10 julio 2020

Tres poetas flamencos







Caballero Bonald, Fernando Quiñones y Félix Grande, tres poetas autores de tres tratados imprescindibles sobre el flamenco.








En la segunda fotografía, al baile el Cojo Farina, de espaldas. Al toque Félix Grande ante un atento Fernando Quiñones.

Las dos fotografías son de 1971. Esta otra, lamentable y significativa, también es de ese año. En la Plaza del Tío de la Tiza comen las fuerzas vivas durante las llamadas Fiestas Típicas Gaditanas, mientras la gente (mujeres y niños) mira el espectáculo bajo la vigilancia de un guardia municipal.



09 julio 2020

Vuelta a Roma de Santiago Montobbio



Hace dos años justos reseñábamos aquí el libro Poesía en Roma, de Santiago Montobbio, que publica ahora en El Bardo su continuación, Vuelta a Roma, el diario poético de una segunda estancia en la ciudad del Tíber entre el 26 y el 31 de marzo de 2019.

El diario de una vuelta en decenas de poemas que dan cuenta del tránsito por la ciudad, sus monumentos y su vida cotidiana, porque

Roma es una vuelta, a Roma se vuelve 
siempre. La noche y el poema es un volver.

Lo cierra este poema:

LA VERDAD, LA VERDAD. LA VERDAD OSCURA. LA VERDAD
de los hombres. La verdad de ti, de mí, de 
todos. A través de Roma y de la poesía.

08 julio 2020

La ciudad y los perros



07 julio 2020

La seducción de las palabras





Aquella canción de los años setenta que la voz de Nino Bravo llenaba, una melodía tantas veces reinterpretada y reescrita, y empleada después en la publicidad, decía en su estribillo: “Libre, como el Sol cuando amanece, yo soy libre; como el mar. Como el ave que escapó de su prisión y puede al fin volar…”.
Libre ha de sentirse el ave que sale de su jaula. Y Libre se titulaba la canción. Millones de americanos y de españoles la habrán escuchado (en su día constituyó un gran éxito internacional), pero tal vez sólo unos pocos hayan reparado en la incongruencia del texto. “Libre, como el Sol…”. Porque de poca libertad goza el Sol, que ha de amanecer todos los días a unas horas fijas, que cumple su jornada laboral hasta la noche y no disfruta de ningún fin de semana festivo, ni de vacaciones en verano, que es precisamente cuando más trabaja. Tampoco el mar le aventaja mucho, “libre, como el mar…”. Porque el mar mide sus mareas también con un estricto horario que se prevé con gran precisión, y además siempre camina a expensas de la Luna.
Sin embargo, opera aquí el valor simbólico de las palabras para seducirnos con ese ambiente de libertad que el propio publicista quería evocar mediante esta canción, utilizada en 1999 y 2000 como sintonía de fondo para una oferta de teléfonos portátiles con los cuales el usuario podía moverse a su gusto por toda suerte de lugares y de tarifas.
En esta época que adora a la tecnología, en los años del gran desarrollo catódico, electrónico y telemático, la fuerza de la publicidad no reside principalmente en las imágenes, en los diseños modernos o la rapidez de las comunicaciones. Sigue estando en las palabras, recipientes repletos de pensamientos y de ideas, seductoras por su poder venido de lejos.
El Sol, el mar, los paisajes inmensos, la naturaleza entera, dan sensación de libertad aunque sigan unas reglas incontrovertibles. El ser humano identifica la libertad con los amplios espacios, tal vez llevado por el gusto ancestral de contemplar los paisajes inmensos desde una montaña, porque eso proporcionaba seguridad y capacidad de prevenir los ataques del enemigo, lo cual permitía proteger la libertad de la aldea. El Sol, por ello, es libre también, porque nos mira desde allá arriba. Y el mar, por su parte, lo refleja y lo repele, y al llegar la tarde lo engulle. Identificamos libertad y hermosura, libertad y grandeza, libertad y espacio, libertad y poder.

 Álex Grijelmo.  
La seducción de las palabras.
Taurus. Madrid, 2019

06 julio 2020

Nabokov. Pnin



05 julio 2020

Lezama, exflaco y gordo eventual


Soy un exflaco. Anótelo ahí. Y soy un gordo eventual, porque me lamerán los gusanos del polvo enamorado. Anótelo ahí también.[...]
Por el agua del mar ¿no? anda Moby Dick, la ballena pálida y picapleitos, mi parigual, dándose frescazos, dándose bañuras literarias. [...]
Hundirme y tragar agua no es mi destino en brazos de la madre. Gustarme, me gusta. Gustarme, me encanta. Y de alguna manera esas aguas son mías, como yo soy de ellas. Pero el hombre no debe someterse manso a las leyes ordinarias, sobre todo cuando la razón o la sinrazón lo acompañan. Amigo, ¿qué haría yo en short o trusa, llevándole 150 kilos de carne al océano?

Félix Guerra.
Para leer debajo de un sicomoro.
Entrevistas con José Lezama Lima.
Letras cubanas. La Habana, 1998 

04 julio 2020

Un silencio plural



Apenas había puesto la mano en la puerta cuando advirtió el silencio que reinaba detrás de ella. A pesar de sus dieciocho años, sabía muy bien que aquel silencio no podía ser producido por una sola persona. Pero no se detuvo.


William Faulkner.
Luz de agosto
Traducción de Enrique Sordo. 
Alfaguara. Madrid, 2010.


03 julio 2020

Los asesinatos del obispo




02 julio 2020

Thomas Wolfe. Cuentos




01 julio 2020

Cioran. En las cumbres de la desesperación