27 julio 2016

Miguel Ángel Asturias. Trilogía bananera


26 julio 2016

Una oscura pradera me convida



Una oscura pradera me convida,
sus manteles estables y ceñidos,
giran en mí, en mi balcón se aduermen.
Dominan su extensión, su indefinida
cúpula de alabastro se recrea.
Sobre las aguas del espejo,
breve la voz en mitad de cien caminos,
mi memoria prepara su sorpresa:
gamo en el cielo, rocío, llamarada.
Sin sentir que me llaman
penetro en la pradera despacioso,
ufano en nuevo laberinto derretido.

Allí se ven, ilustres restos,
cien cabezas, cornetas, mil funciones
abren su cielo, su girasol callando.
Extraña la sorpresa en este cielo,
donde sin querer vuelven pisadas
y suenan las voces en su centro henchido.
Una oscura pradera va pasando.
Entre los dos, viento o fino papel,
el viento, herido viento de esta muerte
mágica, una y despedida.
Un pájaro y otro ya no tiemblan.


Ese espléndido poema de Lezama Lima, opaco e inquietante en sus visionarias premoniciones de la muerte, es uno de los que forman parte de la edición de la poesía completa del maestro que publicará en octubre Sexto Piso
Será una inmejorable manera de conmemorar el cuadragésimo aniversario de la desaparición física de uno de los autores imprescindibles de la poesía en español. 
Su obra inmortal permanece.




25 julio 2016

Octavio Paz. La búsqueda del presente


La reflexión sobre el ahora no implica renuncia al futuro ni olvido del pasado: el presente es el sitio de encuentro de los tres tiempos. Tampoco puede confundirse con el fácil hedonismo. El árbol del placer no crece en el pasado o en el futuro sino en el ahora mismo. También la muerte es un fruto del presente. No podemos rechazarla: es parte de la vida. Vivir bien exige morir bien. Tenemos que aprender a mirar de frente a la muerte. Alternativamente luminoso y sombrío, el presente es una esfera donde se unen las mitades, la acción y la contemplación. Así como hemos tenido filosofías del pasado y del futuro, de la eternidad y de la nada, mañana tendremos una filosofía del presente. La experiencia poética puede ser una de sus bases. ¿Qué sabemos del presente? Nada o casi nada. Pero los poetas saben algo: el presente es el manantial de las presencias.

Octavio Paz.
La búsqueda del presente.
Discurso de recepción del Nobel, 1990.

24 julio 2016

Levante en el Estrecho



LEVANTE EN EL ESTRECHO

Toda la noche ha estado
soplando un viento largo y estéril, que arrastraba
la simiente calcárea y litoral del lirio,
la raíz del temporal y el cardo del desierto
o el esqueleto leve de un pájaro de sombra.

Sólo cuando se para
se atreven a ladrar los perros asustados
contra el recuerdo agudo del aullido o el pánico.

Toda la noche ha estado
silbando entre las hojas de los cañaverales
y el arco planetario de este cielo sin luna,
clavando sus agujas en la piel de los sueños,
hiriendo pertinaz los cristales opacos.

Venía de levante, de donde viene todo
lo que flota en el aire,
lo que arrastra la arena innumerable,

lo que no tiene nombre, lo que vive en el agua.

De La vida navegable.
Antología marina.
La Isla de Siltolá. Colección Arrecifes.
Sevilla, 2014.

23 julio 2016

Mentira y memoria



No sin razón se dice que si alguien no siente su memoria lo bastante firme, no debe meterse a mentiroso. 
No ignoro que los gramáticos distinguen entre decir una mentira y mentir, ni que afirman que decir una mentira es decir una cosa falsa pero que se ha tomado por verdadera, y que la definición de la palabra mentir en latín, de donde procede la nuestra, comporta ir contra la propia conciencia, y por consiguiente atañe tan sólo a quienes dicen algo en contra de lo que saben. A ellos me refiero. Ahora bien, éstos o se inventan lo esencial y el resto, o disfrazan y alteran un fondo verdadero. Cuando disfrazan y cambian, si se les remite muchas veces a la misma consideración, es difícil que no se descompongan. En efecto, la memoria ha albergado antes la cosa tal como es, y ésta ha quedado impresa en ella por la vía del conocimiento y de la certeza. Por tanto, es difícil que no vuelva a presentarse a la imaginación y no desaloje a la falsedad, que no puede tener una base tan firme ni tan segura, y que las circunstancias del primer aprendizaje, introduciéndose a cada momento en el espíritu, no hagan perder el recuerdo de los añadidos falsos o espurios. En aquello que inventan por completo, dado que no existe ninguna impresión contraria que se oponga a la falsedad, parece que han de temer mucho menos el error. Aun así, también esto, por tratarse de un cuerpo vano e inconsistente, suele escapar a la memoria si no está bien asegurada.

