrutando de un rico entorno natural, con zonas silvestres que se ciernen sobre la provincia desde el norte y el noroeste. Y en dirección sur desde la capital sigue siendo posible, en apenas veinte minutos de viaje en tren, verse rodeado por el silencio largo y seco de las llanuras.



04 junio 2024

Miguel Primo de Rivera. Dictadura, populismo y nación

 



“Cuando en febrero de 1930 Primo de Rivera se sentó a escribir sus recuerdos sobre la Dictadura en París, el general jerezano comenzó una batalla sobre la memoria de su régimen que, casi un siglo más tarde, continúa librándose. Como no podía ser de otro modo, la pregunta planteada por Francisco Villanueva en ese mismo año de 1930, ¿Qué ha pasado aquí?, ha tenido diversas respuestas según el momento histórico en el que se han producido”, escribe Alejandro Quiroga en el capítulo que cierra con esa pregunta -“¿Qué ha pasado aquí?”- Miguel Primo de Rivera. Dictadura, populismo y nación, su espléndido estudio que publica Editorial Crítica sobre “un personaje complejo y contradictorio” cuya figura, como la de otros dictadores de la Europa de entreguerras, “no se pliega a una lectura lineal y está llena de incoherencias.”

Y a responder a esa pregunta se orienta este ensayo que desborda los limites de una simple biografía de Miguel Primo de Rivera (Jerez, 1870-París, 1930) para enmarcar su figura histórica y su controvertida dictadura en el contexto de un conjunto amplio de regímenes dictatoriales que se instalaron en la Europa de entreguerras, agravado en España por las consecuencias del Desastre de Annual. Como la figura compleja del dictador que lo encarna, ese periodo histórico está rodeado de luces y sombras, de contrastes y polémicas historiográficas. 

Ejercida desde mediados de septiembre de 1923 hasta finales de enero de 1930, la dictadura de Primo de Rivera supuso la caída del modelo político de la Restauración e impuso un modelo autoritario y populista de regeneracionismo y modernización que, más allá de su dimensión política, provocó cambios profundos en todas las esferas sociales y culturales del país.

“Quién y cuándo” titula significativamente Alejandro Quiroga la introducción de su estudio. Porque resulta esencial que el ensayo aborde tanto el quién de su biografía como el cuándo que enmarca su actividad política en un contexto histórico inestable que le permitió acceder al poder sin oposición y obtener el apoyo no sólo de la clase alta y la oligarquía económica, sino también de los sindicatos de clase, para acometer una modernización nacional de la industria y la electricidad, de las redes de saneamiento y el agua corriente, de las carreteras y el ferrocarril, de obras públicas y creación de escuelas.  

Populismo y nacionalismo fueron los ejes vertebrales de una acción política en la que desempeñó un papel fundamental la imagen del dictador como salvador de la patria. Y así Alejandro Quiroga desmonta esa imagen propagandística que mitifica al hombre providencial como una construcción política y cultural y reconstruye un retrato complejo del dictador. Un retrato en el que se entrelazan la vida personal, la imagen pública del dictador y su actividad política y en el que quizá estén de sobra los constantes juicios críticos de valor sobre la figura de Primo de Rivera:

El estudio de la vida de Primo de Rivera -se lee en la introducción-, como el de cualquier otro personaje, nos obliga a hacer un esfuerzo de contextualización histórica, a la vez que establecemos un diálogo entre el sujeto histórico estudiado y el presente desde el que lo analizamos. En las siguientes páginas adoptamos una perspectiva poliédrica que combina el estudio de la vida del general Primo de Rivera, su dictadura y la cuestión nacional. Frente a las interpretaciones tradicionales de nuestro personaje como un hombre ingenuo, sin una ideología clara e impulsor de una dictadura paternalista muy alejada del fascismo italiano, esta obra presenta al dictador como un político astuto, ambicioso y con muy pocos escrúpulos, que instauró en España un régimen nacionalista autoritario profundamente represivo y hondamente corrupto en la misma línea que otras dictaduras europeas de la década de los veinte. Es más, el libro muestra a Primo de Rivera como el inventor del populismo de derechas en España. El dictador fue el primer mandatario en presentarse como el líder mesiánico que llevaría a cabo la voluntad del pueblo, denunció a los políticos profesionales como élites corruptas que parasitaban la nación y utilizó historias inventadas como parte de su propaganda. Este libro es un estudio sobre un hombre, un tiempo y un lugar contradictorios, convulsos y complejos. Pero, junto a la España de hace cien años, este volumen también es un análisis del desarrollo histórico de varios factores clave de nuestra política contemporánea: el populismo, el nacionalismo y la corrupción.

