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28 agosto 2026

Un verano con Montaigne



 Los libros son compañeros siempre disponibles. Vejez, soledad, ociosidad, aburrimiento, dolor, ansiedad: no hay ningún mal ordinario de la vida al que no puedan aportar remedio, a condición de que esos males no sean demasiado lacerantes. Los libros atenúan las preocupaciones, ofrecen un recurso y una ayuda.
Con todo, se puede adivinar una pizca de ironía en este retrato halagüeño de los libros. Estos no protestan jamás, no se rebelan cuando no les hacemos caso, a diferencia de las mujeres y los hombres de carne y hueso. Los libros son presencias siempre benevolentes y ecuánimes, mientras que los amigos y las amantes son de humor cambiante.
En los albores de la Edad Moderna, Montaigne es de los que, con su elogio de la lectura, mejor anunció la cultura de la letra impresa. En un momento en que tal vez estemos a punto de abandonarla, es bueno recordar que ha sido en los libros donde los hombres y las mujeres se han conocido y reconocido durante siglos en Occidente.

Antoine Compagnon.
Un verano con Montaigne.
Traducción de Núria Petit Fontserè. 
Paidós. Barcelona, 2014.