Michel de Montaigne. 
Los ensayos.
Traducción de J. Bayod Brau. 
Acantilado. Barcelona, 2008.

22 julio 2016

Najwan Darwish. Nada más que perder


21 julio 2016

Milosz. La conspiración del silencio


Espero que me comprendan por escudriñar en la memoria como en una herida. Pero este tema no es diferente a mis meditaciones sobre la palabra realidad, con frecuencia mal utilizada pero siempre merecedora de estima. El lamento de la humanidad, los pactos más infames que los que conocemos por Tucídides, la forma de una hoja de arce, amaneceres y ocasos sobre el océano, y el sistema de causas y efectos (llamados Naturaleza o Historia), apuntan quizá, así lo creo, hacia otra realidad oculta e impenetrable, capaz de ejercer una poderosa atracción en la que habita la fuerza conductora central de todo arte y de toda ciencia. Existen momentos en los que creo descifrar el sentido de las desgracias que afligen a los países de la otra Europa, y este significado no es otro que el de concederles el papel de portadoras de memoria —en un tiempo en el que la Europa, sin adjetivos, y Estados Unidos, la están perdiendo gradualmente de generación en generación. 
Es posible que no exista más memoria que la de las heridas.

Czeslaw Milosz. 
La conspiración del silencio. 
Discurso de recepción del Nobel 1980. 
Traducción de Esperanza Vallejo. 

20 julio 2016

Ay de los criticuchos



¡Ay de los criticuchos cortos de entendederas! ¿Cómo iba a tener Johnson envidia del talento de ninguno de sus coetáneos? Tal vez nos llame la atención y sea de lamentar que su opinión sobre esta cuestión fuera la que en privado y en público manifestaba por igual, sin atenerse a lo que pensaran los demás, pero es pecar de superficialidad y es ante todo injusto acusarlo de haber manifestado algo que no pensaba.


James.Boswell.
Vida de Samuel Johnson. 
Traducción de Miguel Martínez-Lage. 
Acantilado. Barcelona, 2007

19 julio 2016

Virginia Woolf. Horas en una biblioteca



Comencemos por aclarar la antigua confusión que se da entre el hombre que ama la erudición y el hombre que ama la lectura, y señalemos cuanto antes que no existe conexión de ninguna especie entre los dos. El erudito es un entusiasta sedentario, concentrado, solitario, que busca en los libros en su afán de descubrir una determinada pizca de verdad, en la cual ha puesto todo su empeño y todo su corazón. Si la pasión de la lectura lo conquista, sus ganancias menguan y se le escurren entre los dedos. Por otra parte, un lector ha de poner coto al deseo de aprender ya desde el comienzo; si el saber se le pega, excelente, pero ir en busca del saber, leer de acuerdo con un sistema, convertirse en especialista, o en una autoridad, es algo que tiene todas las trazas de acabar con lo que preferimos considerar como una pasión más humana, una pasión por la lectura pura y desinteresada.

Virginia Woolf. 
Horas en una biblioteca. 
Traducción de Miguel Martinez-Lage. 
Seix Barral. Barcelona, 2016

18 julio 2016

Ewan Clayton La historia de la escritura



Que se pudieran usar menos de treinta signos para representar una palabra en cualquier lengua le parecería algo muy tosco a un escriba egipcio, acostumbrado a emplear centenares. Pero este primer alfabeto era utilitario y tenia que serlo. Este método alfabético tenía a su favor que era relativamente fácil de aprender, que se podía adaptar a la mayoría de las lenguas y que liberaba al comerciante del poder del escriba, ya fuese este del templo, real o militar. Uno podía llevar sus propios registros, podía dirigir sus propios negocios. Se sabe con seguridad que alrededor del 1700 a. C. los trabajadores semitas de las minas de Serabit el-Khadem (Sinaí) empleaban un sistema similar al de la inscripción de Wadi el-Hol; a partir del 1600 esta escritura protosinaítica aparece más al norte, en la zona sirio-palestina; y hacia el 1000 a. C. se uso en su forma fenicia para esculpir un verso protector alrededor de la tumba de Ahiram, rey de Biblos, una ciudad famosa por su comercio exportador de papiros, y de donde procede la palabra griega para designar el libro, biblios. 
Mi objetivo principal es contar la historia de la escritura en letras latinas, y es cierto que no todos los detalles de las idas y venidas de las escrituras alfabéticas y silábicas por el Mediterráneo oriental guardan relación con el avance del alfabeto hacia Grecia y después hacia Roma. Pero debemos tener en cuenta que es de esta escritura semicursiva de los fenicios –los cananeos que habitaban en la costa, en ciudades como Biblos, Tiro, Sidón, Beirut y Ascalón– de la que descienden todas las posteriores ramas de la escritura alfabética. La más importante fue la aramea, de la cual a su vez vinieron las familias hebrea, árabe e india. 
En contraste con la proliferación de formas a medida que el alfabeto se trasladaba hacia el sudeste, en su viaje hacia el noroeste había mayor convergencia. Al final, una sola versión del alfabeto llego a dominar la zonas que se extienden desde Escandinavia hasta el Mediterráneo. Fue el alfabeto que se difundió desde la ciudad de Roma. 