Cimentada en una sólida documentación que se refleja en las cien páginas de notas y bibliografía, el ensayo organiza sus ocho capítulos en varios bloques temáticos:

Un primer bloque, que abarca los dos capítulos iniciales -“La forja de un rebelde sin causa (1870-1920)” y “La forja de un golpista (1920-1923)”-, propone un recorrido por la vida de Primo de Rivera desde su nacimiento hasta el pronunciamiento de 1923: sus circunstancias familiares, su trayectoria militar, la forja de su carácter y los acontecimientos bélicos y políticos que propiciaron su llegada al poder.

El segundo bloque se ocupa de la dictadura en dos capítulos -“El Directorio Militar (1923-1925)” y “El Directorio Civil (1925-1930)”- que diseccionan la política antiliberal, militarizadora y represiva, reformista y nacionalizadora de la dictadura primorriverista, que en principio se planteaba como un breve paréntesis constitucional de alcance temporal limitado que evitara la corrupción que acabó engendrando el sistema:

La mención en uno de los reales decretos redactados por Primo ese día 15 a que la Dictadura iba a «constituir un breve paréntesis en la marcha constitucional de España» y las declaraciones del marqués de Estella recalcando el carácter temporal de su régimen han llevado a muchos analistas a considerar que Primo dio el golpe de Estado pensando en una dictadura provisional. No obstante, en los momentos iniciales de su mandato, Primo fue intencionadamente ambiguo sobre cuál sería la duración del nuevo régimen y se reservó la posibilidad de seguir él al mando del «gobierno definitivo», una vez el Directorio Militar hubiera cumplido su función de acabar con la vieja política y que el país le hubiera dado los «hombres no contagiados de los vicios» del sistema de la Restauración con los cuales dirigir la nación.

Los capítulos siguientes abordan los rasgos más sobresalientes del régimen dictatorial: el caudillismo, la propaganda y el culto al líder como modelo de masculinidad nacional o la nacionalización de las masas, mientras que la caída y la muerte del dictador son los ejes del penúltimo capítulo, que relata el proceso de pérdida de confianza de Primo ante el rey y la creciente oposición de una parte importante del ejército, su dimisión el 28 de enero de 1930 y su exilio desde febrero en París, donde empeoró rápidamente su salud hasta su muerte el 16 de marzo.

Cierra el ensayo el capítulo titulado “¿Qué ha pasado aquí? Historia y memoria del dictador y la Dictadura”, que repasa el tratamiento dado por la historiografía a la figura de Primo de Rivera, el frustrado cirujano de hierro que reclamaba el regeneracionismo, y al sistema político derivado del golpe del 13 de septiembre de 1923. Así concluye ese capítulo:

La «revolución nacional» que prometió el jerezano se intentó conseguir con una retórica y unas políticas populistas innovadoras y modernizadoras que buscaban la integración de diversas clases en el ámbito discursivo y emocional, a la vez que se mantenían los privilegios de las élites socioeconómicas del país. Este populismo de extrema derecha estuvo encarnado en un personaje profundamente demagogo, que hizo de la mentira, la doble moral y la falta de escrúpulos elementos claves de su modus operandi político. Primo fue un hombre inteligente, afable, con una gran capacidad para leer correctamente el momento histórico y político en el que vivía, decidido a asumir riesgos en la vida y en el juego y capaz de mostrar compasión con sus enemigos. Primo fue, al mismo tiempo, un general vengativo, caprichoso y corrupto, un autócrata, con un profundo desprecio por la ley, dispuesto a ordenar el asesinato de enemigos políticos y decretar el bombardeo de civiles con armas químicas. Como bien sabía Primo, su dictadura fue fruto del contexto histórico de la Europa de entreguerras. El nacionalismo como elemento de integración social destinado a superar la conflictividad social, el ataque a las élites liberales, la represión del movimiento obrero y de los postulados democráticos y la adopción de discursos populistas fueron elementos comunes en las dictaduras contrarrevolucionarias de España, Italia, Polonia, Portugal, Bulgaria, Grecia y Yugoslavia en la década de los veinte.


03 junio 2024

Tiempo de libertad











 

02 junio 2024

Thomas Bernhard entre mujeres

 


Sólo puedo decir que, desde hace un cuarto de siglo, me relaciono exclusivamente con mujeres. No soporto a los hombres, ni las conversaciones de hombres. Me vuelven loco. Los hombres siempre hablan de lo mismo: de su profesión o de mujeres. Es imposible escuchar algo original en boca de los hombres. Las reuniones de hombres me son insoportables. Prefiero la cháchara de las mujeres. Para mí, las únicas relaciones provechosas han sido con mujeres. Después de mi abuelo, lo he aprendido todo con las mujeres. No creo haber aprendido nada de los hombres. Los hombres siempre me han puesto de mal humor.   Curioso. Después de mi abuelo, se acabó, ni un hombre más. Siempre he buscado protección y salvación entre las mujeres, que también se han mostrado superiores a mí en muchas cosas. Y además saben dejarme en paz. Yo puedo trabajar rodeado de mujeres. En cambio, sería totalmente incapaz de producir nada en un entorno de hombres.

Thomas Bernhard. “De una catástrofe a otra.”
En Las voces de Quimera.
Montesinos. Barcelona 2024.


01 junio 2024

Un corazón furtivo

 

Ponerse el traje de otro

A Josep Pla le gusta llevar la ropa de otros. No puede evitarlo. Desde muy joven, siente una notable incomodidad a la hora de vestirse. Su relación con la indumentaria, ya sea con la ropa, el calzado o los sombreros, es casi siempre problemática. Con frecuencia, el modo en que se viste causa extrañeza entre quienes están a su alrededor: o la ropa le va grande, o es anticuada, o va muy abrigado cuando hace calor o desabrigado cuando hace frío, o sus camisas están arrugadas o manchadas. 
[…]
Pla cultiva voluntariamente cierta estética de la negligencia, que consiste en mostrar una especie de indolencia en relación con su propia forma de vestir. Esta indiferencia o ambigüedad, la aparente despreocupación misma por su imagen, eso que en italiano se conoce como sprezzatura desde que el humanista Baltasar Castiglione acuñó el término en su libro Il Cortegiano (1528), transmite la actitud de alguien que se siente seguro de sí mismo y de sus posibilidades. Contrariamente a lo que podría parecer, esta actitud de disimular el esfuerzo, de fingir aquello que no se es como si todo fuese sencillo y natural, agrada a los demás. Pla es consciente de ello desde muy joven.
La ropa, que también posee una significación social, siempre lo constriñe. Prueba de ello es, en el caso de Pla, una insatisfacción profunda, íntima, difícil de definir. Da testimonio de alguien que no se siente bien en su propia piel. Que necesita cambiar de piel. Ponerse una segunda piel. Desdoblarse. Cubrirse. Vestirse y desnudarse, travestirse, disfrazarse. Ser otra persona para poder ser él mismo. O como si siempre hubiese sido un extraño para sí mismo. Esta insatisfacción, que corre por sus venas como si formara parte de él, se halla en la esencia de su vida y de su entera dedicación a la literatura.

Xavier Pla.
Un corazón furtivo. 
Vida de Josep Pla.
Destino. Barcelona, 2024.