Ewan Clayton.
La historia de la escritura.
Traducción de María Condor. 
Siruela. El Ojo del Tiempo. Madrid, 2016 

17 julio 2016

El Bosco. Novela gráfica


16 julio 2016

Elytis. Para un arte solar



Es bueno que el artista contribuya al arte desde su experiencia personal y de las virtudes de su lenguaje; sobre todo, en épocas difíciles cuando debemos tener las perspectivas más amplias posibles.
No me refiero a la capacidad natural de percibir los objetos con todos sus detalles, sino al poder de la metáfora para conservar su esencia, y alcanzar tales estados de pureza que sus significados metafísicos aparezcan como una revelación.
(...)
Es como adentrarse en la realidad y metamorfosearla, labor que —a mi modo de ver— siempre ha correspondido a la noble vocación de la poesía, que no se limita a mostrar lo que ya es, sino lo que puede ser. Aunque este paso no siempre ha sido aceptado con respeto, quizás porque la neurosis colectiva no lo permite o el utilitarismo impide que las personas abran suficientemente los ojos.

Odiseas Elytis. 
Para un arte solar. 
Discurso de recepción del Nobel 1979. 
Traducción de Germán Villamizar.

15 julio 2016

Antonio Gamoneda. Niñez


14 julio 2016

Einstein y el arte de montar en bicicleta



Einstein fue un rebelde (o un «holgazán», según lo expresó uno de sus profesores de la universidad) que tardó nueve  años en iniciar su carrera docente después de haberse graduado. Y, sin embargo, en el legendario «año milagroso» de 1905, mientras trabajaba como empleado de una oficina de patentes, publicó cuatro estudios prodigiosos que revolucionaron la física. Creía firmemente en la verdad y en la estructura matemática de la realidad, pese a lo cual declaró que «la imaginación es más importante que el conocimiento». Además le encantaba tocar el violín. Valoraba mucho los placeres sencillos y sin pretensiones, hasta tal punto que prefería ayudar con los deberes a los niños del barrio que hacer la menor ostentación de su éxito. No obstante, se convirtió en una celebridad mundial, un ciudadano del mundo autoproclamado y un apasionado defensor de un Gobierno mundial. Era un cabeza de chorlito que olvidaba a menudo ponerse los calcetines o comer, pero eso no le impidió luchar incansablemente por la democracia, la igualdad racial y el pacifismo.
Socialista que abogaba por la libertad, solitario profundamente interesado en la humanidad, agnóstico que concebía el universo como una obra manual de Dios, Einstein fue la «persona del siglo» elegida por la revista Time y, en contraste, también la figura que inspiró a los personajes de E. T. y Yoda. En su lecho de muerte continuaba garrapateando ecuaciones.
Este libro trata sobre cómo el ciclismo nos ayuda a alcanzar el mismo equilibrio basado en la atención plena del que disfrutaba Einstein, y en virtud del cual era capaz de conjugar lo local, lo global, lo individual, lo social, lo creativo y lo práctico.
Así como Einstein ascendió a altas cumbres intelectuales y divisó maravillosas pautas que hasta entonces no se habían vislumbrado, la humilde bicicleta nos ayuda a elevarnos sobre nuestras agitadas vidas e ir conformando una visión más amplia del mundo y de los demás.

Ben Irvine.
Einstein y el arte de montar en bicicleta.
Traducción del inglés de María Corniero.
Siruela. Madrid, 2016.

13 julio 2016

La Gran Decepción




A pesar de los pesares, el Apocalipsis ha sobrevivido en una época marcada por la tecnología y el escepticismo. Pocas obras literarias, incluida la Odisea de Homero, pueden jactarse de haber interesado tanto durante tanto tiempo. Un caso célebre de esta durabilidad a toda prueba es el de William Miller, un granjero del siglo XIX que se hizo profeta y formuló una complicada serie de cálculos basada en una línea del versículo 14 del libro de Daniel: «Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas: después será reivindicado el santuario». Fechando estas palabras, por diversas razones, en el 457 a. C., y partiendo de que un día profético equivalía a un año, Miller llegó a la conclusión de que el último día sería en 1843. Algunos de sus seguidores refmaron los cálculos hasta establecer la fecha del 22 de octubre. Como aquel día no pasaba nada, se apresuraron a cambiar el año por 1844, para tomar en cuenta el año cero. Miles de fieles milleritas se juntaron a esperar. No es imprescindible compartir sus creencias para entender su mortificante desencanto. Un testigo escribió lo siguiente:

“Confiábamos en ver a Jesucristo con todos sus ángeles santos… y en que llegaran a su fin todas las pruebas y tribulaciones de nuestro peregrinaje terrenal, siendo nosotros llevados al encuentro de nuestro Señor, en su venida… así esperamos a Nuestro Señor hasta que a medianoche sonó doce veces la campana. Había pasado el día, y nuestra decepción se volvió certeza. En nada quedaban nuestras más profundas esperanzas. Nos acometieron tales ganas de llorar, que no las habíamos tenido iguales. Ni siquiera la pérdida de todos nuestros amigos terrenales parecía comparable. Lloramos y lloramos hasta que amaneció.”

Una de las maneras de superar la desilusión fue ponerle un nombre: la Gran Decepción, con mayúsculas, como tiene que ser.

Ian McEwan. El blues del fin del mundo



12 julio 2016

Cervantes. Poesías


11 julio 2016

Olga Bernad. Perros de noviembre


10 julio 2016

El tonto omnífico

Tonto
s. Persona que satura el dominio de la especulación intelectual y se difunde por los canales de la actividad moral. Es omnífico, omniforme, omniperceptivo, omnisciente, omnipotente. Fue él quien inventó las letras, la imprenta, el ferrocarril, el vapor, el telégrafo, la perogrullada y el circulo de las ciencias. Creó el patriotismo y enseñó la guerra a las naciones, fundó la teología, la filosofía, el derecho, la medicina y Chicago. Estableció el gobierno monárquico y el republicano. Viene de la eternidad pasada y se prolonga hasta la eternidad futura. Con todo lo que el alba de la creación contempló, tontea él ahora. En la mañana de los tiempos, cantaba en las colinas primitivas, y en el mediodía de la existencia, encabezó la procesión del ser. Su mano de abuela esta cálidamente cobijada en el sol puesto de la civilización, y en la penumbra prepara el nocturno plato del Hombre, moralidad de leche, y abre la cama del sepulcro universal. Y después que todos nos hayamos retirado a la noche del eterno olvido, él se sentará y escribirá una historia de la civilización humana.

Ambrose Bierce. 
Diccionario del diablo. 
Traducción de Aitor Ibarrola.
Alianza Editorial.  Madrid, 2011.

09 julio 2016

Antonio Hernández. Un fragmento




VERSIÓN DEL INCENDIARIO

Nunca me las di de maldito. Pero
me encantaba ir a mi aire, solo,
con un presunto carácter conflictivo,
con un carácter cuya cara
fuera la soberbia y fuera su cruz
la ternura, con un carácter embozado.
Y así me creé algunos enemigos
que intentaron hacerme la vida insostenible
como a la Fe se la hace la Razón.
En realidad debió de ser
porque ya de muy joven escribí
un libro deslumbrantemente cándido:
El mar es una tarde con campanas.
Y se dijeron: "No, no puede ser
que este ignorante adivine
el lunar de la emoción y la música,
la pulpa de la frescura, que este
estudiante sin título venga
a igualarse a nosotros, los
doctos titulados superiores,
los elegidos por Dios o El Caudillo…”
Etcétera, etcétera, etcétera.
Y desde entonces soy una fábrica
de dar disgustos, y desde ahora,
desde que en ocasiones célebres
resucito en la prensa con grandes
migajas, ya se resignan, ya
se conforman y dicen: “Más vale olvidarlo,
su suerte es evidente.” Ya no tengo
enemigos, ya se me han muerto todos,
así que a aburrirse tozudamente
tocan con tanto cadáver, con tanto
cataléptico dimitido,
con tanta momia resignada
que dudarán si asistir a mi entierro
cuando me muera, por ver si los ponen
en los periódicos o en la Tele.


De Viento variable. Calambur. Barcelona, 2016

08 julio 2016

Poe. Poesía completa


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